Marcelo Urralburu

@marcelourralburu.bsky.social

Lector Seguido, aprendiz de Lector Salteado.

Hace tiempo que no hablo de mis lecturas: las interrumpí para avanzar con la redacción de mis lecturas tesis y, desde entonces, he dado varios bandazos: leí a D. Lynch, a F. Moretti, a G. Maier un manifiesto slow sobre la universidad… pero por fin volví a Austen. Acabo de terminar Mansfield Park.

la guerra total en curso está en X como en cualquier otra parte. No te topas cosas mucho peores en cualquier grupo de guasap de padres y madres del cole, de colegas del insti o de la familia extensa que en X. Lo que no acabamos de asumir es la condición integral y radicalmente bélica del presente.

Es la primera vez que me meto a Bluesky en casi tres meses y lo primero que me encuentro es a un pavo diciendo que a la izquierda le iría mejor sin Moriche. Vaya piscina de mierda os habéis montao para chapotear en vuestras miserias.

Lucien Leuwen tiene la cualidad de revelar parcialmente cómo trabajaba Stendhal. Parece que escribiera cientos de páginas en muy pocos días, dejando en blanco aquellas partes que le costaba más desarrollar, para luego volver a ellas y finiquitarlas. Lo curioso es que no parece recortar nunca.

Debía un libro a la biblioteca regional desde septiembre. Me han sancionado hasta mayo, pero me han propuesto cancelar la sanción si dono algo a su banco de alimentos. Así que nada, aquí estoy, yendo a buscar unos cartones de leche al super.

En «La organización del partido y la literatura de partido», Lenin afirma que la literatura debe ser una función más de la organización, por mucho —dice— que se resista a su «funcionalización mecánica». Contra lo que todavía creen muchos, la política de la literatura se encuentra en ese resistirse…

El Internet que imaginamos (y en realidad nunca conocimos) ha muerto o agoniza. Los medios de comunicación tradicionales también. Lo que sufrimos es algo más parecido a fanzines monopolísticos globales en manos de multimillonarios pederastas y neonazis.

En Stendhal, la emancipación sucede en medio de la política, como una suerte de error imperdonable, que sin embargo justifica toda una vida. En Flaubert, en cambio, la política es remplazada por la vida ordinaria y la emancipación es una aspiración penosa a la que —parece— es mejor renunciar.

Llevo leído ya un trecho de Lucien Leuwen. Se trata de una obra singular frente a las más conocidas de Stendhal. Primero, porque Leuwen es un muchacho muy fatuo, nada q ver con Sorel o del Dongo. Y segundo, porque Mme. de Chasteller está viuda, con lo q nada impide su amor, salvo la confusión.

Venga, un año más: "Ay, no se muera vuestra merced, señor mío, sino tome mi consejo y viva muchos años, porque la mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida es dejarse morir sin más ni más, sin que nadie le mate ni otras manos le acaben que las de la melancolía...

Es curioso cómo en La cartuja de Parma casi todas las acciones —salvo la aventura de Fabricio por Francia con apenas 16 años— están motivadas por el amor: el amor de la duquesa por Fabricio, el de Mosca por la duquesa, el de Fabricio por Clelia, y hasta el del príncipe Ernesto por la duquesa.

Entre los varios partidos opuestos en La cartuja de Parma, Stendhal tuvo la gentileza de crear un partido de poetas, todos al servicio de Favrice del Dongo: Ludovico, Palla, Landriani. Un arzobispo, un liberal y un criado, unidos por el héroe, al que ayudan a ganar la opinión pública con su poesía.

Stendhal es uno de los autores más gramscianos que conozco. Sus novelas narran la incorporación de un joven presuntuoso a la guerra en curso por el control del Estado. Y solo hay dos frentes: los aristócratas y los demócratas, dos almas que viven indistintamente en Julien Sorel y Fabricio del Dongo.

Estoy harto de la gente que critica el uso de libros como elemento decorativo. Mi padre leyó los grandes clásicos de la literatura europea en ediciones decorativas que mi abuelo compraba por catálogo. Y fue el primero de toda su familia en ir a la universidad, así que tonterías las justas.