En tiempos de barbarie es bueno recordar un proverbio árabe que dice: «Quien no comprenda una mirada, tampoco comprenderá una larga explicación». Son estos momentos en los que resuena entre nosotros para no olvidar que la mirada del otro nos completa.
David Antonio Abanto Aragón
@davidabanto.bsky.social
Un lector curioso, interesado en todos los ámbitos y la amplitud del saber humanístico. «Homo politicus».
No debemos olvidar que, a lo largo de la historia, el empleo de fórmulas eufemísticas como «solución final», «tratamiento especial», «guerra preventiva» o «régimen híbrido» ha servido, y sirve aún, para disimular la realidad y borrar toda huella de la memoria.
A veces, debemos estar dispuestos a soltar la vida que planeamos para recibir la vida que nos espera. Nada tiene más fuerza que la vida en sí misma; esa que el verso de Benedetti llama «el trocito de hazaña que nos toca cumplir». Hoy, lo más revolucionario es vivir.
No deja de ser curioso que una de las maneras más naturales de desplazarse, el caminar (del latín vulgar «cammīnare»), pueda convertirse en la actividad más creativa porque es un modo de construir la identidad.
Hoy la herramienta de los mortales es la prudencia, es decir, la mesura (capacidad de dar medida) para pensar nuestra existencia. Frente a ella, la desmesura —y esto lo sabían bien los clásicos— es el comienzo de la tragedia que nos arrastra al fin de nuestra existencia.
Toda persona es un misterio (μυστήριον [mystḗrion]). En griego «persona» (del latín «persōna») designa «máscara» (πρὀσωπον [prósôpon] formada por προς [«pros»: delante] y ωπος [«opos»: cara], delante de la cara. No sabremos nunca qué historias se ocultan tras cada una.
A veces el pasado produce mayor inseguridad porque cada detalle, evento o proceso parecen haber estado yendo en una dirección que ahora se revela desconocida.
Debemos negarnos a aumentar el ruido en un momento tan importante en nuestra historia y cultivar la elegancia de saber callar. Callar viene del griego χαλάω (bajar, modular, hacer bajar). Hoy padecemos un exceso de declaraciones vacías.
A pesar de todo, hoy son más las razones para creer... seguir creyendo. «La noche nunca es completa» dice el verso de Éluard en su poema «Y una sonrisa».
En la era de la prisa, la inmediatez y el consumo acelerado; «Festina lente» (del griego σπεῦδε βραδέως, «speûde bradéōs»: apresúrate despacio) nos recuerda que en la vida el conocimiento, la reflexión y el disfrute requieren tiempo, calma y dedicación.
En un mundo obsesionado por la desmesura y el individualismo, las posibilidades de encarnación de la solidaridad y la esperanza están vivas aún. «Toco una mano y toco/ todas las manos de la Tierra» dicen los versos de Washington Delgado.
Uno es cuando existe también para los demás. Dice Ana Carrasco-Conde: «Por eso, según el mito de Narciso antes de ensimismarse en su propia imagen, su problema es que no “ve” a los demás». Nuestra existencia específicamente humana se da con el reconocimiento por parte del otro.
Siempre, o casi siempre, imaginamos el apocalipsis como algo repentino, rápido y ruidoso. Sin embargo, parece que el fin del mundo es lento, silencioso y ocurre inapelable entre la rutina cotidiana… como si nada.
Infinitas gracias a @irenevalmore.bsky.social por decir las cosas y por saberlas decir hoy como pocas y pocos. elpais.com/opinion/2025...
El olvido (en griego Λήθη, «lethe») es la cara negativa de la verdad (ἀλήθεια, «a-letheia», en griego), la memoria (en latín «memoria»: adjetivo «memor», el que recuerda, y el sufijo «–ia», usado para crear sustantivos abstractos) es su cara positiva.
Todo puede suceder. La historia no está escrita y no depende de leyes fatídicas, sino de lo que hagamos o dejemos de hacer. Por tanto, sería insensato sentirnos derrotados. Dicen los versos de Antonio Machado: «caminante, no hay camino/ se hace camino al andar».
Recomiendo mucho leer este artículo imprescindible de @acconde.bsky.social y dialogar sobre su contenido. elpais.com/opinion/2025...
Vivir por una causa justa es, quizá, lo más humano que podemos hacer. «Después, ya muertos, rodaremos,/ redondos y olvidados», escribe Ida Vitale en su poema «Invierno».
Aunque nada nos garantiza el éxito en las grandes innovaciones y los grandes conflictos en los que estamos embarcados, debemos ser capaces de establecer la naturaleza de nuestros objetivos esenciales, esos que encienden las convicciones más activas.
La palabra «política» (en griego: Πολιτικά, «asuntos de las ciudades») remite no sólo a «polis» (ciudad), sino a «polizo» (edificar) en una perspectiva que contempla su ejercicio con un sentido ético como una disposición a construir modos de convivencia.
La antipolítica es nefasta siempre, porque procesa el malestar colectivo en términos de indiferencia. En 1986 Elie Wiesel le dijo a A. P. Sanoff: «Lo opuesto al amor no es el odio, sino la indiferencia». Indiferencia que desprecia todo lo que refiere a la política, a lo humano.
En tiempos en los que prevalecen el horror y la deshumanización lo importante no es solo mantenernos vivos, sino preservar aquello que aún nos hace humanos a pesar de todo.
En la actualidad se sigue callando, mintiendo, disimulando la verdad aunque ya no existan los motivos que se aducían en otros momentos para explicar la necesidad superior de esconder verdades escabrosas.
Para juzgar y condenar a las personas, la empatía no es indispensable y aun puede ser molesta. Pero no podemos prescindir de ella si pretendemos comprender las razones oscuras de nuestros actos, por despreciables que sean.
La esperanza frente al miedo. La imaginación política ante la parálisis intelectual. Hay que volver a empezar siempre. Cargar la piedra en la espalda como Sísifo y llevarla de nuevo a lo alto del monte. Para evitar la desesperanza, obtener otra tregua, mantener viva la esperanza.
Son en los momentos de caos cuando las palabras se hacen más necesarias, porque aparecen como faros que alumbran nuestra experiencia. «Las palabras confirman nuestra existencia y nuestra relación con el mundo y con los otros» afirma Alberto Manguel.
Nada de lo que pudiere ocurrir se encuentra esperando en un momento inserto en una línea del tiempo, sino que será consecuencia de lo que vivamos y hagamos en este momento.
Necesitamos reivindicar con urgencia las humanidades, el valor de la memoria, la política, la colaboración, la empatía, los cuidados y el derecho al duelo. «Como si vivir tan sólo consistiese/ en amar y enseñarnos/ lo hermoso que puede ser el mundo» nos dicen los versos de Inma Luna.
Todo abuso del poder otorga a sus víctimas, tarde o temprano, la razón más poderosa para resistirlo y desafiarlo. «Ya va a venir el día, ponte el alma.» escribe César Vallejo en su poema «Los desgraciados».
Recordemos este aforismo de Cioran: «Uno debe ponerse del lado de los oprimidos bajo cualquier circunstancia, incluso cuando están equivocados, sin perder de vista, no obstante, que están hechos del mismo barro que sus opresores». En: «Del inconveniente de haber nacido», 1973.