Carlos (edición verano)

@cenmar.bsky.social

Licenciado en Derecho, casi técnico en integración social, aficionado al cine, los cómics, los videojuegos y las bandas sonoras. Vivienda, justicia social y salud mental. https://letterboxd.com/cenmar/ y https://backloggd.com/u/cenmar/

Qué maravilla el capitalismo tardío: ya hasta quedarse en casa porque viajar cuesta un riñón puede venderse como una tendencia apetecible. No tienes dinero para vacaciones, pero oye, puedes disfrutar de la inolvidable experiencia de encontrar aparcamiento en agosto.

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Sacar pecho de dejar a niños pequeños sin comer. Se pueden hacer muchos análisis sociológicos desde la más absoluta mesura , porque queda feo decir que ser votante de vox y ser una mala persona es lo mismo. Y fijaos que soy moderado, me he esforzado en decir malas personas en lugar de hijos de puta

Cuando salió CRIMEN FERPECTO me pareció una buena comedia, pero no el Álex de la Iglesia que me apetecía ver en ese momento. Ver hoy sus primeros 15 minutos es encontrar ahí dentro medio PANTOMIMA FULL, MUERTOS S.L y hasta una parodia de los Llados y todos los Walk Street bobos.

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Muy tentado de pillar el Duskfade que tiene una pinta chulísima, pero creo que voy a intentar ser paciente y esperar un poco. ¿Alguien que se haya animado me puede comentar qué tal el juego?

Este fin de semana, pierde una hora de tu vida con nuestra crónica del año 1493. http://www.lapaginadefinitiva.com/2026/08/10/1493-el-mundo-creado-por-colon-charles-c-mann/

1493: El mundo creado por Colón – Charles C. Mann

## 1493: El mundo creado por Colón – Charles C. Mann Por Carlos Jenal | Deja tu comentario » Hace unos añitos les deleitamos con un Sálvame Antropología sobre lo que opina la ciencia moderna de la América Precolombina. El libro era francamente bueno, así que ahora les traemos la secuela: un análisis de cómo cambió el mundo después del viaje colombino. Y el autor, Charles C. Mann, no ahorra en superlativos: el viaje constituye el comienzo del Homogenoceno, el periodo en el que el “imperialismo biológico” de los europeos homogeniza el mundo por primera vez desde que Pangea se rompió, probablemente porque el PSOE hizo de las suyas. Sin embargo, nos avisa, esto no es un análisis del origen del “sistema-mundo”, aunque sí de sus aspectos más importantes o -reflejos del periodista que Mann en el fondo es- más interesantes y llamativos. Es decir, un “he venido a hablar de mi libro, que trata de MI TEMA, que es el arco de bóveda de toda la Historia Universal”, y ya conocen mi política al respecto: pasable si está bien escrito (que lo está). **150 años no son nada** Mann nos invita a un viaje imaginario en el año 1641: apenas 150 años antes América era desconocida para los europeos, tenía quizás cien millones de habitantes, varios focos civilizatorios cachas, y un ecosistema propio. Ahora, es un continente despoblado por pandemias, colonizado por africanos (hasta 1700, el 90% de quienes cruzan el Atlántico son cautivos subsaharianos) y dominado por europeos. Su fauna ha cambiado radicalmente, e incluso su flora se ha transformado: la mortandad y la consiguiente reforestación de todo el continente han logrado bajar tanto la concentración de CO2 en la atmósfera que (junto con otros factores) se desencadena la Pequeña Edad de Hielo, con desastrosas consecuencias. La plata americana inunda los mercados europeos e incluso cruza el Pacífico para abastecer el enorme y sofisticado mercado chino. Desde Madrid hasta Manila, la gente se entrega a un nuevo vicio: el fumeteo (el Shogun en Edo detiene a 70 jóvenes de bandas fumadoras y prohíbe la práctica). Mientras, Europa se desangra en guerras atroces, alimentadas por dicha plata y también por nuevas cosechas como tomates y maíz, pero especialmente las patatas. Cosas tan “típicas” como el chocolate en Suiza, el tomate en Italia, las naranjas en Florida e incluso los pimientos picantes en Tailandia son otras consecuencias. Vamos, que al mundo ya no lo reconoce ni la madre que lo parió. Y todo empezó en Palos de Moguer. Una de las cosas que Mann siempre pone en primera plana son los paralelismos históricos con dilemas del presente. Por ejemplo, todas las discusiones sobre las ventajas/inconvenientes del libre comercio se ven reflejadas en ese pedazo de librecambio que fue el Intercambio Colombino, y cómo afectó a los implicados. O los ecos sobre la inmigración actual al oír a barberos españoles del XVII en la ciudad más grande de las Américas (Ciudad de México) quejándose de que los inmigrantes chinos están tirando los precios. Pero el principal foco del libro son las, digamos, “consecuencias biológicas”: por ejemplo, curiosamente, en Norteamérica no había lombrices de tierra, extinguidas durante la última glaciación. Son los europeos quienes las importan. Sin lombrices, las hojas de los árboles suelen quedarse en el suelo por años, pero las lombrices se las comen y generan un suelo (y una flora) completamente nuevo. Incluso la hierba americana ha tenido que ceder ante la africana (la primera crece desde la punta y la segunda desde la base de la hoja, con lo que el pastoreo afecta mucho más a la primera). Al mismo tiempo, los otros “ingenieros agrónomos” de la Costa Este, los castores, fueron cazados hasta casi su extinción. La llegada de la abeja europea (bautizada como “mosca inglesa” por los nativos), más “promiscua” que las nativas y dispuesta a polinizar cualquier tipo de flor que se le cruce, ayudó a que las nuevas plantas pudiesen prosperar. Y los colonos también importaron tres cuartas partes de todos los animales domésticos: las Américas solo habían domesticado perros, llamas, alpacas, conejillos de indias, el pavo y un tipo de pato. **Pocahontas S.A.** Mann es bastante generoso con los españoles. N0 por educación sino porque, como buen progre, lo suyo es cagarse en mitos locales. En este caso, la colonia de Jamestown, el primer asentamiento permanente de los británicos (en este punto todavía “ingleses”) en Norteamérica. Jamestown es un poco el Covadonga del facherío useño, por combinar todas sus mentiras y pajas mentales: que los colonos eran temerosos de Dios, que Dios les recompensó con una tierra “vacía” (o en su defecto poblada de indios tan primitivos que la superioridad tan manifiesta de los WASP les obligaba moralmente a tomar las tierras para civilizarlas), que ellos pusieron esa tierra en valor cultivando trigo y maíz, que todo lo montó una compañía de capital privado y no la iniciativa pública, y que se lo curraron mogollón. Y así, con trabajo duro, ahorro, empresa privada y capitalismo, especialmente con MUCHO trabajo duro, es como se construyó _The Land of the Free_. Si acaso, metemos una estampa costumbrista del primer _Thanksgiving_ y a la Pocahontas de Disney, y ale, ya tenemos el mito niquelado. Mann se dedica a desmontar paso a paso este mito y estas pajas mentales. Para empezar, la colonia fue un absoluto fracaso durante años, continuamente en la cuerda floja, y en varias ocasiones estuvieron a punto de abandonarla. Tampoco llegaron “para cultivar la tierra”, el plan era encontrar un pasaje al océano Pacífico y comerciar con China, que es donde estaba la pasta. Cuando empezaron a cultivar algo (a regañadientes, porque un porcentaje elevado de los colonos eran miembros de la _gentry_ -hidalguillos, vamos- y eso de trabajar con las manos lo veían como indigno, y el recibir órdenes de un plebeyo bajito y feo como John Smith ya ni te cuento) no fue precisamente para comer, sino tabaco para lograr algún tipo de ingresos para su empresa. Es decir, a Dios rogando y a la gente con la nicotina enganchando. Y el MUCHO TRABAJO DURO lo realizaron trabajadores cautivos: siervos por deuda importados desde Inglaterra, y sobre todo esclavos (indios primero y africanos después). Estas gentes tan temerosas de Dios llegaron incluso a practicar el canibalismo y la necrofagia durante los primeros inviernos de hambre, y Dios desde luego no los bendijo demasiado porque un 80% de los primeros 7000 colonos que llegaron murieron en los primeros 12 años. No sé, igual Dios os estaba diciendo algo. Si la colonia no se extinguió fue por dos razones. Primera, que los indios murieron en números aún mayores que los inmigrantes paliduchos. Los indios para nada eran cuatro salvajes, sino bastante numerosos y organizados, la confederación Powhatan llegaba casi hasta los Apalaches y constaba de decenas de miles de habitantes. Y gracias a su estilo de vida y dieta, en general estaban bastante más sanos que los ingleses, que se maravillaban de su “gigantesca estatura” y sus “profundas voces”. Pero precisamente por la densidad de sus asentamientos las enfermedades importadas se propagaron como el fuego en un trigal manchego en julio. La segunda razón para la supervivencia de Jamestown es que la Corona inglesa pensó que, puesto que la gente no dejaba de fumar tabaco por mucho que se prohibiera, y además se lo compraba a los pérfidos españoles, mejor cultivarlo ellos mismos y además ponerle un impuesto guapo. Dado lo mucho que la gente se gastaba en tabaco (y posteriormente en azúcar), había un verdadero incentivo de estado para tener un asentamiento en un territorio donde este creciera bien, con los clérigos de la iglesia anglicana animando a la compra de acciones en los sermones. De modo que la Compañía de Virginia, con ese apoyo público detrás, no paró de mandar barcos y suministros a una colonia ruinosa, que se salvó cultivando tabaco. Tabaco inglés que era al tabaco español lo que el crack a la heroína, pero que al ser más barato pudo dominar su mercado nacional: 40 años después, la Costa del Tabaco exportaba dos millones de libras de tabaco y algunos cultivadores tenían beneficios de un 1000% (no es una errata) sobre la inversión inicial. La Compañía, empero, no sobrevivió: tras la masacre de 1622, el rey revocó la concesión y Virginia pasó a ser una colonia de la Corona. Toma iniciativa privada. ¿Reyes chupando del bote en grandes corporaciones? Me pinchas y no sangro. **Anófeles y Aedes** Sin embargo, el cultivo de tabaco tuvo enormes consecuencias: para plantarlo, se talaron muchos árboles, lo que, combinado con una mala gestión hidrográfica y algunas sequías (y como la planta agota el suelo, al cabo de 3-4 años vuelta a empezar), dio lugar a la aparición de charcas estancadas bajo el sol – el hábitat ideal para el mosquito anófeles. Mann aquí nos sirve un largo análisis epidemiológico sobre el gran condicionante biológico-humano del Intercambio Colombino: la malaria, que además tendrá como consecuencia directa la importación masiva de esclavos africanos. La malaria viene en varias variantes, pero Mann se concentra en dos: la _plasmodium_ _falciparum_ y la _plasmodium_ _vivax_ , ambas transmitidas por el anófeles. La primera mata bastante, destrozándote por dentro en el proceso, la segunda mata menos, pero se vuelve crónica y te debilita que no veas, dejándote vendido ante otras enfermedades. Pasarla una vez no te da inmunidad para siempre, y cada brote puede durar meses. Incluso un siglo más tarde, de un europeo recién llegado no se esperaba mucha aportación durante el primer medio año, pues se asumía que tenía que pasar “ _the seasoning_ ” – el “acondicionamiento”, un primer brote de malaria. Un tercio de los niños y de los recién llegados morían antes del primer año, hasta que hacia finales del XVII se pusieron las pilas y lo bajaron a “solo” un 10%. Aterrador para nosotros, pero incluso saludable para la época: mucho más tarde, en el XIX, de los soldados británicos enviados al África Occidental solía morir cada año la mitad. Los registros históricos a veces son difíciles de interpretar, y se refieren a la enfermedad como “fiebres terciarias” (porque te duran tres días), otras veces como “çiçiones” (anotación del diario de Colón, una hermosa palabra definida en el diccionario de 1611 como “fiebre que cursa con escalofríos, atribuida al viento conocido como Cierzo”), y el gran clásico que sin embargo no aparece hasta 1914: “paludismo”. Todas las definiciones aluden al aire viciado, que es de donde viene el nombre original: mal aire, del italiano “mal aria”. Evidentemente, el problema no es el aire, pero allí donde el aire está viciado por charcas estancadas que se calientan bajo el sol es donde el anófeles se siente en su casa. En el XVI, la malaria era endémica de Europa, no vino de África (de allí vendrá la fiebre amarilla). En Inglaterra, la desecación de los Fens ha creado zonas palúdicas enormes en East Anglia, habitadas por unos brutos de cuidado que cuando se les muere la esposa de malaria simplemente se van a por otra a zonas más salubres, y cuando esta se les muere a los dos años vuelta a empezar. Alguno entierra a veinte esposas y se ríe al contarlo. En estas regiones, cada diez años más o menos, un estallido epidémico se carga entre un 10% y un 20% de la población, cuando apenas un par de millas más allá están las zonas más saludables del país. Pues bien, de esta región se reclutó aproximadamente la mitad de los colonos originales, que casi seguramente se trajeron la malaria consigo. Igual de mortal, pero al menos con inmunidad de por vida, es la fiebre amarilla, transmitida por el mosquito _aedes aegypti_. Esta, en vez de fiebres, te causa sangrados internos que se acumulan en el estómago y te hacen vomitar sangre negra, además de causar ictericia, de donde viene el nombre. En África era una enfermedad infantil, en el Caribe se convirtió en un asesino de masas. También hizo del Amazonas, inicialmente un área de intensa población, una zona despoblada. La solución se la imaginan: esclavos africanos. Porque sin tener en cuenta estas enfermedades, económicamente la esclavitud no tenía sentido: un esclavo era mucho más caro que un trabajador europeo con peonaje de deudas (25 libras frente a 10 – el salario anual de un obrero en Inglaterra era de unas seis libras), y dado que el esclavo no tenía nada que perder era más fácil que se liara la manta a la cabeza y reventara a su dueño. El sirviente inglés, en cambio, esperaba convertirse él mismo en patrón y miembro respetable de la comunidad una vez pagado su pasaje, así que le interesaba ser visto como honrado y cumplidor. Pero dada la mortandad de los siervos ingleses, la esclavitud compensaba de sobra, ya que muchos africanos eran naturalmente inmunes a la malaria y habían pasado la fiebre amarilla. A partir de 1680-1700, el número de esclavos africanos en Virginia se disparó (precedido por algunas décadas usando esclavos nativos -que les vendían otros nativos-, pero que como se morían igual no fueron demasiado populares). En general, no es hasta el siglo XVIII que la presencia europea empieza a superar a la africana: la colonización, al principio, es más africana que europea. Pero, aunque hubo esclavitud en todas las áreas del continente -también en las sociedades nativas- solo hubo sociedades esclavistas (donde los esclavos eran mayoritarios, lo que llevó a ideologías supremacistas y brutales por parte de los colonos para mantenerlos a raya) en ciertas áreas, y fueron precisamente las áreas climáticas más tendentes al paludismo. Ni al norte de la Bahía de Chesapeake, ni al sur del Río de la Plata se crearon sociedades esclavistas. Las fronteras de la Guerra de Secesión las marcó el anófeles dos siglos y medio antes. A mi que me registren, solo soy el mensajero. Haber tomado quinina. (Incidentalmente, la malaria hizo fracasar un intento escocés de establecer una colonia en Panamá. El fracaso fue tan sonado y enterró tanto capital escocés, que cuando llegó Inglaterra y les ofreció compensar las pérdidas a cambio de una unión permanente con Londres, los escoceses dijeron que sí. Y así el Intercambio Colombino cambió el mapa de las Islas Británicas para siempre [aquí Mann igual convenientemente olvida una pequeña hambruna que mató a un 10% de la población escocesa y que igual importó más, pero tampoco vamos a criticar su entusiasmo con su tema].) **China** Por supuesto, no solo Europa y América cambian: también en China se notan los efectos. En el siglo XVI, China lleva 400 años de caos monetario. Las tradicionales monedas de bronce con el agujero cuadrado en el medio ya no sirven: el valor del bronce es tan bajo que obliga a llevar varios kilos para cualquier pago importante. Sucesivos intentos de resolverlo con papel moneda acaban en hiperinflaciones, y sucesivos emperadores repudian la moneda de su predecesor, regiones empobrecidas estallan en revueltas violentas, la gente sigue usando monedas de varios siglos antes, y la única solución más o menos funcional, la plata, es inviable porque las minas están agotadas. ¿Quién puede resolverlo? Pues dos vascos: Legazpi y Urdaneta. Ready Patxi One. Estos dos señores conquistan las Islas Filipinas y logran lo que Colón no pudo: el establecimiento de una ruta comercial con China. Con malos comienzos y matanzas por malentendidos, matanzas que además se repiten cada 20-25 años por histerias anti-chinas. Pero los unos codician los lujos asiáticos (seda y porcelana) y los otros están desesperados por tener plata, así que el comercio siempre se reanuda. Y como los españoles mueren como moscas de enfermedades tropicales, mejor mandar pocos y que los _expats_ chinos hagan todo el trabajo. Los chinos pagan el doble que cualquier otro socio comercial, y es más barato llevar seda china sobre dos océanos que fabricarla en España. Beijing limita la entrada de extranjeros, pero no puede evitar influjos. Madrid por su parte también quiere limitar el intercambio: prefiere plata contante y sonante a lujos que hay que comerciar, así que impone cuotas, limita exportaciones, e intenta que los comerciantes españoles formen un cártel. “ _El más temible adversario del galeón de Manila era la propia administración española_ ”, dijo el historiador Pierre Chaunu. Si continuó en marcha fue por la honra de mantener Filipinas y continuar la labor de evangelización de Asia. Y para no dejárselo a los holandeses, claro. Para eso se mandan los galeones que hagan falta. Sobre la cantidad comerciada, hay teorías para todos los gustos. Con los datos oficiales, habría sido una cuarta parte de toda la plata extraída, la cifra tradicionalmente aceptada, aunque hoy se asume un enorme contrabando que pudo llevar a China la mitad (del pecio del _San Francisco Javier_ , hundido en 1655 cerca de Manila, se han recuperado 1.180.865 pesos – el manifiesto de carga decía que llevaba 418.323). En realidad, este es un debate sobre quién era el sujeto activo y cual el pasivo en la inyección de plata hispanoamericana a la economía china. Es decir, un debate cargado políticamente, que les dejamos a ustedes en los comentarios mientras le decimos _Ni Hao_ a Abascal, caso de que esté leyendo esto. En cuanto al cerro rico de Potosí, me entero ahora de que ¡también estaba llevado por vascos! Un consorcio de empresarios vascos tenía en concesión las mejores minas, y dominaba el concejo municipal para librarse de pagar impuestos, haciendo piña mediante el uso de su [Mann _dixit_] extraño e incomprensible lenguaje, mientras explotaba a los nativos americanos. Aunque más mortal que el propio Potosí era la mina de Huancavelica, donde se obtenía mercurio, imprescindible para refinar la plata. Informes oficiales comentaban que al abrir tumbas de obreros fallecidos a veces solo quedaban charquitos de mercurio. Para los nativos era “la montaña que devora a los hombres”. Ambas ciudades rezumaban de violencia, y hasta pasados 50 años no nació el primer hijo de un europeo. En total, se estima que la América española extrajo 150.000 toneladas de plata, el 80% de la producción de varios siglos. Esta plata inundó el mundo, a menudo en forma de moneda sellada: el peso español, la primera moneda global fiable (si bien en 1640 un peso solo tenía un tercio de la capacidad de compra que un siglo antes), adoptada por muchísimos países por el sencillo procedimiento de estamparle un sello oficial a una moneda con la cara de algún Austria-Borbón. Monedas usadas en Sri Lanka, Birmania, Arabia, Zanzibar, Sudan, Timor, Tailandia, Bahrain o China. La plata que inunda Europa crea una “Revolución de los Precios”, una inflación desconocida hasta entonces. Menos conocido es que China experimenta una “revolución” similar – el influjo de plata es tan grande que pasado un siglo le da la vuelta a su supuesta baza ganadora, la estabilidad monetaria. Hacia 1640, un inocente detalle administrativo de un par de décadas atrás va a tumbar al Imperio del Medio: cuando se adoptó la plata como moneda, los impuestos se fijaron por el peso de la plata, no por su valor, con lo que el continuo influjo diluye la base fiscal. Al igual que en España, los pesos no se ajustaron a la inflación. Y como ya no existe la salida de imprimir más papel moneda, la dinastía Ming se encuentra sin blanca justo cuando llaman a la puerta los Manchúes e inician su brutal conquista de China, convirtiéndose en la dinastía Qing. Quizás sea exagerado decir que cuatro vascos entre Potosí y Manila tumbaron a los Ming y provocaron los millones de muertos de la subsiguiente guerra civil, pero no cabe duda de que el comercio del galeón impactó profundamente a China: gran parte de su industria se orientó a fabricar seda y porcelana para poder importar plata, y dicha plata cambió por completo su sistema monetario. En realidad, las cosas y los países están cambiando todo el tiempo, y China iba a cambiar independientemente de si los Reyes Católicos decidían financiar la empresa capital-riesgo del genovés o no. Pero el Intercambio sí definió la forma que tomó dicho cambio. **Hora de comer** Ya que estamos con ello, Mann dedica un capitulillo entero al efecto de las nuevas plantas. Alguno dirá que se pasa, pero quienes amamos la patata por sobre todas las cosas no podemos sino unirnos al coro. La patata ofrece mucho más rendimiento por hectárea, le afecta menos el frío en la tierra, los miembros de las FF.AA. del siglo XVII en el ejercicio de sus funciones no te pueden quemar la cosecha como hacen con el trigo, y quitando un par de vitaminas (que además puedes complementar con leche) te ofrece todos los nutrientes básicos. Irlanda triplicó su población a base de patatas y leche, la gente del común no comía otra cosa. Europa (y China, de hecho) experimenta una verdadera explosión demográfica con la llegada de estas plantas. Sí soy. En el siglo XVI llegan a China las batatas y el maíz (llamado allí “arroz de jade”), que permiten a la agricultura china salirse del arroz y su necesidad de tierras llanas junto al rio, y usar tierras altas más secas. Algo muy necesario cuando los Manchúes decidan acabar con sus problemas en las costas despoblando el territorio que ríanse ustedes del Gran Salto Adelante. Millones de refugiados tienen que asentarse en el interior, donde las mejores tierras ya están ocupadas. Por suerte, las nuevas plantas americanas les permiten asentarse en los altiplanos – donde, sin embargo, al ser meros inquilinos, tampoco tendrán demasiado cuidado con la sostenibilidad. Las laderas deforestadas son pasto de la erosión, y la vieja némesis de las civilizaciones chinas, las pertinaces inundaciones (“ _dos roturas de dique cada tres años, y un cambio de curso por siglo_ ”, como reza el dicho popular sobre el Huang He), se descontrolan más y más durante varios siglos. Añadan a esto que el fumeteo se convierte en un verdadero vicio (el humo también aleja al anófeles y protege así de la malaria, la medicina de la época lo simplificó a FUMAR SALVA VIDAS) y roba tierras al cultivo de alimentos, además de dejarlas exhaustas. Cuando tienes que alimentar a una cuarta parte de la población mundial con apenas un doceavo de la superficie agrícola, puede ser un problema. Otra faceta del Complejo Agro-Industrial Europeo (o “imperialismo biológico”, como lo llama Mann) es el descubrimiento del guano como abono. “Abono” es básicamente echarle nitrato a las plantas para que crezcan mejor. En realidad, siempre se ha sabido que la mie* mejora las cosechas, pero no es hasta que se descubre y comercializa el guano peruano que esto se convierte en una actividad industrial. Ante la costa peruana, hay un par de islas donde por obra y gracia de los Andes y de la Corriente de Humboldt no llueve prácticamente nunca. Al mismo tiempo, dicha Corriente arrastra nutrientes desde el fondo del mar que alimentan al fitoplancton que a su vez alimenta a la anchoveta que a su vez atrae a miles de cormoranes y otras aves, que anidan en las rocosas y desiertas islas ante la costa, a salvo de depredadores. El cormorán es un pájaro muy simpático – hasta que te enteras de que es una de las pocas especies que no se aleja del nido para cagar/mear. El resultado es que, pasados varios miles de años, las islitas esas acabaron cubiertas con capas de excremento aviar de la altura de un edificio de doce plantas. Contenido en nitrato: sobre un 11%. Espolvoreado sobre un campo, te triplica la cosecha. En el XIX, Perú empieza a comercializar esta _commodity_ , exportando 220.000 toneladas solo en 1845. Hay razones para creer que dentro de ese guano viajaba _phytophthora infestans_ , el tizón de la patata que causó la gran hambruna irlandesa. Todo gracias a unos emprendedores que -por decirlo suavemente- no van a ganar el premio al Mejor Jefe del Año. Trabajadores chinos importados en condiciones de semiesclavitud (y supervisados por esclavos africanos) laburan rodeados a todas horas de excrementos y con una mortandad atroz, mientras los emprendedores se pasean por Lima con ropa y carruajes franceses. Cuando estos lujos se publican en la prensa británica hay un escándalo ante lo que la gente percibe como “especular con una mercancía vital para la agricultura moderna”. Los intentos de aprovecharse y cobrar un precio injusto eran recibidos con la misma reacción de los cuñados de hoy cuando la OPEP decide que va a pedir 10$ más por barril (en cambio, que unos empresarios de Liverpool también estuviesen llevándoselo crudo -merced al monopolio de importación- pasa desapercibido). El guano peruano inicia una revolución agrícola en la que todavía vivimos hoy: sin fertilizantes, los granjeros europeos no podrían alimentar a sus poblaciones (y quizás los estadounidenses tampoco). Anecdóticamente, los Estados Unidos pasan una ley que les permite anexionarse islas guaneras sin más excusa que “un yankee la pisó”. Más de 100 se intentaron acoger a la ley. Nueve de ellas siguen siendo reclamadas por Washington. Que nadie le comente a Trump la existencia de las Malgrats, por favor. El Complejo Agro-Industrial trae consigo cosas como los monocultivos industriales, las consiguientes mega-plagas (el final del siglo XIX es el gran momento de todo tipo de bichos copando portadas), y el consiguiente ciclo “campesinos comprando pesticidas para salvar sus monocultivos, que al año no sirven y requieren nuevas versiones” que se repite hasta hoy. Igual es un poco exagerado atribuirle todo esto al Intercambio Colombino, pero Mann ha venido a hablar de su tema, así que le dejamos (e incluso nos tragamos un capítulo entero dedicado al caucho, a pesar de tener el tema ya trillado). Y termina con un simpático _deja-vu_ para una audiencia post-covidia: En 2009, mientras escribía este libro, el tizón de la patata destruyó la mayoría de patatas y tomates en la costa este de EEUU. […] Acertado o no, uno de mis vecinos atribuyó este ataque al Intercambio Colombino. Específicamente, acusó al tizón de haber llegado pegado a semillas de tomate vendidas en grandes superficies. “Esos tomates vienen de China”, dijo. **La LIBERTAZ** Les supongo informados sobre la fuente de la que la derecha actual deriva su superioridad moral sobre la izmierda: que ellos defienden la LIBERTAZ BERDADERA. Y parte indispensable de esto es proyectarlo al pasado, de formas ciertamente absurdas. En el caso de los fachas americanos, esto implica un cierto _jiji jaja, esta gente siempre da el coñazo con la esclavitud de nosequién_ , y en el caso de los fachas españoles, montarse unas pajas mentales de aúpa donde los conquistadores “liberaron” a los nativos y los bendijeron con muchas leyes muy buenas y sabias. Así que mientras Mann les da su cera a sus mitos locales, nosotros vamos a dársela a los nuestros. Empezando con que esa idea de “liberarlos”, aunque Abascal ahora te la venda como un proyecto de siglos, es una paja mental muy reciente importada de EEUU. Cualquier conquistador del XVI tenía clarísimo que de lo que se trataba era de llevarles la fe verdadera a los nativos y no la libertad (desde luego no la de conciencia), y comparado con ese tesoro, qué son unas poquitas jornadas de trabajos forzados en la Encomienda. En realidad, seguramente sigan pensando lo mismo, pero por cosillas del progreso y la democracia y tal, se ven obligados a recitar el ideario de la LIBERTAZ. En cuanto a las Nuevas Leyes de Indias, aunque efectivamente ofrecían buenas condiciones a los indígenas (al 20-30% que debía quedar vivo tras las primeras pandemias), pues permítanme otra anécdota histórica: cuando Largo Caballero fue nombrado ministro de Trabajo en 1931, en seguida empezó a hacer sus propias Leyes Nuevas para el trabajo en el campo, y llegó una delegación de trabajadores del campo a decirle, básicamente, _por qué cojones estás perdiendo el tiempo con leyes nuevas, compañero, si los terratenientes no se han molestado en cumplir ni siquiera las leyes viejas, y eso que prácticamente las habían redactado ellos mismos_. La recia tradición española de redactar leyes que se leen muy bien y luego no se aplican (excepto para el pobre, que a ese siempre le cae todo el peso de la misma) tiene en las Indias uno de sus más excelsos paradigmas. En fin, tampoco es que sean los únicos. Volviendo al libro, Mann dedica su buen rato a detallar la sorprendente mezcolanza étnica que se monta, una verdadera novedad (novedad para un anglosajón, los mediterráneos de mezclas ya sabemos un rato) en un mundo donde hasta entonces los africanos se quedaban en África, los asiáticos en Asia y los europeos en Europa. “Sorprendente” porque desafía mucha de la mitología establecida. Por ejemplo, seguramente les hayan contado que Vasco Núñez de Balboa (este, pese al nombre, no era vasco sino extremeño) “descubrió” el Océano Pacífico, o al menos la versión un poco más honesta “el primer no nativo de las Américas en ver dicho Océano desde su costa este”. Pues ni eso: en los mismos relatos del propio Balboa se encuentran abundantes referencias a asentamientos cimarrones (como se llama a los esclavos huidos) en Panamá. Así que el primer humano nacido allende el Atlántico en ver el Pacífico seguramente fuera un esclavo africano huido. Hablando de los cimarrones: frente a la idea de una población africana esclavizada sin remedio ni salida, Mann hace un repaso a las muy abundantes comunidades de esclavos fugados, algunas de las cuales establecieron verdaderos estados que duraron décadas e incluso siglos, como el quilombo dos Palmares en Brasil o San Lorenzo de los Negros en México. Palmares resistió varias campañas del ejército regular portugués y solo pudo ser doblegado contratando a otro _warlord_ brasileño. Otra docena o más de microestados lograron la independencia _de facto_. En algunos lugares, como en Vila Nova Mazagão (una colonia portuguesa trasplantada de su ubicación original en Mazagán, Marruecos), se mueren todos los europeos y las autoridades coloniales llegan a un “arreglo” con los esclavos: vosotros hacéis como que seguís siendo esclavos y vigiláis la frontera, y nosotros no nos metemos en como os gobernáis. También, la opción “joder al rival”: el infravalorado Carlos II, viendo a Florida relativamente indefensa frente a las colonias inglesas del norte, les ofrece la libertad a los esclavos huidos, a quienes asienta en regimientos de milicias para defender la frontera. Y por supuesto la gloriosa conquista de su libertad por parte de la única revolución exitosa de esclavos de la historia, la de Haití. Vamos: que hay una enorme historia ahí para contarla, de gentes luchando a brazo partido por su LIBERTAZ, de forma totalmente asimilable y desde una injusticia tan evidente que no se puede negar. Pero por alguna razón, los de la LIBERTAZ ANTE TODO prefieren inspirarse en otros modelos. Estas comunidades de esclavos huidos, llamadas “quilombos” en Brasil, persistieron durante siglos. Con criterio e inteligencia, sus habitantes no se fiaron del todo de la abolición de la esclavitud en 1888 y continuaron ocultos, tanto que a mediados del siglo XX el resto de Brasil los había olvidado, hasta que en los años 60 los milicos brasileños miraron el mapa, lo vieron todo “vacío”, y decidieron vertebrarlo todo con unas autopistas bien guapas atravesando el interior y conectando la nueva capital de Brasilia con la costa. Ahí Brasil se encontró de repente con 5000 asentamientos en la cuenca del Amazonas, ocupando un área del tamaño de Italia y sin títulos legales sobre una tierra a la que todas las multinacionales le habían puesto el ojo. La cosa, como se podrán imaginar, trae cola hasta hoy. Siguiendo con la mezcolanza, hay que añadirle el influjo asiático. Que no es pequeño: Ciudad de México (“la primera metrópolis global”) cuenta con su propio Chinatown, el galeón de Manila está tripulado al 60-80% por filipinos (aunque los españoles llaman “chinos” a todos los asiáticos), e incluso se reclutan mercenarios samuráis (una de las pocas excepciones a la prohibición de llevar armas a los no-españoles) para aplastar a los chinos en Manila y para apatrullar la carretera Acapulco-Ciudad de México-Veracruz. La más destacada mística cristiana del México de la época, Catarina de San Juan, probablemente nació en Lahore (Paquistán), antes de llegar a la Nueva España por vía de secuestros/piratas/esclavitud. En 1570, había tres veces más africanos que europeos en México (y el doble de mestizos). En 1640, el número de mestizos y mulatos era 28 veces mayor que el de europeos. ¡Y eso que Beijing está geográficamente más cerca de Roma que de Ciudad de México! **Valoración** Pues bastante bueno, pero sin llegar al nivel del primer libro. Quizás es porque el primer libro cuenta cosas que realmente no sabíamos, y este se limita a buscar explicaciones novedosas a cosas que ya sabíamos. En fin, la historia más vieja del mundo: un libro/película lo peta y nada, que vamos a secar secuela que lo peta seguro también. Lo que no quita que sea muy recomendable, especialmente porque Mann hace un esfuerzo para salirse del marco eurocéntrico y dar una imagen del impacto global del Intercambio Colombino. Que será exagerado decir que revertió la ruptura de Pangea hace 175 millones de años, pero sin duda es crucial para entender eso que llamamos Edad Moderna, en la que aún estamos metidos. **Compartir:** Tweet

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El cine “Famous Player” en Canadá se ha hecho famoso porque no recibieron el poster de “Spider-Man” y la solución la dio este empleado que dibujó su versión del poster de “Brand New Day” Necesitamos camisetas. Quiero dos ya.

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Cuando os dicen que en la escuela se burlan de los gordos no os dicen mentiras. Lo que no os dicen es que la burla (o las miradas de asco/desprecio) a los gordos no paran en la escuela. En tu entorno cercano, social, por la calle gente random. A veces te preguntas que tara tiene la gente que lo hace

otro cajón que abrir: cómo el poner límites ha pasado de ser una forma de dar herramientas a las personas vulnerables para que no se aprovechen de ellas a que el discurso lo adopten y lo deformen los más egoístas y lo usen para controlar y expulsar al ostracismo a esas mismas personas vulnerables

estaba hablando esto con una amiga disca el otro día y hemos coincidido en que el protege tu paz y pon límites de esta era es el mismo mirar para otro lado y preocuparte únicamente por tu vida de los boomers.

Babs@xladylazarus.bsky.social · last mo.

los cuidados son políticos y ahora mismo el discurso que hay respecto a ellos es lo más apolítico y neoliberal posible. el busca ayuda como consigna vacía pero el protege tu paz y no le debes nada a nadie como ideología

A ver si Bluesky hace magia: me gustaría saber si alguien que entienda de tarifas de luz puede ayudarme a utilizar comparadores o encontrar un contrato de luz mejor, pagamos muchísimo en el piso compartido y la dueña está dispuesta a cambiarla pero se la buscamos nosotros.

Bluesky, haz tu magia 🙏🏻 Estoy buscando piso para vivir en Barcelona, a partir de septiembre, LGTB-friendly. Máximo 800€/mes. Por favor, dadle RT a esto para que llegue a la mayor gente posible. Gracias de antemano 👌🏻