Un turista paga cientos de dólares para que varios trabajadores ugandeses carguen con su cuerpo montaña arriba mientras él contempla gorilas. Lo llaman experiencia premium, turismo accesible, desarrollo. Aquí le llamamos colonialismo con datáfono
Resist.es
@repensarelsistema.bsky.social
Es hora de repensar el sistema. Un movimiento para impulsar las causas sociales de particulares, colectivos, sindicatos, agrupaciones y organizaciones.
🐙 El proyecto de Nueva Pescanova en Canarias cayó, pero la posibilidad de que aparezcan otros sigue abierta mientras no exista una prohibición específica. Atentas y atentos a https://ladelpulpo.org/ y pronto podrás ayudar a lograrlo.
El agua no entiende de excusas, calendarios electorales ni balances trimestrales. Cuando llega, arrasa también con nuestra capacidad de fingir que nadie podía preverlo.
Una camiseta barata puede salir carísima cuando el precio real lo pagan otros con agua envenenada, salarios miserables y barrios enteros convertidos en vertederos industriales.
Cada septiembre te convencen de que el móvil que llevas en el bolsillo ya envejeció. Abajo, en la cadena que alimenta esa renovación infinita, hay niños picando mineral por unas monedas para que arriba alguien pueda estrenar cámara, color y procesador.
Estamos viendo desaparecer en segundos lo que tardó siglos en formarse. Grindelwald, Alaska, Perito Moreno: glaciares retrocediendo, valles cambiando de forma y reservas de agua perdiéndose. Y seguimos reaccionando como si la siguiente obra de ingeniería pudiera negociar con la física.
El dinero no se puede comer. Nos dijeron que trabajaríamos para tener cosas. Luego trabajamos para pagar las cosas. Después destruimos el mundo para fabricar más cosas.
Japón con alcantarillas lanzando agua a dos metros como géiseres urbanos. Hemos asfaltado ciudades enteras, calentado la atmósfera y cargado el aire de humedad; luego miramos cómo el agua revienta desde abajo y fingimos sorpresa.
Luego subirán la foto, pondrán una frase épica y lo llamarán victoria. Hay que estar muy podrido para soñar con un bosque en llamas.
Dos huracanes de categoría 4 al mismo tiempo, otro sistema creciendo detrás y un Pacífico convertido en una enorme reserva de energía. Después todavía habrá quien diga que la crisis climática consiste en “unos grados más”.
Si para mantener el “milagro turístico” necesitas silenciar a quienes viven allí, quizá el milagro era simplemente un saqueo muy bien vendido.
Podéis llamarlo “desastre natural” todas las veces que queráis. Pero cuando los glaciares pierden hielo, el terreno se desestabiliza y las montañas empiezan a venirse abajo, la naturaleza no está improvisando: está respondiendo a un planeta que estamos calentando a toda velocidad.
Prender fuego en los cuernos de un animal y soltarlo entre una multitud no se vuelve menos salvaje porque lleve siglos haciéndose. La palabra “tradición” sirve demasiado a menudo para ponerle un lazo cultural a la crueldad.
El Mediterráneo ya está funcionando como gasolina para una atmósfera cada vez más violenta. No falta información: sobra cobardía para actuar antes de que esto se convierta en rutina.
El abandono es inflamable. Aragón no necesita más pésames institucionales: necesita medios, prevención y responsabilidades políticas.
Hemos convertido la crisis climática en un manual de sacrificios para pobres mientras el despilfarro de los ricos se exhibe como lujo. Por eso la ecología sin lucha de clases acaba siendo exactamente eso: jardinería.
La especie que inventó satélites, inteligencia artificial y viajes al espacio ha decidido enfrentarse al colapso climático en chanclas, móvil en mano y con una cerveza en la terraza. El monte arde a pocos metros y nosotros buscamos el mejor encuadre para Instagram.
El fuego desaparece de las portadas mucho antes de desaparecer del paisaje. Después llegan la lluvia, el barro y las cenizas a recordar que quemar un bosque también significa perder suelo,.
En Italia hay bancos que aceptan ruedas de parmesano como garantía para conceder préstamos. El queso envejece, sube de valor y acaba funcionando casi como un lingote comestible. Hemos conseguido montar un sistema en el que hasta la comida sirve mejor para respaldar dinero que para llenar platos.
Hace siete años, Greta Thunberg dijo algo que muchos prefirieron ridiculizar: «Nuestra casa está en llamas». Hoy, con récords de temperatura, incendios, sequías y fenómenos extremos cada vez más frecuentes. A muchos les va a doler, pero Greta tenía razón.
Décadas poniendo el crecimiento, los beneficios y la propiedad por delante del planeta. Ahora llega la factura: récords de calor, mares a 30 grados, cultivos arruinados, incendios y vidas destrozadas. Nos dijeron que ya habría tiempo. Pues bien: ya es mañana.
Santiago convertida en una despedida de soltero gigante. Mallorca tratada como un resort privado para ricos. Barcelona con turistas enfadados porque la gente se cruza en sus vídeos. El turismo de masas está criando la idea de que las ciudades existen para servir a quien viene tres días.
La playa es también del que llega con bocadillos, nevera y sombrilla del año de la pera. No hace falta una pulsera de hotel ni pagar una tumbona de 40 euros para tener derecho al mar. Si pretenden cercar lo público, habrá que recordarles quién manda llenándolo de gente.
Luego vendrán el «se hizo toda la vida» y los ataques a los "ecolojetas". Los datos: más de 8 de cada 10 incendios forestales en España tienen origen humano. Y con un clima cada vez más caliente y seco por el cambio climático, una chispa basta para convertir una imprudencia en una tragedia.
Una infancia capaz de reconocer cientos de marcas, pero incapaz de nombrar las plantas que la alimentan. Las empresas entran en su cabeza desde muy temprano mientras la naturaleza desaparece de su vida cotidiana. Estamos criando consumidores mucho antes de enseñarles a comprender el mundo.
Sí, siempre hubo días de calor. Lo que vemos ahora son récords encadenados, noches insoportables, sequías prolongadas, incendios cada vez más violentos y temperaturas que antes eran excepcionales. Los recuerdos personales no borran décadas de datos.
A Praia das Catedrais, en Galiza: hasta 4.812 personas al día sobre un espacio frágil, protegido y ya evacuado por masificación. Cuando llegan con dinero, la saturación se llama turismo. “Invasión” se reserva para los pobres.
Una comunidad indígena de Ontario ha quedado reducida a cenizas. Sus habitantes huyeron en pequeñas embarcaciones mientras ardían sus casas. No fue algo “natural”. Natural no es acabar con el planeta para que las petroleras sigan batiendo récords mientras quienes menos contaminan lo pierden todo.
Otra vez Greta Thunberg detenida. Su delito: sentarse pacíficamente en Berlín contra la masacre de Gaza y el negocio de las armas. Greta podría vivir de homenajes y discursos cómodos. Prefiere poner el cuerpo. Siempre del lado de quienes se niegan a callar. Siempre con Palestina.
¿Quién paga la IA? La inteligencia artificial no vive en una nube inocente. Firma nuestra petición para poner freno a la invasión de los centros de datos en Aragón: https://resist.es/peticiones/pedimos-freno-a-la-invasion-de-los-centros-de-datos-en-aragon/