𝐴𝐿𝐵𝐸𝐷𝑂.
@thechalkprince.bsky.social
⠀⠀ ⠀⠀⸺ 🙝 𝐂𝐇𝐈𝐄𝐅 𝐀𝐋𝐂𝐇𝐄𝐌𝐈𝐒𝐓; 𝐊𝐍𝐈𝐆𝐇𝐓 𝐎𝐅 𝐅𝐀𝐕𝐎𝐍𝐈𝐔𝐒. ⠀ ⠀⠀︰ ᴛʜᴇ ɢᴏᴏᴅ ᴛʜɪɴɢ ᴀʙᴏᴜᴛ 'ᴏʀᴅɪɴᴀʀʏ' ɪs ᴛʜᴀᴛ ᴇᴠᴇʀʏᴛʜɪɴɢ ɪs ᴀɴ ᴏʙᴊᴇᴄᴛ ᴏғ ʀᴇғᴇʀᴇɴᴄᴇ...
⠀ ⠀ ⠀⠀ ‘ and in the world, in ౨ৎ conclusion, ⠀ ⠀ everyone dreams of what ִֶָ they are, ⠀ ⠀ though ── no one understands it. ' ⠀⠀ ⠀ ⠀ ⠀ ⠀ ⠀⠀ ⠀ ⠀ ' / 𝗈𝗅𝗂𝗏𝖾𝗋 𝗄. 𝗌𝗍𝗋𝖺𝖽𝗂𝗏𝖺𝗋𝗂 ⠀ ⠀
⠀⠀ ⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀QUAND ︵ TOUT SERA ˎˊ MORT ⠀⠀⠀⠀QUAND ⁺⠀ LA PASSION ﹅ AURA ⠀ ⠀QUITTÉ ५ MON CORPS ⠀ ⠀JE ME REPRENDRAI ── (🎻) ⠀ ET JE ࣪ TE QUITTERAI SANS UN REGRET . ⠀⠀
—Albedo alza las cejas con curiosidad. Es observador por naturaleza, así que no le pasan desapercibidos los gestos, la comunicación, entre Diluc y Kaeya. No la comprende, claro. No guarda ese tipo de cercanía con ellos. Desconoce, de hecho, los entresijos de aquella unión que une y los separa. >
Ignórala, es un poco paranoica. —La mujer le suelta una ristra de improperios, claramente afectada ya por el alcohol—. Amén. —Kaeya levanta la mano para pedir dos copas y Diluc no dice nada, pero si Albedo se fija, podrá percibir, quizá, que están hablando en silencio, cruzando miradas.
—¿Acaba de llamarle bruja? Un deje de sorpresa y diversión amenaza con dibujarse en sus ojos, pero Kaeya abre pronto la puerta y aquel gesto del homúnculo muere en el umbral de la misma. Le sorprenden los gritos ajenos, casi paralizado por el alboroto que aumenta cuando su presencia es >
No me mires como si fuese una de tus pócimas, bruja. Podría hacerme la idea equivocada. —Es un buen intento de salvar fachada antes de abrir la puerta y que un coro de borrachos comience una ristra de silbidos e improperios que solo se acrecentan cuando Albedo entra tras ellos—. Ignórales. +
// Que le ha llamado bruja me descojono le amo
No me mires como si fuese una de tus pócimas, bruja. Podría hacerme la idea equivocada. —Es un buen intento de salvar fachada antes de abrir la puerta y que un coro de borrachos comience una ristra de silbidos e improperios que solo se acrecentan cuando Albedo entra tras ellos—. Ignórales. +
¿Es que hablas sobre mí a tus compañeros de taberna? —No aparece en sus labios una sonrisa, no esta vez. O no, al menos, en sus labios. Sin embargo, su mirada se afila con una curiosidad que escruta a Kaeya de arriba a abajo. Normalmente no han tenido muchos acercamientos al margen del trabajo. >
No me lo había tomado como algo personal. —Reconoce, deteniéndose frente a la puerta de la taberna. Hace una pausa, sabiendo que esto es una idea terrible—. Escucha, te digan lo que te digan estos patanes sobre mí es mentira, ¿Entiendes? Mentira. Todo. Especialmente si te incluye a ti. —Dice, con
Oh, no. Yo no había pensado nada extraño, no se preocupe.
—Albedo parpadea un par de veces y sonríe, con infinita educación—. Avergonzada.
Mi desconfianza no es nada personal. —Su naturaleza, quizás. Sus líneas difuminadas en lo que se refiere a las relaciones interpersonales. De hecho, pese a su tranquilidad, en el fondo se siente internamente inquieto por ir a algo tan común como... Acudir a una taberna—. ¿Es aquí, cierto? El >
Hm, ¿Un cumplido del Capitán del equipo de Investigación? Debe ser mi día de suerte. —Responde, soltando una pequeña carcajada para indicar que, efectivamente, se trata de una broma. Aunque no lo sea. Mentir y decir verdades para bromear son habilidades muy comunes para Kaeya—. Supongo que por fin
Lohen, no seas indiscreto. ¿No ves que la caballera Amber está azorada?
—Albedo está acostumbrado a hacer bien su trabajo. Es ridícula y en ocasiones inmoralmente bueno haciendo su trabajo. No está habituado a hacer bien las cosas, o a hacerlas, en lo que se refiere a ser una persona. Quizás es por ello que las palabras de Kaeya logran asentar la serena pero molesta >
Hay cosas que nadie sabe responder. —Dice, colocando las manos tras su espalda mientras pasean. Kaeya no sabe mucho sobre ser hermano, menos sobre ser padre, pero sí pasa el tiempo suficiente con Klee, y ahora con Durin, para saber que es complejo, a veces, explicar lo que implica... ser. +
No. Los Caballeros de Favonius parecen a veces... —Un loquero. Parece un loquero. Pero uno al que se acaba sintiendo apego y aprecio. Al principio, Albedo no lo entendía. Ahora se siente como una extraña pieza más en aquello. Su pregunta le sorprende un poco y permanece en silencio unos >
No somos pocos aquí los que hemos tenido que gestionar muchas cosas. —Responde, ahora algo más tranquilo. A fin de cuentas, la conversación le ha distraído lo suficiente de su patético enamoramiento infantil—. Está en el sitio correcto. Y sé que nadie se atrevería a cuestionar eso. ¿Cómo se
Lo es. Y es sorprendente el orgullo con el que lo lleva. —Le observa de reojo. Está verdaderamente agradecido de que Durin sea tan aceptado en los caballeros y en Mondstadt y no le cabe duda de que es, en parte, gracias a Caballeros como Kaeya—. De todas formas, gracias. Aún es un crío con un >
Si me permite opinar, Don Sombrero es un nombre bastante estúpido. —Replica, aunque no pretende sonar celoso (aunque lo está). La verdad es que detesta la forma en que Durin se derrite hablando sobre él. Aunque no le culpa, claro—. No tiene que darme las gracias, Capitán. Me gusta que los recién
if u see me being a fool in front of a beautiful blonde man don't save me i'm exactly where i want to be
Ah, Don Sombrero. —Sonríe y comienza a caminar a su lado. A paso lento, pero tranquilo. Observa a Kaeya y cómo esquiva su mirada. Es interesante—. Supongo que somos las figuras que ha tenido como referentes en su desarrollo... Es normal. Don Sombrero tiene muy buena mano con él. —Pequeña pausa—. >
Oh. No. No, no, no. Durin no... —Sacude la cabeza rápidamente—. Pero me lo llevo conmigo muchas veces a misiones de reconocimiento y... tú fuiste nuestro único tema en común muchos meses. —Añade, y la vergüenza le hace apartar la mirada de nuevo y apretar los labios—. Quería que se sintiese
¿Durin va a las tabernas? Qué... Precipitado. —No le sorprende, por otro lado, que hablen de él. Es consciente de que su propia presencia, su propia existencia, es polémica. Se levanta, con tranquilidad, y el pajarillo se marcha de su hombro—. Espero que al menos lo cuides bien.
Todo el mundo es un tema recurrente en esa dichosa taberna. —Aunque Kaeya está seguro que nadie tanto como el polémico Albedo. Principalmente por sus diatribas (bajo la influencia del vino) sobre la suavidad de aquellos cabellos rubios. Y por el juicio, claro. La sonrisa de Albedo se afila y
¿Los chicos tienen ganas de conocerme? —No puede evitarlo. El tan siempre seguro capitán de caballería de repente tan... Revuelto es una escena interesante. Su sonrisa se afila un poco—. ¿Qué quieres decir con eso, Capitán? ¿Soy un tema recorrente en la taberna? —Alza las cejas con suavidad—. >
—Sus muertos—. Qué guay. —Pausa. Le mira. Aparta la mirada. Le vuelve a mirar. La sonrisa sigue ahí. Kaeya se va a desmayar, le está faltando el aire—. Me alegra que vengas, los chicos tienen ganas de conocerte. —¿Será por las diatribas alcohólicas de Kaeya?—.
—Sonríe. Un poco al menos. Es la primera vez que le invitan a beber. También es porque poco a poco se está sintiendo más... Humano—. Está bien. ¿Por qué no?
—Ha cometido el error de devolverle la mirada momentáneamente e imaginárselo después de unas copas. Un poco sonrojado, el aleteo suave de pestañas... Que Barbatos se apiade de él—. No veo por qué no.
¿Es una invitación a que vaya a beber con vosotros? —Su mirada se suaviza, algo sorprendido. Sabe que probablemente no lo sea, pero eso no quita la sorpresa de la posibilidad. Con todo, no por ello aparta la mano de su mentón, inquisitivo—.
—Por Barbatos, que deje de mirarle ahora mismo o Kaeya no se hará responsable de sus acciones—. Tal vez debería visitarnos más en la cantina, Capitán. Así conocería la auténtica personalidad de nuestro arconte.
¿Pesado? Si nos deja libre albedrío —bromea y continúa observándole. No acaba de comprender sus reacciones, pero son llamativas. Son curiosas. Parece nervioso—. Aunque, claro, yo no lo sufro en las cantinas...
—Esos ojos envuelven completamente a Kaeya, así que se ve obligado a huir de ellos, dirigiendo los propios a algún punto indeterminado de la habitación; aunque la sonrisa se mantiene—. Bueno. Sí que es verdad que es un poco pesado...
No, al menos, con el nuestro. —Apoya el mentón en la palma de la mano, observándolo con curiosidad—. Nuestro Arconte nunca nos pediría eso. Y siempre estamos junto a él.
Sois una persona terrible, Capitán. —Replica, fingiendo indignación—. Mis asuntos personales no suelen entremezclarse con los de los arcontes