Se agarra a su amigo como una lapa, apretando el tejido mugroso de su chaqueta entre sus dedos para asegurarse de que era real. — Y yo a ti, imbécil. Joder, y yo a ti.
Estrujó el cuerpo de Sciel y la levantó un poco del suelo. —Te prometo que no fue mi intención perderme —dijo con una gran sonrisa, sin llegar a soltarla—. Te he echado tanto de menos...