Crece la informalidad: llega al 45% de los trabajadores en el país, con picos de casi 88% en el norte
La informalidad laboral alcanza al 45% de los trabajadores del país, según un informe del Observatorio Económico Social de la Universidad Nacional de Rosario elaborado por los economistas Germán Tessmer y Bárbara Boggiano a partir de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del INDEC. El dato corresponde al segundo trimestre de este año y profundiza una tendencia en alza que se verifica desde, al menos, fines de 2016. Detrás del avance hay un cambio en la composición del empleo. Entre el cuarto trimestre de 2023 y el segundo de 2026, la participación de los asalariados retrocedió del 73,7% al 70,5% de las ocupaciones y el cuentapropismo se expandió del 22,6% al 25,5%; los patrones y los trabajadores familiares completan el resto. En ese mismo período, la informalidad sobre el total de los ocupados pasó del 41,4% al 45%. El fenómeno castiga con más fuerza a quienes trabajan por cuenta propia: el 65,8% de los cuentapropistas de los centros urbanos relevados opera sin registro, contra el 37,9% de los asalariados que no tiene aportes jubilatorios. Ese último indicador también se deterioró, ya que era del 33,6% a fines de 2016. La serie, reconstruida con un modelo estadístico propio, muestra una suba constante que sólo se interrumpió en 2020, por la pérdida de puestos no registrados durante la cuarentena. El trabajo detectó fuertes diferencias por actividad. El servicio doméstico encabeza la falta de registración con el 77,4%, seguido por la construcción (76,2%), la gastronomía y el alojamiento (63,9%) y el comercio (54,7%). En el otro extremo, los servicios profesionales, científicos y técnicos registran una informalidad del 19,2% y la información y la comunicación, del 33,9%. "El cuentapropismo informal masivo no es el programador que factura al exterior: es el del oficio, el comercio y el servicio personal", sintetiza Tessmer. El mapa del problema expone brechas enormes. Entre los cuentapropistas, las tasas más altas se concentran en el Norte y Cuyo: Formosa (87,9%), Gran Tucumán y Tafí Viejo (87,6%), Santiago del Estero y La Banda (87,5%), Gran Resistencia (84%) y Gran San Juan (83%). En el extremo opuesto aparecen la Ciudad de Buenos Aires (32,8%), Mar del Plata y Batán (42,7%), Bahía Blanca y Cerri (43%) y las ciudades fueguinas de Ushuaia y Río Grande (43,1%). Si se suman asalariados e independientes, el ranking lo encabeza Gran San Juan, con el 60,9% de los ocupados en la informalidad, seguido por Gran Tucumán y Tafí Viejo (56,2%) y Santiago del Estero y La Banda (55,1%). En el AMBA la asimetría es evidente: la ciudad de Buenos Aires tiene una tasa total del 26% (25,6% entre los asalariados y 32,8% entre los cuentapropistas), mientras que en los partidos del conurbano trepa al 47,5%, impulsada por el 70,2% de informalidad entre los independientes. El Gran Córdoba llega al 48,5% y el Gran Rosario, al 40,9%. Por regiones, la Patagonia muestra tasas de informalidad total de entre el 18% y el 33,5%, contra rangos de 43,9% a 56,2% en el Noroeste y de 51,9% a 53,8% en el Noreste. Los autores atribuyen esas diferencias a la estructura de producción, la productividad y el tamaño de las empresas, y al peso de los costos del registro sobre los ingresos, más alto en las zonas más pobres. Donde predominan actividades de alta productividad, como los hidrocarburos en Neuquén, la informalidad baja al 26,4%; el empleo estatal, en cambio, atenúa los índices en La Rioja y Catamarca.
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