@mononomoto.bsky.social

En el campo me pasan cosas. Bichos y hierbajos. Desde el Neolítico, todo mal. Por lo general, no tengo ni idea de lo que hablo. Me gustan las palabras. Escribo #etimohilos: https://msha.ke/mononomoto.

Por mucho que los apicultores los señalen con el dedo como el origen de todos sus males, lo cierto es que la dieta de los abejarucos es mucho más variada que un menú limitado a las abejas de la miel. Otra cosa es que se las estemos sirviendo en bandeja ocupando sus territorios…

Un abejaruco europeo posado sobre una rama horizontal y fotografiado de perfil y de cuerpo entero sujeta con el pico una avispa antes de ingerirla.

Hace unos días me encontré en un embalse con la mayor concentración de somormujos lavancos que había visto nunca en la Península (porque lo de Ámsterdam es otra historia: bsky.app/profile/mono...). Además de muchos juveniles, pude disfrutar de la impresionante pesca de este ejemplar adulto. ¡Tela!

Un ejemplar adulto de somormujo lavanco nada sobre la superficie plateada y ligeramente ondulada del agua mientras sujeta un pez de grandes dimensiones colgando del pico, casi del tamaño de su largo cuello.Un ejemplar adulto de somormujo lavanco nada sobre la superficie plateada y ligeramente ondulada del agua mientras sujeta un pez de grandes dimensiones colgando del pico, casi del tamaño de su largo cuello.

Todo en esta mosca la convierte en objetivo claro de manotazos aterrorizados: sus ojos psicodélicos, su mimetismo batesiano y su parecido con ciertas especies de tábanos. ¡Hasta su nombre común: «mosca tigre»! /Eristalinus taeniops/ es, no obstante, un inofensivo sírfido que se alimenta de polen.

Un macho de la especie /Eristalinus taeniops/ posado sobre las costuras de una chancla de colores blanco y negro.

Este ha sido uno de mis modestos «bimbos» vacacionales: una enorme bandada de moritos comunes sobrevolando el puerto de Tarragona capital. Me hizo ilusión adivinar sus picos combados desde la distancia, pero me habría gustado disfrutar de un mejor vistazo a ese plumaje iridiscente; queda pendiente.

Una docena de moritos comunes, parte de una bandada mucho mayor, aparece fotografiada en vuelo y a contraluz. Se aprecian sus picos curvados, cuellos largos y patas largas estiradas hacia atrás.Una bandada de moritos comunes fotografiada en vuelo y a contraluz. Se aprecian sus picos curvados, cuellos largos y patas largas estiradas hacia atrás.

He visto muchos nidos de cotorra argentina en algunas de las grandes ciudades europeas que les dan cobijo. Pero hasta ahora nunca había observado tan claramente la estructura de entrada en medio del amasijo aparentemente caótico de ramitas con que los construyen. Encontré esta colonia en Tarragona.

Dos nidos de cotorra argentina cuelgan entre las ramas más gruesas de un árbol desprovisto de hojas. Se observa en ambos claramente un agujero de entrada.Un ejemplar de cotorra argentina aparece posado junto a lo que parece la estructura de hojas secas de un nido y entre las ramas de un pino.Una cotorra argentina sujeta una pequeña ramita en el pico junto a lo que se adivina como el amasijo de ramas y ramitas que constituyen el nido.

Como torcaces devorando las semillas de un jardín recién sembrado por el ayuntamiento: así aparecieron de pronto junto a la carretera varias decenas de cigüeñas blancas y garcillas bueyeras. En aquel campo cosechado entre fincas frutícolas ilerdenses debieron de encontrar un banquete servido.

Una finca amarilla ya cosechada pero en la que asoman hileras de brotes verdes aparece repleta de cigüeñas blancas y garcillas bueyeras que se alimentan sobre el terreno. Un pueblo y una hilera de pequeñas lomas se ven borrosos al fondo.Una finca amarilla ya cosechada pero en la que asoman hileras de brotes verdes aparece repleta de cigüeñas blancas y garcillas bueyeras que se alimentan sobre el terreno. Un pueblo y una hilera de pequeñas lomas se ven borrosos al fondo.Una finca amarilla ya cosechada pero en la que asoman hileras de brotes verdes aparece repleta de cigüeñas blancas y garcillas bueyeras que se alimentan sobre el terreno. Un pueblo y una hilera de pequeñas lomas se ven borrosos al fondo.

Segunda mitad del siglo XX. Es la Navidad de un año cualquiera. En un hogar europeo al azar un niño espera con ansia el que ha llegado a ser uno de los regalos infantiles estrella del continente, un juego futbolístico de mesa con un nombre muy particular. ¿Recordáis el Subbuteo? ¡Dentro #etimohilo!

Si os parece que hace calor estos días, imaginaos lo que sería tener pegado el abrigo de piel todo el año… ¡Buenos días con este curioso zorrete tarraconense!

Un zorro rojo sentado entre las espigas recién cosechadas de un campo de cereal.

Hay gente que va a @portaventura-world.bsky.social pensando en montañas rusas y atracciones donde ponerse perdido de agua. Y luego estamos la gente normal, que piensa en los pájaros y libélulas que encontrará en la laguna del reino mediterráneo. ¿Habéis visto que zampullín más mono?

Un zampullín común o chico en plumaje adulto de verano se desplaza sobre la superficie del agua.

Las rutas pajareras por el interior de un bosque son peliagudas. Las llamadas de discretos silbidos y los trinos se alternan con el crujido de la hojarasca removida por un mirlo, pero es difícil hallar a los autores de la banda sonora del bosque ocultos en las copas. Si no fuera por los petirrojos…

Un joven petirrojo con el pecho moteado que empieza a sugerir el color anaranjado que tendrá su plumaje adulto.

Cuando lo vi en directo, me despistaron un poco la aparente boa oscura y el dibujo facial de este joven aguilucho. Algunos de sus caracteres me hacían pensar en un papialbo que en Burgos habría constituido una pequeña rareza. En realidad lo más probable es que se trate de un joven cenizo del montón.

Un joven aguilucho realiza una maniobra de giro en el aire, con las patas colgando hacia atrás y las alas y la cola flexionándose para ejecutar el movimiento.Vista dorsal de un aguilucho joven que planea con los ángulos carpales adelantados por encima de un campo de cereal amarillo.

El jueves me encontré con la culebra viperina más descarada que he visto nunca. En una popular zona de baño rural en el río Arlanza repleta de gente, no paraba de asomar la cabecita entre las mismas rocas que los niños exploraban en busca de cangrejos. ¡Menuda confianza la suya! 👇️

Una culebra viperina asoma la cabeza justo por encima del agua y junto a una roca cubierta de musgo y vegetación acuática.

Si no os habéis enterado, ya os lo cuento yo: nos la han vuelto a liar. Si pensabais que podíais identificar fácilmente cualquier conejo peninsular como un conejo europeo —/Oryctolagus cuniculus/— de toda la vida, «think again». ¡Tenemos dos especies crípticas de conejo en la Península! 😩

Un conejo (europeo o ibérico, quién sabe) sentado con gesto amodorrado entre las espigas de un campo de cereal cosechado.

Hacía mucho tiempo que no se dejaban caer por aquí las #citaspajareras. Después de un curso de lecturas de otro ámbito, el verano me permite ahora recuperar la ficción y en «La forja de un rebelde» de Arturo Barea me topé el otro día con esta historia sobre el origen del anillamiento científico.

Fotomontaje con dos fragmentos de páginas consecutivas de la obra «La forja de un rebelde». Los párrafos en cuestión rezan: «En el portal, en las vigas del techo, hay nidos de golondrinas. Me subo en una silla puesta sobre el arcón, para ver de cerca uno de estos nidos. No comprendo cómo se los pueden comer los chinos, porque son como un pucherito de barro muy duro. Dentro está lleno de pajitas de trigo. A las golondrinas no se les hace daño, porque se comen los bichos del campo, y porque cuando crucificaron a Cristo fueron a quitarle las espinas de la cabeza con el pico. En el invierno se van al África y vuelven en el verano. Un año mi tío cogió una y le puso un hilito de plata en una pata, y al año siguiente volvió. Después no volvió más. Debió de morirse, porque las golondrinas viven poco tiempo. Pero las cigüeñas viven mucho. Esto de la golondrina lo hizo mi tío por la historia de la cigüeña del pueblo. En lo alto de la iglesia hay un nido de cigüeñas que parece un montón de leña. Una vez, un cura muy viejo que había en el pueblo, y que coleccionaba insectos del campo, cogió una cigüeña y le puso en una pata un anillo grande de cobre con un letrero que decía "España". Al año siguiente, la cigüeña trajo otro anillo de plata en la otra pata, con un letrero que nadie sabía leer, pero que, según un profesor que vino de Madrid a verlo, era árabe y decía "Estambul", que es una provincia de Turquía. Después, el cura cada año ataba al anillo una cintita con los colores nacionales y la cigüeña volvía con una cintita roja. La cigüeña murió en Brunete y el cura guardó en la sacristía los dos anillos y siete cintitas coloradas».

De entre el amplio abanico de arañas que podemos tener la suerte de encontrar en casa en la Península, uno de los géneros más espectaculares es el de las /Eratigena/, cuyas miembros incluyen algunas especies de un tamaño considerable para lo que estamos acostumbrados a ver. ¡Dentro #etimohilo 🧵! 👇️

Fotografía vertical de una araña del género /Eratigena/. La araña aparece vista desde arriba mientras descansa con las patas bastante extendidas en disposición radial alrededor de su cuerpo sobre una superficie blanca brillante de cerámica o loza (un bidé).

Desde hace poco el Tour de Francia «enriquece» los planos recurso de la retransmisión con sonorizaciones más creativas de lo esperado. Si la imagen aérea muestra, por ejemplo, un par de caballos, se cuelan en la pista de audio una serie de relinchos… ¡Vamos con un nuevo caso de #askanornithologist!

¡Y no están todas! El borde del pinar era una volatería de abubillas revoloteando de acá para allá, como arrastradas por el vendaval de aquella mañana en el páramo. No llegué a contar cuántas había, tarea imposible, pero nunca había capturado cinco ejemplares en una misma foto.

Cinco abubillas fotografiadas desde una distancia considerable justo al límite entre un área de cultivo cerealista y un pinar.

El monarca en su trono. Por la ventanilla abierta de un coche sin aire acondicionado se cuelan repetidamente los pitidos saltarines del buitrón. Cuesta localizarlo botando a contraluz por los aires, pero si logras fijar en él la atención, es posible seguir su trayectoria hasta la percha elegida.

Un buitrón común posado en medio de un campo de espigas doradas de trigo.Un buitrón común posado en medio de un campo de espigas doradas de trigo.

Estamos necesitando ya una serie de TEDx Talks a cargo de esta maltrecha cardera. Puedo atestiguar que incluso con semejantes pingajos por alas se las apañaba para volar. Menos rollos humanos de salir de la zona de confort… ¡esto sí que es autosuperación y supervivencia!

Una mariposa cardera posada sobre un cardo verde. Le falta buena parte de la superficie alar, con las venas filamentosas sobresaliendo a lo largo de todo el margen alar.Una mariposa cardera posada sobre un cardo verde. Le falta buena parte de la superficie alar, con las venas filamentosas sobresaliendo a lo largo de todo el margen alar.Una mariposa cardera posada sobre un terreno de pequeñas piedrecitas asoleándose. Le falta buena parte de la superficie alar, con las venas filamentosas sobresaliendo a lo largo de todo el margen alar.

—Y por eso, queridos niños, es importante que no os separéis en ningún momento de vuestra cámara de fotos 📷️ . Una tarde de chapuzón en la piscina es una ocasión tan buena como cualquier otra para encontrarse con un lagarto ocelado 🦎 bien predispuesto para un retrato.

Un ejemplar adulto de lagarto ocelado asoma la parte anterior del cuerpo por entre la hierba y la vegetación que bordea las baldosas mojadas de una piscina.

Las viboreras pasan a menudo desapercibidas. No lucen ostentosas flores de las que el ayuntamiento plantaría en un jardín. Y, sin embargo, ¡cómo me gustan a mí! Adoro cómo festonean de azul y lila los caminos, y alimentan una miríada de diminutos polinizadores tan espléndidos como esta zigena 😍.

Un ejemplar del género /Zygaena/ de alas relucientes se alimenta sobre las diminutas flores de tonos lila y azulados de una viborera.

No conceden mucho tiempo para enfocar y disparar, así que harto es que aparezcan en la foto siquiera, pero la semana pasada me di un baño de codornices de cuidado. Llevaba todo el paseo escuchándolas sin parar; presentía que iba a ser mi día… ¡Y hasta cuatro codornices conseguí ver! ¡Y fotografiar!

Una codorniz común vuela a escasos centímetros sobre un campo de trigo, justo antes de tomar tierra ocultándose de nuevo entre las espigas secas de cereal.Una pareja de codornices comunes vuela a escasos centímetros sobre un campo de trigo, justo antes de tomar tierra ocultándose de nuevo entre las espigas secas de cereal.

Igual que PPM («pequeños pájaros marrones»), también hay muchas mariposas pardo-anaranjadas para provocar el caos. Algunas, no obstante, son relativamente fáciles de identificar. La gigantesca androconia marrón de este macho de /Pyronia bathseba/, por ejemplo, es única en su género por estos lares.

Un ejemplar macho de /Pyronia bathseba) se asolea sobre un pequeño tallo dejando a la vista el anverso de sus alas anaranjadas y la enorme mancha parda de la androconia que se extiende por ambos pares de alas.

Las guías explican muy bien cómo identificar con seguridad la /Melanargia galathea/ y cómo diferenciarla de su prima /M. lachesis/. Sin embargo, sin necesidad de conocer términos técnicos de morfología lepidopterológica, es muy apreciable el predominio del negro en /galathea/, ¡hasta en vuelo!

Una mariposa medioluto de la especie /Melanargia galathea/ posada sobre una formación florar con las alas abiertas de par en par de cara al sol.

Hay cosas que ningún ser humano «normal» entendería de un naturalista. Por ejemplo, mis ganas de encontrarme con un solífugo. Mientras lo busco, me acabo de desquitar con otro de mis bichos fetiche: ¡los pseudoescorpiones! Y no me extraña que me haya costado tanto: ¡son «diminúsculos»!

Un pseudoescorpión fotografiado en vista dorsal y a través del visor circular de un microscopio.Un pseudoescorpión fotografiado en vista ventral y a través del visor circular de un microscopio.

De un día para otro los campos han perdido buena parte de su paleta de color. El abanico de verdes y los puntos de luz florida han dado paso a un gradiente de amarillos tostados precipitadamente por el sol. El rey y su corona buscan la sombra y alejan su actividad de las horas centrales del día.

Un ejemplar macho de corzo retratado de pie en un campo de cereal aún verde y salpicado de amapolas rojas. Tiene la vista vuelta hacia atrás, con el cuerpo ofreciendo los cuartos traseros hacia la posición del observador.