"Institutos abandonados, juventud sacrificada": la protesta estudiantil sacude Francia
Bajo el radiante cielo azul de París, la estatua de la República fue cubierta con una túnica en la que se leía, en letras mayúsculas negras y rojas:**“Institutos abandonados, juventud sacrificada”**. Fue precisamente esta consigna la que **reunió el martes 6 de octubre a cientos de miles de personas en toda Francia.**
Tres semanas después del primer estallido de indignación en el instituto Saint-Exupéry de Créteil (Val-de-Marne), el 15 de septiembre, que marcó el inicio de los bloqueos que se extendieron como una mancha de aceite, y tras las dos primeras jornadas nacionales de movilización, el 29 de septiembre y el 1 de octubre, la movilización masiva ha sido presentada como el “acto III” del movimiento estudiantil.
A lo largo del día, **de los 3.700 institutos que hay en el país, en cerca de 900** —250 de ellos en Île-de-France— **las clases** **“se suspendieron total o parcialmente”,** según informó a mediodía el Ministerio de Educación.
**Y la universidad siguió el ejemplo** : según un recuento de la Unión Estudiantil, “el 100% de las universidades” de Francia se vieron “afectadas por el movimiento juvenil”. Ya antes de las 10 de la mañana, el sindicato había contabilizado más de 57 centros universitarios bloqueados, en París, Lille, Toulouse o Estrasburgo.
**Las manifestaciones** , convocadas por una amplia coalición sindical de la Educación Nacional (FSU, CGT, FO, CFDT, Unsa, SUD y Solidaires), **llenaron las calles en unas treinta ciudades**. Según los organizadores, **450.000 personas** se manifestaron por toda Francia, 100.000 de ellas en París, mientras que el Ministerio del Interior contabilizó 266.000, 56.000 de ellas en la capital.
En su inmensa mayoría, las marchas transcurrieron en un ambiente festivo, animadas por las voces de los jóvenes, que coreaban al unísono consignas similares independientemente de la ciudad y enarbolaban miles de pancartas con juegos de palabras más o menos acertados, pero que reflejaban todas ellas la misma rabia y la voluntad de hacerse oír.
Pero**la tensión aumentó en Nantes y París** , donde la llegada de las marchas a su destino dio lugar a**enfrentamientos, en ocasiones violentos, con la policía,** que multiplicó los disparos de gas lacrimógeno para dispersar a la gente.
Estos altercados, sin embargo, no bastaron para empañar la satisfacción de los jóvenes movilizados. Al inicio de la manifestación parisina, en la plaza de la República, a mediodía, Ryad Rani, presidente de la Unión Sindical de Estudiantes de Bachillerato (USL), ya celebraba un movimiento “absolutamente inédito” por su magnitud y duración.
Las reivindicaciones han convergido de un extremo a otro del país. En primer lugar, para denunciar unas condiciones educativas muy deterioradas. Unas horas antes del inicio de la manifestación en el centro de Toulouse (Alta Garona), Maëva, Safia, Électre, Adèle y Alix, de entre 16 y 17 años, estaban atareados escribiendo consignas en trozos de cartón frente al instituto Berthelot, en los barrios del sur de la ciudad.
“**Nuestro principal problema son las clases masificadas,** sobre todo las de idiomas, tanto de español como de inglés”, dice Maëva. El centro de Toulouse también imparte un BTS (Formación Profesional). “Hemos solicitado al consejo de administración un nuevo edificio para ellos, pero se nos ha denegado varias veces por falta de presupuesto”, cuenta Safia. Por eso hay que compartir las aulas. A través del megáfono, una de sus compañeras resume el sentimiento que agita a Francia: “La falta de recursos se ha convertido en un asunto político”.
A 600 kilómetros de allí, la Casa de los Sindicatos de Chalon-sur-Saône (Saona y Loira) acogió a representantes del movimiento con motivo de una rueda de prensa. Ambroise, también estudiante de bachillerato, hace un crudo diagnóstico: **“Nos falta presupuesto, personal, material, de todo”.**
En Nantes (Loira Atlántico), Hiromi, alumna de último curso del instituto Nelson-Mandela, insiste: “Solo pedimos que nos escuchen y que podamos trabajar en buenas condiciones”. Lamenta que “la falta de enfermeras y médicos escolares” agrave la salud mental de sus compañeros. “Esta reivindicación no se toma en serio, cuando esta falta de atención afecta mucho a los jóvenes”, afirma.
Kawtar, de 17 años, describe por su parte**“aulas insalubres”, “casi ninguna clase” y la ausencia de comedor** en su centro, el pequeño instituto de formación profesional Abbé-Grégoire (distrito III de París), cuyos 150 alumnos sufren las consecuencias de la “situación muy complicada de los institutos de formación profesional en París”.
**Algo muy poco habitual es que la movilización afecte también a un puñado de institutos privados** , como el lujoso Saint-Michel-de-Picpus, en el distrito XII, cuyos alumnos han sido vistos en la manifestación parisina. Desde las 6:30 de la mañana, los alumnos y alumnas del instituto Charles-Péguy (distrito XI) también organizaron un bloqueo frente a su centro, que atrajo a unas 200 personas, bajo una pancarta en la que se leía: “La pública no está contenta, la privada os escucha”.
La novedad de esta jornada fue la movilización masiva de los estudiantes universitarios.
**En Estrasburgo** (Bajo Rin), un centenar se movilizó desde primera hora de la mañana para**bloquear el edificio del INSA (Instituto de Ciencias Aplicadas)**. Una primicia en sus 151 años de historia para esta prestigiosa escuela pública que combina estudios de ingeniería y arquitectura. **“Ni siquiera en mayo del 68 se suspendieron aquí las clases**. Hoy, se acabó”, se alegraba Camille.
“Nos sumamos a las reivindicaciones de los estudiantes de secundaria, hemos decretado una semana 'negra', explica Colette, de Nantes, estudiante de primer curso de Derecho. “Se está gestando un hartazgo colectivo; es realmente la expresión de un enfado acumulado”.
“Nuestras reivindicaciones son muy numerosas y se han ido acumulando durante años sin que se nos haya escuchado”, resumía esa misma mañana Thalia en la Sorbona-Nouvelle, no lejos de la plaza de la Nation (distrito XII). Esta estudiante de doble grado en cine y teatro denuncia, en particular,**el aumento de las tasas de matrícula para los estudiantes extranjeros**. También se mencionan la falta generalizada de recursos, **los retrasos en el pago de las becas** y el apoyo al movimiento de los estudiantes de secundaria “con quienes compartimos los mismos problemas”.
“Los problemas que cuentan los estudiantes de secundaria son los mismos que los de la universidad, con una falta de recursos flagrante”, añade su amiga Maëline. “Todo el mundo se ve afectado y es víctima de estas políticas de austeridad. Cuantos más seamos, más peso tendremos”.
Pero en los discursos surge una y otra vez otro tema: el nivel de represión desplegado contra el movimiento.**“Imaginad una represión así en Irán o en Rusia, hablaríamos de un Estado totalitario”,** critican las estudiantes. El lunes 5 de octubre, durante una gran asamblea general, las fuerzas del orden entraron en su facultad, lo que impactó especialmente a estas estudiantes de primer curso. “Tenía la impresión de que éramos delincuentes, cuando en realidad se trataba de una asamblea general pacífica y muy tranquila”, cuenta Camille. “Tengo la sensación de que se nos reprime incluso en nuestras expresiones más triviales”.
Desde el inicio del movimiento,**al menos 215 estudiantes al resultado heridos** , según el Ministerio del Interior. Hasta la fecha, se han encargado ya diez investigaciones a la Inspección General de la Policía Nacional (IGPN).
El Gobierno contabiliza **también 85 miembros del personal de Educación Nacional heridos** , entre ellos 34 directores o subdirectores,**y 715 miembros de las fuerzas del orden**. En la Asamblea Nacional, durante el turno de preguntas al Gobierno, el primer ministro Sébastien Lecornu se negó ostensiblemente a emplear la expresión “violencia policial”. “En una operación de orden público tan delicada, ¿pueden producirse accidentes? La respuesta es sí”, se limitó a admitir.
Al ser preguntado en _France Info_ sobre el uso de lanzadores de balas de defensa (LBD) y granadas (lacrimógenas y de dispersión) frente a estudiantes de secundaria, en su mayoría menores de edad**, el ministro del Interior, Laurent Nuñez,** afirmó por su parte: “Cuando se entra en el terreno de la violencia urbana, ya no se trata de mantener el orden. **Es normal que los policías y los gendarmes puedan disponer de toda la gama […] a su disposición** ”. El día anterior, también había jurado que no había dado “ninguna orden de moderación” a los policías y gendarmes.
El contraste es llamativo entre estas declaraciones belicosas y los testimonios recabados sobre el terreno a lo largo de toda la jornada de movilización. El día anterior, el lunes 5 de octubre, **a Evan S., de 15 años, perdió la mano y parte del antebrazo por la explosión de una granada** de dispersión en Lens (Pas-de-Calais), sin que todavía se hayan establecido con claridad las circunstancias exactas.
En medio de una gran conmoción, sus profesores se reunieron en asamblea general para expresar su apoyo al alumno. “Nada justifica que un adolescente quede **mutilado de por vida** , nada justifica un uso tan desproporcionado de la fuerza, nada justifica el empleo de armas de guerra para reprimir una manifestación”, insistió Bastien Riez, profesor de Matemáticas del instituto.
La semana pasada,**dos alumnos de bachillerato también perdieron un ojo** , en Tours (Indre-et-Loire) y en Argenteuil (Val-d’Oise). Y el 28 de septiembre, en Saint-Ouen-l’Aumône (Val-d’Oise), Eden, de 14 años, sufrió la fractura de la mandíbula**** al recibir un disparo directo de un lanzagranadas en plena cara.
Estas tragedias salen una y otra vez en boca de los manifestantes. Por ejemplo, en las palabras de **Marion, profesora de secundaria** en Créteil, que acudió a la manifestación con su madre Béatrice, exprofesora, pero también con su padre, Jean-Pascal, y sus dos hijas estudiantes, Lola y Lucie. Ella**considera que las declaraciones del ministro del Interior no son más que “una incitación al asesinato”**. Aunque lleva años participando en el movimiento social, esta madre de familia no recuerda haber oído nunca unas “palabras tan descaradas”, sobre todo tras una serie de “mutilaciones” como estas.
Thomas y Yannis, profesores en Fontainebleau-Avon (Sena y Marne), que participaban en la marcha parisina, no se han tomado nada bien **el argumento ministerial, según el cual los policías actuaban para “proteger a los alumnos y al personal”**. “¡Quizá haya otras formas de protegernos que enviar a policías con armas de guerra!“, ironiza Thomas.
El temor es tal que, en Toulouse, la delegación local de la Liga de Derechos Humanos (LDH) envió observadores para asegurarse de que todo transcurriera sin incidentes.
**Pero fueron sobre todo los padres** , a menudo respaldados por miembros de la Federación de Padres de Alumnos (FCPE) y por sindicalistas, quienes se implicaron para proteger a sus hijos. Se les veía por las calles desde primera hora de la mañana. En Toulouse, encabezaban la manifestación. También frente al instituto Condorcet, en el distrito IX de París, un grupo de unos cincuenta adultos se turnaban frente al cordón policial. “**Les apoyamos y queremos que todo salga bien, protegerles de la policía”,** comentaba una madre de una alumna de primero de bachillerato.
En Hélène-Boucher, en el distrito XX, hacia las 10 de la mañana, formaron directamente un cordón de protección frente a la gendarmería móvil cuando los jóvenes se lanzaron a bloquear Cours de Vincennes, una importante vía de tráfico.
**“Mi hija estudia aquí, son 37 por clase, faltan profesores**. He venido a mostrar mi apoyo total y también estoy aquí para protegerlos, para evitar que a nuestros jóvenes les den una paliza”, explicaba Vincent Martin, miembro de la CGT y con el distintivo de la FCPE bien a la vista.
“No estamos aquí para hablar en su nombre, sino para garantizar la seguridad de las manifestaciones. La estrategia de mantenimiento del orden es totalmente desmesurada”, opinaba Sylvie Aebischer, secretaria general de la CGT de la función pública estatal. No pudieron impedir que la línea de la gendarmería empujara sin miramientos a alumnos y adultos, lanzara gases lacrimógenos a quemarropa y los encerrara en una ratonera.
En este ambiente, numerosos docentes participaron en la movilización del martes. Frente al instituto de formación profesional parisino Abbé-Grégoire,**Cathy, profesora de economía, preparó a sus alumnos** antes de la manifestación, dándoles numerosos consejos: **“¿Tienes el número de un abogado?”; “Sobre todo, si os detienen, no digáis nada y esperad al abogado”; “Pedid inmediatamente que os vea un médico”**. Los alumnos tomaron nota.
“Nos apoyaron a principios de curso en nuestro propio movimiento, ¡tenemos las mismas reivindicaciones que ellos! No porque sean jóvenes su opinión no va a valer nada”, afirma, en la marcha de Nantes, Jean-François, profesor de Historia y Geografía.
Chloé, de 30 años, profesora en Melun, cuenta que en su instituto un profesor ejerce de director, mientras que la subdirectora ha sido trasladada a toda prisa a otro instituto del departamento y el administrador está en formación. También menciona las clases abarrotadas, con 25 alumnos en sexto, quinto y cuarto, es decir, “el máximo permitido en REP+” (Red de establecimientos escolares que necesitan recursos adicionales, ndt).
**“Ayer les dije a mis alumnos de primero de secundaria que hoy iba a estar en huelga. Ellos también querían hacer huelga”** , dice riendo con amargura. “Entre sus reivindicaciones estaba poder comer todos los días hasta saciarse. También tuvimos que analizar en clase un caso de racismo que sufrieron una alumna y su padre. Eso es lo que piden también: que todos los alumnos, aunque sean negros o sus padres no hayan nacido aquí, tengan los mismos derechos”.
¿Cómo seguir adelante, tras esta jornada que debería quedar marcada como un hito en la historia de las movilizaciones juveniles? “La movilización debe continuar”, declaró el presidente de la USL, Ryad Rani, al inicio de la manifestación de los estudiantes de secundaria en París, señalando que “sigue sin haber ninguna respuesta política a las reivindicaciones de los estudiantes de secundaria”.
En la marcha, Lucas, estudiante de primero de Historia en París-I, se mostraba entusiasmado ante la gran afluencia de gente. “Esto es solo el principio. En nuestra universidad, la protesta durará toda la semana como mínimo”, prometía. En la Sorbona-Nouvelle, Maëline también promete **“bloquear todos los días, mientras la única respuesta que recibamos sean las porras”.** “Vamos a hacer otro mayo del 68”, afirma con entusiasmo.
Entre los organizadores se baraja la posibilidad de una nueva jornada de movilización a partir del jueves 8 de octubre, mientras que la convocatoria de grandes manifestaciones el 17 de octubre contra el encarecimiento de la vida aparece con frecuencia como un posible horizonte.
En cambio, la convocatoria sindical de una gran manifestación interprofesional el 5 de noviembre provoca decepción entre muchos alumnos de secundaria y universitarios, que consideran que la fecha queda demasiado lejos.
En un comunicado de prensa, los rectores y rectoras de las universidades hacen un llamamiento a organizar unos “estados generales de la juventud”. Recuerdan que «el enfado y el malestar de esta juventud vienen de lejos”, y citan las crisis sanitarias, geopolíticas y el caos climático. “Los jóvenes tienen cosas que decir: ¡escuchémosles!”, insta el texto.
¿Abandonará el Gobierno, paralizado hasta ahora, su negativa a responder? El ministro de Educación Nacional, Édouard Geffray, ha anunciado que, cuando se reanuden las clases en los institutos, el profesorado dispondrá de media jornada “no lectiva” para intercambiar opiniones entre ellos y, posteriormente, de otra media jornada más para ampliar este “tiempo de democracia interna” a los alumnos.
Por su parte, **Sébastien Lecornu** reconoció en la Asamblea que el “descontento” y “la angustia” de los alumnos eran “reales”, y**aseguró que existían “aquí o allá márgenes de maniobra” presupuestarios para aportar “respuestas urgentes”…** aunque ello supusiera “sacar recursos de otras partidas”. Al final de la jornada, Emmanuel Macron anunció que reuniría a los ministros implicados esa misma noche en el Elíseo.
Este artículo ha sido redactado por Dan Israel, gracias a los reportajes sobre el terreno y a la información recopilada por Inès Bennacer, Maud de Carpentier, Garance Forasté, Elsa Gambin, Mathilde Goanec, Jérôme Hourdeaux, Pierre Jequier-Zalc, Camille Labbé y Emmanuel Riondé.
**Traducción de Miguel López**
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