Fastolf 🇵🇸

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Nada de lo humano me resulta ajeno.

Bringing Out the Dead de Scorsese es una joya olvidada. Nick Cage entrega una de sus actuaciones más humanas como un paramédico consumido por la culpa y la fatiga espiritual. Un descenso febril y luminoso al infierno interior, donde la redención parece tan esquiva como encontrar un instante de paz.

Bringing Out the Dead muestra el deterioro extremo de un paramédico al borde del colapso: burnout, depresión, insomnio y el peso mental de años de servicio. Una inmersión brutal sobre cómo el desgaste emocional y una salud mental descuidada pueden llevar a una persona al límite de la cordura.

Scorsese retrata la noche como un purgatorio urbano donde la culpa, la muerte y la necesidad de redención conviven en cada esquina.

Ambulancias, calles vacías, almas heridas y un hombre buscando una forma de redención en medio del caos.

Nicolas Cage entrega una de sus interpretaciones más humanas, como un hombre que intenta salvar vidas mientras lucha por no perder la suya.

Otra de las grandes obras infravaloradas de ese pequeño gigante italoamericano, nacido en Flushing, Queens, y forjado entre las calles de Little Italy, Manhattan: Martin Scorsese.

Incluso los maestros más trascendentes del cine tienen joyas que todavía esperan ser redescubiertas.

Kind of Blue A Love Supreme Giant Steps Mingus Ah Um The Shape of Jazz to Come Saxophone Colossus Brilliant Corners Sunday at the Village Vanguard Ella and Louis Head Hunters Speak No Evil The Complete Savoy and Dial Master Takes No pueden faltar en la colección de todo buen amante del jazz.

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Qué hermoso pintaba Hayez. El veneciano fue un romántico, pero llama la atención el realismo de algunas de sus obras, reflejo de su constante búsqueda de la verdad. Eso se aprecia en Il bacio, L'ultimo bacio di Romeo a Giulietta, Consiglio alla vendetta, Rut, Susanna al bagno y Atleta trionfante.

Francesco Hayez fue el pintor más importante del romanticismo italiano. Realizó una pintura basada en la historia.

Hayez era el menor de cinco hijos de una familia humilde, pero tuvo la suerte de contar con un padrino rico que era además coleccionista y marchante de arte.

De pequeño ya mostraba su predisposición por el arte, por lo que su padrino le financió sus estudios. Con una brillante carrera académica, acabó ganando un concurso de la Academia de Venecia para estudiar en Roma, y ahí se marchó. Eran los primeros años del romanticismo europeo, y en Roma, una de las cunas del arte occidental, se respiraba un ambiente muy creativo. No en vano los grandes artistas se iban a estudiar a la ciudad.

En Roma fue discípulo de Canova, y siguió aprendiendo y consolidando una carrera muy prometedora, pero en 1814 sufrió una agresión, al parecer debido a disputas sentimentales, por lo que se vio obligado a marcharse a Nápoles.

Después se fue a Milán donde moriría a los 91 años.

Hoy Francesco Hayez está considerado el mejor y más acreditado exponente del Romanticismo en Italia. Con un repertorio mitológico e histórico, el estilo de Hayez estaba muy cerca de la sensibilidad romántica, que él reinterpretó a la luz de un temperamento claramente clásico y académico. Entre uno y otro estilo bailó el artista, influído también por el contexto socio-político italiano de la época, con ese rollo de la Italia unida, y un entorno de la propaganda generalizado que propició un melodrama al estilo de Giuseppe Verdi.

Hayez era romántico, pero llama la atención su realismo, que demuestra su búsqueda de la verdad. Eso se ve en algunos de sus desnudos, considerados entonces sin armonía y deliberadamente vulgares.

Somos la suma de nuestras experiencias, nuestros vínculos, nuestras emociones, nuestros recuerdos, nuestros aprendizajes y nuestras heridas. Todo aquello que hemos amado, perdido, descubierto, sufrido, superado y sanado deja una huella en nosotros.

El western encontró en Unforgiven una de sus últimas grandes obras maestras y, quizá, una de sus despedidas más honestas. Clint Eastwood tomó todos los mitos del género y decidió mirar qué había detrás de ellos cuando desaparecía la épica.

La película parte de una historia aparentemente sencilla, pero su grandeza está en todo lo que se desprende de ella. El guion de David Webb Peoples desmonta la figura del héroe, cuestiona la violencia y muestra un mundo donde la justicia, la venganza y la verdad rara vez son tan simples como parecen.

Eastwood dirige con una sobriedad extraordinaria. No hay una sola escena de más. El ritmo es pausado, pero nunca pierde tensión. Cada silencio pesa y cada mirada parece esconder una historia anterior a la que estamos viendo. La puesta en escena tiene una precisión casi invisible: todo parece sencillo porque está perfectamente controlado.

Y luego está la fotografía de Jack N. Green. Ese paisaje gris, frío y desolado parece reflejar el alma de los personajes. La luz, el barro, la lluvia y la oscuridad construyen un Oeste muy distinto al de los westerns clásicos. Aquí no hay gloria. Solo queda el cansancio.

El reparto está magnífico. Eastwood interpreta a William Munny con una contención impresionante, un hombre que intenta escapar del monstruo que fue y que descubre que algunas cosas quizá nunca desaparecen del todo. Gene Hackman está soberbio como Little Bill Daggett, un hombre que habla de justicia mientras ejerce el poder a su conveniencia. Y Morgan Freeman aporta una humanidad silenciosa que funciona como contrapunto perfecto a la oscuridad de la historia.La película también entiende algo fundamental sobre la violencia. Nunca es limpia, heroica ni gratuita. Cuando llega, duele. Deja consecuencias. Cambia a quienes la ejercen y a quienes la sufren. Eastwood no filma la violencia para glorificarla, sino para recordarnos su verdadero precio.

Por eso Unforgiven es mucho más que un western crepuscular. Es una película sobre la culpa, la redención, la memoria y la imposibilidad de borrar aquello que alguna vez fuimos. Es también una reflexión sobre los mitos que construimos alrededor de nosotros mismos y sobre la facilidad con la que la historia convierte a los asesinos en héroes.

Hay películas que pertenecen a un género y otras que terminan redefiniéndolo. Unforgiven pertenece a las dos categorías. Es una obra maestra del western, pero también una de esas películas que parecen hablar de algo mucho más grande que su propia historia.

Clint Eastwood no necesitó destruir el mito del Oeste. Le bastó con mirarlo de frente y preguntarse cuánto de verdad había en él.

Hay películas que nacen detrás de una cámara. Otras nacen del incendio que ocurre antes de que la cámara empiece a rodar. Hearts of Darkness: A Filmmaker's Apocalypse es una mirada brutal al precio de crear una obra maestra.

Pocos documentales han capturado con tanta fuerza la línea que separa la pasión artística de la obsesión destructiva. Hearts of Darkness: A Filmmaker's Apocalypse no solo cuenta cómo se hizo Apocalypse Now; captura el nacimiento de una pesadilla creativa.

Lo extraordinario del documental es que convierte una producción caótica en una historia sobre el acto de crear. Francis Ford Coppola no aparece como un simple director enfrentando problemas logísticos. Aparece como un artista intentando alcanzar una visión que parecía imposible de filmar.

La película muestra algo fascinante: las grandes obras muchas veces nacen en medio de la incertidumbre. El rodaje en Filipinas, los problemas climáticos, los retrasos, las dificultades económicas, los cambios de guion y los conflictos internos transformaron la película en una batalla contra todos los elementos.

La dirección de Fax Bahr, George Hickenlooper y la presencia fundamental del material grabado por Eleanor Coppola logran algo increíble: estar dentro del proceso creativo. La cámara no observa desde afuera; está atrapada en el mismo caos que los protagonistas.

Y ahí está una de las grandes virtudes del documental: no busca construir una leyenda perfecta de Coppola. Muestra sus dudas, sus contradicciones, su ego, sus miedos y su enorme ambición. Lo vemos cuestionarse, perder el control y aun así perseguir una idea que para él justificaba todo sacrificio.También es una obra fascinante desde la psicología del creador. Coppola representa esa figura del artista que arriesga todo por una visión. El documental plantea una pregunta incómoda: ¿hasta dónde debe llegar alguien para crear algo extraordinario? ¿Dónde termina la entrega absoluta y empieza la destrucción personal?

El material sobre Marlon Brando, Martin Sheen y el resto del reparto muestra otra parte del desafío: una película donde cada elemento parecía estar al límite. No solo era una historia sobre la guerra de Vietnam; era una batalla interna de todos los que estaban intentando darle vida.

La edición es clave porque convierte horas de caos en una narrativa con tensión propia. El documental tiene estructura de thriller porque la realidad detrás de Apocalypse Now fue más increíble que cualquier ficción.

Lo más impresionante es que Hearts of Darkness termina siendo mucho más que un documental sobre cine. Es una reflexión sobre la obsesión, el riesgo, el sacrificio y la necesidad humana de crear algo que permanezca.

Hay artistas que buscan hacer una película. Coppola intentó crear una experiencia imposible. Y este documental demuestra que, a veces, el camino hacia una obra maestra puede ser tan fascinante como la obra misma.

No me equivoqué cuando me decanté en su momento por la especialidad de psiquiatría. Había muchas especialidades fascinantes, pero elegir esa área ha sido uno de los mejores aciertos de mi vida. No solo me apasiona; personalmente, en estos años como residente y profesional, me ha cambiado la vida.

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Uno de mis hobbies predilectos, y del que casi no hablo, es tomar fotos de la naturaleza, monumentos, obras de arte, etcétera. Mis grandes ídolos en esos apartados son Ansel Adams, Henri Cartier-Bresson, Horacio Coppola, Cristóbal Hara, Manuel Álvarez Bravo y el Chivo Lubezki.

Así como ha sucedido con La Odisea y tanta gente ha empezado a leer por primera vez el poema épico de Homero -o ha regresado a revisitarlo-, espero que suceda con otras obras fascinantes y que más personas se animen a descubrir o redescubrir la gran literatura, y que no sea solo por moda o postureo.

La literatura no está en decadencia, pero mucha gente la ha ido dejando atrás para dedicarle cada vez más tiempo a otras cosas banales. Y no me voy a poner aquí como el viejito que dice que antes los tiempos eran mejores, porque no lo creo (viví gran parte de esos tiempos, sobre todo los noventas cuando internet aún estaba en pañales). Es cierto que, antes de internet, la gente leía más, pero también hay cuestiones sociales, educativas y de oportunidades mucho más complejas detrás de eso. Las bibliotecas siempre han existido y hoy, con internet, tenemos más acceso que nunca a los libros.

El problema es que vivimos sometidos a una estimulación constante. Tanto contenido breve, tanto scroll y tanta recompensa inmediata pueden fragmentar nuestra atención, dificultar la concentración sostenida y hacer que actividades que exigen tiempo, paciencia y profundidad -leer un libro, ver una película, estudiar o simplemente pensar- nos resulten cada vez más difíciles.

Y hay que trabajar en ello. Recuperar la capacidad de concentrarnos también es una forma de cuidar nuestra salud mental. Un buen libro puede ayudarnos a pensar con mayor claridad, ampliar nuestra imaginación, desarrollar empatía, comprender otras vidas y enfrentarnos a nosotros mismos. La gran literatura no solo se lee, también nos transforma.

La literatura no es una moda ni una pose. Es una forma de vivir, de pensar y de mirar el mundo.

El arte de Edward Hopper captura la intimidad urbana con una belleza inquietante. En obras como Nighthawks, Summer Evening, Cape Cod Evening, Ground Swell, Morning Sun o New York Movie, la luz y el silencio revelan la melancolía del ser humano ante la inmensidad del mundo.

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Pink Floyd - The Dark Side of the Moon Led Zeppelin - Led Zeppelin IV Queen - A Night at the Opera The Beatles - Abbey Road Ese cuarteto representa, en mi opinión, cuatro cimas distintas de la música occidental: atmósfera, poder, espectáculo y melodía.

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La música está hecha de motivos. Identificarlos nos permite apreciarla mejor. La vida también la construimos con motivos. Vivimos por ellos, decidimos por ellos, actuamos movidos por ellos. Aprender a reconocerlos, en la música y en nosotros mismos, nos permite comprender y disfrutar mejor la vida.

La música se vuelve más especial cuando aprendemos a reconocer los motivos que la construyen. La vida también puede volverse más comprensible cuando aprendemos a reconocer los motivos que nos mueven. Conocernos implica descubrir qué deseos, miedos, necesidades y aspiraciones se repiten detrás de nuestras decisiones. Y al hacerlo, no solo comprendemos mejor quiénes somos, sino que también podemos experimentar la vida con mayor conciencia, libertad y profundidad.

Hay una conexión muy bonita entre ambas partes. En la música, un motivo puede repetirse sin ser exactamente igual; cambia según el contexto en el que aparece. Lo mismo ocurre con nosotros. Podemos repetir patrones a lo largo de nuestra vida, pero cada experiencia los transforma y les da un significado distinto.

Aprender a escuchar una obra y aprender a escucharnos a nosotros mismos son, metafóricamente, ejercicios parecidos. En ambos casos se trata de prestar atención a aquello que se repite, identificar sus patrones y descubrir qué significado adquieren dentro del conjunto.

Comprender los motivos nos permite escuchar mejor la música y vivir con mayor conciencia nuestra propia existencia.

Si vas a escribir, crear o filmar una historia sobre un personaje, trata de que este realmente te importe. Que su construcción sea auténtica. Lo técnico es importante, pero ninguna forma puede sostener una historia si detrás no hay alguien cuya vida, dolor, deseo o destino nos importe de verdad.

Una de las cosas que más me interesan de la narrativa es que, antes de cualquier decisión formal, existe una pregunta esencial: ¿por qué debería importarnos este personaje? Puedes escribir una estructura perfecta, construir una fotografía deslumbrante, diseñar una puesta en escena extraordinaria o dirigir con enorme precisión, pero si el personaje no posee una verdad que nos interpele, todo ese virtuosismo corre el riesgo de convertirse en una superficie vacía.

Crear un personaje no consiste solo en inventar una biografía, asignarle conflictos o darle rasgos llamativos. Consiste en observarlo con suficiente atención como para comprender sus contradicciones. Sus deseos, sus miedos, sus decisiones, sus heridas, sus pequeñas miserias y también aquello que todavía conserva de humano. Un personaje memorable no necesita ser bueno ni admirable. Necesita sentirse vivo.

Por eso creo que, si vas a escribir, crear o filmar una historia, el personaje debe importarte. No para justificarlo ni para idealizarlo, sino para mirarlo con verdadera curiosidad y tratar de comprenderlo. Incluso cuando se trata de alguien despreciable, violento o moralmente irreconocible, debe existir detrás una voluntad, una historia y una lógica interna que el creador esté dispuesto a explorar.El público percibe esa diferencia. Puede reconocer cuándo una obra observa a sus personajes desde la distancia y cuándo existe un verdadero interés por ellos. Cuando un autor se preocupa por sus criaturas, algo cambia en la pantalla o en la página: las acciones adquieren peso, los silencios significan algo y los conflictos dejan de sentirse como mecanismos de una trama para convertirse en experiencias humanas.

La técnica es indispensable. La forma importa porque es el lenguaje mediante el cual una historia encuentra su expresión. Pero la técnica debe estar al servicio de algo. Una cámara extraordinaria no puede reemplazar a un personaje que no nos importa. Una fotografía perfecta no puede producir emoción por sí sola. Un guion brillante puede deslumbrar durante un tiempo, pero son los personajes los que permanecen cuando la estructura se desvanece.

Al final, quizá la gran pregunta de cualquier historia no sea qué tan bien está hecha, sino cuánto nos hizo sentir que esas vidas importaban. Porque cuando un personaje realmente nos importa, también nos importa lo que le sucede. Y cuando eso ocurre, hemos dejado de contemplar una ficción para empezar, aunque sea por un instante, a vivirla.

Un compa del club de cine me invitó este finde a una proyección privada para ver un maratón de Francis Ford Coppola con otros colegas. Revisitaremos: Bram Stoker's Dracula Apocalypse Now The Outsiders One from the Heart Rumble Fish The Rainmaker The Godfather Part III Serán días muy coppolianos.

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¡Buah! Carne trémula no es una obra mayor en la filmografía del manchego Pedro Almodóvar, pero tampoco es un filme menor. Tiene sus cositas y se aleja del Almodóvar más cómico y gamberro. Aquí hay más thriller, erotismo y melodrama con tintes trágicos. Neri, Bardem, Rabal, Sancho y Molina lo bordan.

Hoy, una persona que estimo y aprecio mucho me regaló esta novela llamada Piranesi, de una autora llamada Susanna Clarke. La desconozco por completo, pero siempre hay una primera vez. Fantasía onírica, ficción especulativa, suspenso y misterio. A ver qué tal.

La novela se inspira en el arte y la arquitectura del siglo XVIII del grabador italiano Giovanni Battista Piranesi, famoso por sus prisiones imaginarias, llenas de escaleras y salas monumentales. Su estilo estético y conceptual bebe del neoclasicismo, el romanticismo y la literatura fantástica moderna de Jorge Luis Borges. Evoca también mitos como el laberinto del Minotauro y la alegoría de la cueva de Platón. Suena interesante.

A mí me importa un comino esos debates absurdos y de acomplejados sobre cuál gastronomía de tal país es mejor. Yo no odio. Soy alguien sin sesgos que ama y disfruta de cada lugar, me gusta empaparme de sus culturas y aprender sobre su historia. Respeto, admiro y reconozco la grandeza de cada nación.

Juliette Binoche encarna el cine en estado puro. Cada gesto, silencio y mirada suya construyen universos emocionales. Trois Couleurs: Bleu, The English Patient, Certified Copy, Caché, Damage, Chocolat, The Return… Su belleza se funde con un poder actoral que hace que la pantalla respire con ella.

After Hours es un descenso hipnótico a la noche y sus extravíos. Una comedia negra sobre el absurdo de existir, donde todo puede salir mal y, aun así, seguimos buscando sentido entre el caos, el deseo y la ironía del destino. Un filme subestimado en la filmografía de Scorsese.

Martin Scorsese no solo hace filmes de gánsters o sobre la mafia. Su filmografía es mucho más amplia y diversa: The Last Waltz, After Hours, The Color of Money, The Last Temptation of Christ, The Age of Innocence, Kundun, Bringing Out the Dead, The Aviator, Silence y Alice Doesn't Live Here Anymore. Cada una explora un universo distinto, pero todas llevan su mirada: la obsesión, la culpa, la fe, el deseo, la redención, la soledad, la muerte y el paso del tiempo. Y todavía me dejo varias en el tintero.

Las femmes fatales por antonomasia. Una selección de algunas de las mujeres más fascinantes, peligrosas, seductoras y memorables de la historia del cine. Un recorrido por la evolución de uno de los arquetipos más poderosos del séptimo arte. 👇🏻

Poco se habla de la colaboración entre John Cassavetes y Gena Rowlands. 10 pelis juntos, una de las duplas más prolíficas del cine. A Woman Under the Influence, Opening Night, Gloria, Faces, Love Streams, Minnie and Moskowitz… Increíble que Emma Stone tenga dos Oscars y Gena ninguno. Actriz enorme.