Tiene la mirada perdida, esos ojos azules inmensos como el mar y heredados de su madre perdidos en esa marea borrosa que es la memoria. El contacto de la mano ajena contra su mejilla le hace cerrar los ojos. β Le dije que habΓa sido valiente, pero que podrΓa matarle en cualquier momento. >
Era una conversaciΓ³n dura, consciente del dolor que debiΓ³ de haber sentido. Porque de haber sido Γ©l quien le perdiese, hubiera permitido que Grecia acabase con el mayor mar de sangre esparcido por la tierra. Patroclo se reincorpora lentamente. Posando su mano sobre el rostro de Aquiles. Β»