Senkiala

@avellana.bsky.social

Contenta me tienes.

No lo sabré hasta el final, si el mejor o el peor verano. Pero el mejor regalo de cumpleaños hasta ahora, ver a mis padres yéndose en su scooter, agarradita mi madre a la cintura de mi señor padre. Míralos, como dos chavalillos de dieciséis y hasta de setenta años.

R

De aquel amor de mi vida ya casi no me acuerdo, sólo muy de vez e cuando, y sin embargo, de aquella joven que no tenía ninguna pretensión de quedarse en mi memoria la recuerdo casi a diario porque encaja bien en mi nostalgia.

Cuando se me viene a la cabeza el universo y esas civilizaciones que habrá por ahí perdidas, más avanzadas que la nuestra, en continua búsqueda de vida entre millones de galaxias, y que puede que sientan frustración por no encontrarnos, yo siempre pienso: Son afortunados. ¡Corred, insensatos!

Se podrán invadir ciudades por turistas con su caminar caótico, playas por portadores de sombrilla en primera línea, bares por hambrientos que no admiten demora, carreteras por atascos épicos. Pero a nivel personal, no hay peor invasión que la de los recuerdos.

Estos días interminables de calor sofocante tengo la sensación de que el mundo se desmorona, de arenilla desprendida que deja una nube de polvo, de aire viciado, irrespirable, de grietas que se agrandan, de catástrofe inminente. Con el cansancio me pasa lo mismo. Y con las multitudes.

Tantas perspectivas como ángulos (algunos muertos), sus puntos de vista (también algunos fallecidos y otros ciegos), sentimientos encontrados que terminan apaleados (gana la emoción anestesiada), el recuerdo, el olvido, la fantasía, el autoengaño. La realidad es muy mentirosa.

He visto desde la ventana a un pobre gato tirado en la calle, como acostado pero un poco raro. He bajado pensando que esta tarde la pasaba en el veterinario en el mejor de los casos. La buena noticia es que no ha hecho falta ir. La mala es que no veo de lejos. Era una bolsa de basura. Está sana.

De pequeña tuve un patinete rojo que corría poco, quería más velocidad. Luego me regalaron unos patines de metal, pesados, lentos, quería más rapidez. Vino más tarde la bici, pequeña, con ruedines, y después sin ellos. Le sucedió otra bici más grande, más veloz. Y cuando no fue suficiente,