Copacabana Marley solo era capaz de mirar hacia el apartamento en el que se crió los días impares de la última semana del mes. El vértigo de pensar que ya nada de aquella vida existía y que jamás volvería, era demasiado grande para permitírselo sin preparación y sin disfrazarse.
Lady Distopía
@ladydistopia.bsky.social
✦⠀⠀⠀ ⠀⠀⠀. · ✵ ✫ *. ⠀ོ ⠀ོ ⠀⠀⠀ ོ⠀✹⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ོ⠀⠀⠀ ⠀ོ⠀ོ .⠀ ⠀⠀ ོ⠀ ✫⠀ོ⠀⠀⠀ "Animales sueltos" con Espasa es Poesía
Cada mañana, Monsieur D'aramitz se vestía recopilando mentalmente las tres mayores dudas del día para tratar de despejarlas en el urinario público después. Nunca salía con todo resuelto, pero tampoco pretendía ser una de esas personas que lo tienen todo claro. Menuda ordinariez.
Alberta Acciaioli vendía frutas y verduras, recomendaba guisos, aliños, escabeches, lecturas, discos... aquella era su vida en el barrio hasta que lo pusieron en venta, se convirtió en una sucursal de otros y todos tuvieron que largarse porque sus vidas habían perdido valor.
Nuevo post: “Sobre el entierro de Lady Distopía y otras cosas” amqr.blogspot.com/2026/07/sobr...
Sobre el entierro de Lady Distopía y otras cosas
“Cattleya Orchid and Three Brazilian Hummingbirds" (Orquídea Cattleya y tres colibríes brasileños) de Martin Johnson Heade, 1871 Andaba yo p...
amqr.blogspot.com
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Debrah Rocket Worsley no podía evitar pararse ante los escombros de los edificios en ruinas. Como si tuviera que rendir honores a todas las casas en las que ya nunca entraría. También había algo en lo que se reconocía. A veces todo. Según el día.
Emiliano Baas disfrutaba enormemente atravesando el desierto de Sonora en su camión de cuatro ejes, del que a veces sacaba la motocicleta estática y practicaba pequeñas acrobacias que sabía que algún día llegaría a dominar, para el deleite de un público que estaba aún por llegar.
Himari Koizumi solo trabaja los lunes. Imparte cursos intensivos y gratuitos para parar. A primera hora de la mañana se reúnen, despliegan un mapa de la ciudad, cada persona elige un parque y, una vez allí, para, está, respira, observa y, cuando algo interrumpe, vuelve a empezar.
Siempre es un placer leer a @ladydistopia.bsky.social
Pétula Bacará, la mediana en una familia numerosa, vivió evitando destacar, ser el centro de atención, pero aún así lo era. Todos se fijaban en ella, parecían recordar su nombre y su cara entre los de una multitud, y todos tenían siempre algo que decir sobre cómo tenía que vivir.
Cuando la alcaldesa de La Vista, Nebraska, regresó de pasar unos días libres en un pueblo costero de California, decidió poner en marcha lo que había visto, para atraer a turistas. En un parking a la afueras, construyó unas vacaciones de mentira, demasiado caras para cualquiera.
Pétula Bacará, la mediana en una familia numerosa, vivió evitando destacar, ser el centro de atención, pero aún así lo era. Todos se fijaban en ella, parecían recordar su nombre y su cara entre los de una multitud, y todos tenían siempre algo que decir sobre cómo tenía que vivir.
Todo el mundo sabía que solo quedaban tres baldosas del suelo de la plaza de San Marcos sin pisar, pero nadie sabía cuáles eran. El caso es que tampoco se atrevían a recorrerla paso a paso de punta a punta, por miedo a romper una inercia, acabar con una suerte que, buena o mala, mejor dejarla estar.
No pasa nada... respira... tiene solución y es fácil. Además, está en tu mano. La cursilería tiene cura... si la pillas a tiempo. 📷 Émile Gsell
Forzarte a darle mil vueltas a todo, a medirte sin parar, hacerte la vida imposible para luego, por comparación, sentirte un poco a gusto, solo un minuto, entre gente que tanto conoces y tan poco te importa, vestida de la misma tarta que tú, celebrando la boda de tu hija mayor.
De pronto conoces a alguien que nació en una ciudad de la que nunca escuchaste, pero es donde transcurre la acción de la novela que estás a punto de empezar, regalo de un nuevo amigo al que has conocido en este viaje que, por alguna razón, no tiene pinta de que vaya a terminar.
Pasar la lengua lentamente por el filo del cuchillo, buscar el mareo provocado por el olor a gasolina, caminar al borde del precipicio pegando un talón delante del otro pie, asomarte al vacío demasiado, sentir placer en momentos cotidianos jugando al desastre inventando peligros.
Anaconda Brown se había creado un planeta propio, tan rico y colorido que, cuando se descubría dedicándole demasiado espacio mental al del otro lado de la ventana, paraba, respiraba profundamente, después cerraba esas cortinas inventadas, encendía el tocadiscos y a bailar.
El vértigo de pensar que nada nunca será exactamente igual a este mismo momento. Y a la vez, el alivio que da. 📷 André Kertész
Sirope Krönn, experto en aparcar coches de manera que nunca pudieran salir, se pasó media vida coleccionándolos sin remedio. Vivía en el sótano de un centro comercial abandonado en el que rampa para salir se había estropeado, tras años confundiendo el suyo con el de todos los vecinos.
Abejas revoloteando desesperadas entre lápidas, panteones, nichos y tumbas, una soleada mañana de primavera. Abejas que vuelan histéricas en el paraíso de las flores artificiales
Lunes, expectativas, inquietudes, dudas, suspiros para tomar aire, expulsarlo. Lunes, todo parece demasiado grande, un aire gélido se cuela por los huecos vacíos, cortándote la piel mientras te tratas de acomodar. Al segundo, todo es estrecho, pequeño, angustioso. Pero, tan testaruda, allá vas.
Cósima Vergara recorría las papeleras de los cementerios en busca de las flores retiradas de las tumbas, para revenderlas y ganarse el pan. Paseaba entre ángeles de piedra, cruces, talismanes, medallas... inventando historias a partir de aquellas formas diversas de conectar con los que ya no están.