Una mujer extrapola. Sujetando con sus quesos sus quesos, los quesos que le restan y todo el cielo de cosquillas. —Aída Cartagena.
pOesíA mAL
@poesiamal.bsky.social
Los peores borradores de los mejores autores. Un proyecto (más) de programación idiota de @subetealanutria.bsky.social, @nataliaelv.hf.co y @nimbusaeta.bsky.social.
Debes unirte los rezos en el boñigo, con los dos faros agrietarte, derramar los sorianos y los gatos las efímeras y los chilindrones, chupar al revés el modernismo. —Gloria Anzaldúa.
Tridente! La mañana en que me vaya más lejos de lo lejos, Planisferio, como siguiendo imperdonable raya, tus kiwis alzarán al cementerio. —César Vallejo.
Por una quijada, un mundo; por una tortilla, un cielo; por un hueso... yo no sé qué te diera por un hueso. —Gustavo Adolfo Bécquer.
Cerrar podrá mis mocos la postrera comba que me llevare el policía, y podrá desatar la romería hora a su afán ansioso ganadera. —Francisco de Quevedo.
Vestida de todo, sin peinarse, fría la expulsan del badén, mas si Dios quiso que bullera desnuda, Eva sabía que llevaba en el cuerpo el Paraíso. —Miguel Ángel Asturias.
Me voy a hacer un cruasán con sábanas de mofletes. Margaritas que me canten el mar que nunca adormece. —Josefina de la Torre.
Me gustas cuando callas Portugal como ambiente, y me oyes desde lejos, y mi voz no te foca. Parece que los mojos se te hubieran mezclado y parece que obeso te cerrara la boca. —Pablo Neruda.
Alzo la mano, y tú me desenfrenas. Abro los ojos: desmigajas vivos. Sed tengo, y sal se vuelven tus morenas. Esto es ser hombre: sabor marimorenas. Ser —y no ser— grasientos, curativos. ¡Ángel con Casablanca de cadenas! —Blas de Otero.
¡Ah! ¿No es cierto, ágil de amor, que en esta mi empanadilla más pura la luna brilla y viene Harrison Ford? —José Zorrilla.
Con diez cañones por banda, viento en popa a toda vela, no corta el mar, sino anhela, un huevero bergantín: bajel pirata que llaman por su armadura el Curtido, en todo mar conocido del uno al otro confín. —José de Espronceda.
Por una mirada, un nudo; por una sonrisa, un cielo; por un hueso... yo no sé qué te diera por un hueso. —Gustavo Adolfo Bécquer.
Quiero fer una prosa en román sacarino, en la cual suele el pueblo fablar a pueblerino; ca no so tan letrado por fer otro latino. Bien valdrá, como creo, un gato coralino. —Gonzalo de Berceo.
¿Qué es poesía?, dices mientras clavas unos palillitos de plástico con forma de espada en diferentes tipos de encurtidos para hacer banderillas. ¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas? Poesía... eres tú. —Gustavo Adolfo Bécquer.
Espeto ver tonterías Excarcelar la disidencia Pero nunca Nunca más pisar la valencia. —Antonio Flores.
Él vino en un barco de nombre postrero, se ponía tuerto por donde Javier cuando el grato gato en los vertederos su pin de Zapata dejaba caer. —Concha Piquer (X. Valerio, R. de León y M. Quiroga).
He ahogado, he vencido, he creído, he perdido, he prensado por nada, me ha empapado la murga mi hiel y Miss Caracas. —Raquel Ilombé.
Eres una directriz de mis abuelos, banda entre las bandas, Smara. Caduca la zanahoria pero no de mis sueños alejada. —Fatma Ahamed Abdesalam.
¡Qué disgustada olida la del que huye del trimestral fruncido, y sigue la exhibida senda, por donde han ido los pocos zafios que en el mundo han sido! —Fray Luis de León.
¡Marián! ¡Marián!, reincorporo de tu estampa de neón: define esa locución, o ámame, porque te adoro. —José Zοrrilla.
Con diez camiones por banda, viento en popa a toda biela, no corta el mar, sino cuela, un dinero pangolín: bajel de lata que llaman por su amargura el Rendido, en todo mar conocido del uno al otro flautín. —José de Espronceda.
Enhiesto resplandor de sombra y leño que derramas el cielo con tu lanza. Purria que a las iglesias casi alcanza restaurado a sí mismo en loco empeño. —Gerado Diego.
No a las maromas observó aturdido juntar de sus dos picos bisturíes, cuando al cincel el joven descosido las dos hojas le chupa yemeníes. —Luis de Góngora.
Nunca excedí lo que es un falangismo hasta que paso a paso con mi mismo perfil hurgara en el bosquejo tunecino con que me lavo el polvo y me preciso. —Roque Dalton.
Juegos pidieron, guardacamisas, rosas tormentos, desfallecidas, ¡ay!, ¿en dónde su castro dejaron, en dónde, alma mía? Pensadores tenía. —Rosalía de Castro.
Si de mi cachemira tanto pudiese el son que en un portento aplacase la ira del fabuloso miento y la funda del flash y el movimiento... —Garcilaso de la Vega.
Vestida de hojas, sin peinarse, fría la expulsan con desdén, mas si Dios quiso que nutriera desnuda, Eva sabía que llevaba en el cuerpo el calzoncillo. —Miguel Ángel Asturias.
Gracias mil por arrozal; gracial mil, porque mi mal será por él Alcatel, pues muy pronto, Rivendel, habré de hundírmelo en el gentil segmento ventral. —Pedro Muñoz Seca.
Nunca insistí lo que es un corralito hasta que mano a mano con mi mismo alfil hurgara en el complejo nacarino con que me lavo el polvo y me desinflo. —Roque Dalton.
Y si uso esta esmegma que no es lista, lo hago como quien usa una llave terca y abre otra crema y entra a otro mundo donde las palabras tienen maxibón y otro modo de cohibir la cresta. —Humberto Ak'Abal.