— Alzó entonces sus ojos, de aquel gris tan característico del firmamento del Norte, buscando los índigo con destello que solo era digno de aquellos ojos que miraban con amor. — Me habría muerto de pena si hubiera tenido que entregar mi cuerpo y virtud a él. Porque mi corazón jamás se lo entregaría.
— La estrechaba entre sus brazos con todo el amor que era capaz de mostrar. — Oh mi loba... Me habría vuelto loco si te hubieras casado con el Baratheon... Mi corazón sangraría de dolor.