Un libro al día

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Hoy en ULAD: Nieves Mories: La noche para las de la noche

Nieves Mories: La noche para las de la noche

Idioma original: EspañolAño de publicación: 2026Valoración: Recomendable (con matices) El nombre de Nieves Mories aparece de vez en cuando en mi periplo lector. Siempre lo hace encabezando ficciones adscritas al género de terror redactadas con una prosa cuidada y sensible, que rezuman ideas frescas, abundan en imágenes indelebles y son atravesadas por personajes llenos de claroscuros. La noche para las de la noche es la tercera novela de la autora que leo. Si bien no me ha gustado tanto como Agujeros de sol ni tiene el arrojo y ambición de la coescrita junto a Francisco Jota-Pérez Modulorama, ostenta una calidad indudable. Asimismo es, como casi todas las ficciones de Mories, sugerente y densa sin pecar de rebuscada o espesa. La noche para las de la noche transcurre en Castralba, un pueblo de la España vaciada sometido por el calor inclemente, rodeado de paisajes hostiles y habitado por presencias ominosas. Un día, Diana aterriza en él, víctima de una grave insolación. Pero resulta esta mujer no es la típica urbanita extraviada, cosa que los dos lugareños que la acojen para tratarla parecen saber mejor que ella. En La noche para las de la noche, Mories ofrece su aportación al género del "folk horror". Evidentemente, dicha aportación se realiza desde una perspectiva castiza, diferente a la habitual, propia de los anglófonos; además, en dicha aportación hay algo de crítica al terror rural, pero ésta carece de distanciamiento cínico o superioridad, e incluso roza putualmente la autoparodida. El argumento de La noche para las de la noche se narra desde cuatro puntos de vista distintos, tres de ellos apegados a cada uno de sus protagonistas y el último de dudosa procedencia. Esto permite que, a nivel estructural, la información se dosifique según Mories pretende, y que a nivel estilístico haya cierta variedad. La solvencia literaria de Mories queda plasmada en en el dibujo de un par de escenas horroríficas y en la magnífica descripción, en los últimos compases de la novela, del progresivo abandono de Castralba. También en el despliegue de un buen misterio, algo hermético pero satisfactoriamente desarrollado, y en la composición de un elenco tan simple como eficaz. De modo que La noche para las de la noche es una muestra del buen hacer de Mories. Quizá la lentitud y opacidad de la novela se le atragantará a más de uno; sin embargo, estoy convencido de que los amantes del terror que se armen de paciencia y se esfuerzen por desvelarla valorararán su atmósfera, su imaginería y determinadas secuencias. También de Nieves Mories en ULAD: Aquí

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Hoy en ULAD: Brian Azzarello & Eduardo Risso: "Mooshine integral"

Brian Azzarello & Eduardo Risso: "Mooshine integral"

Idioma original: inglés Título original: Moonshine: The Complete Collection Año de publicación: entre 2017 y 2021, por entregas (28). 2023 como recopilación integral. Traducción: Diego de los Santos Valoración: muy recomendable "Moonshine" significa en inglés el brillo o  la luz de la luna, pero también es una manera de llamar al alcohol destilado ilegalmente, pues por lo general se solía fabricar de noche, más aún en los  EE.UU. de la época de la Ley Seca, que es cuando se desarrolla la historia que nos cuenta este cómic. Una época en la que los gángsteres se hicieron de oro vendiendo bebercio al sediento personal, pero claro, de algún lugar tenían que sacarlo... En este caso, el mafioso Joe Masseria manda a sus chicos a las montañas de Virginia para conseguir el suministro del whiskey fabricado por los Holt, una familia de hillbillies bastante cazurros con sus cosas, por lo que los gángsteres de Nueva York se ven obligados a convencer al patriarca Hiram por las buenas o por las malas... Pero el título también hay que interpretarlo literalmente, como la luz de luna que puede tener efectos imprevistosa en ciertas criaturas. Como, por ejemplo, sobre los licántropos, hombres lobo o, ya que nos las tenemos con mafiosos, lupi mannari. De cuya maldición, básicamente, es de lo que trata esta historia, aunque no sólo; también encontramos fantasmas, zombies, vudú y asesinos en serie... Todo un festival del terror que anima una serie de cómics obviamente no apta para el público infantil -aparte de cualquier otra circunstancia, porque aquí el gore es bastante explícito- y que resulta, en cambio, todo un disfrute para los seguidores de este género, así como del género negro, en su versión más clásica (además de gángsters, mujeres fatales, antihéroes, pasiones desesperadas y todo eso). Como quien esto escribe es fan de ambas cosas, terror y noir -incluso del toque splatter-,  podéis imaginar lo bien que me lo he pasado con este libro... Una historia dividida en 28 capítulos que, a pesar de su extensión -680 páginas en total-, de desarrollarse en diferentes escenarios: de los Apalaches a Nueva York pasando por Luisiana y Cleveland, y un montón de personajes -algunos reales, como Masseria, Lucky Luciano y Elliot Ness-conserva una meritoria unidad y coherencia desde el principio hasta el final, si bien es cierto que la podríamos dividir en cuatro partes diferenciadas, de unos seis capítulos o entregas cada una -un poco más larga la última, pues incluye el colofón final-; ya digo que ambientadas en diferentes lugares de Estados Unidos y con personajes que se repiten y otros que no, pero que en ningún momento pierden la hilazón entre unas partes y otras. Además, por supuesto, de que todas tienen el mismo protagonista: el desventurado Lou Pirlo o Lou el Guapo, torturado y maldito, pero inevitablemente humano en su afán por someter siempre infortunados errores y ceder a sus debilidades; resulta imposible no tenrle simpatía, en suma... Todo ello constituye un guión de Brian Azzarello estupendo, muy trabajado, y con personajes y escenas memorables (me parece de lo más idóneo para adaptarlo a una serie de televisión de esas que luego lo petan en Netflix o HBO... si bien quizás habría que rebajar un poco la carga truculenta. Aunque cosas peores pueden verse, por otro lado). Y si el guión es bastante notable, las ilustraciones ya merecen matrícula de honor. Magníficos dibujos del argentino Eduardo Risso , que no dejan de maravillar una página tras otra, y  apuesto aque no resulta fácil mantener el nivel en un cómic de semejante extensión, pero él lo consigue e incluso se supera viñeta a viñeta. Muestra además una gran destreza, tanto en los encuadres utilizados en cada plano como en la planificación de las páginas, sin olvidar el magistral uso que hace del color y que, sin estridencias consigue crear la ambientación más adecuada tanto para los momentos terroríficos como los de tensión o las escenas de acción -pues hay un montón de éstas, tiroteos incluidos, cómo no-; el estilo, por otra parte, recuerda bastante al Torpedo 1936 del enorme Jordi Bernet, aunque aquí el efecto dramático (dramático-humorístico, en realidad) se ve muy matizado por el color. A veces para resaltarlo, ciertamente... En cualquier caso, una auténtic gozada para la vista

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Hoy en ULAD: Jon Fosse: El otro nombre (Septología II)

Jon Fosse: El otro nombre (Septología II)

Idioma original: noruego Título original: Det andre namnet Traducción: Cristina Gómez Baggethun y Kirsti Baggethun Año de publicación: 2019 Valoración: Recomendable El segundo volumen de la Septología de Jon Fosse, aparte de ser de magnitud más reducida, presenta ciertas novedades siempre lógicamente dentro de la línea iniciada con el anterior. Fosse conserva el tono y la atmósfera oscura, de cierta pesadumbre propia del pintor que se sumerge en sí mismo y dialoga con las obsesiones y pesadillas de una vida, y las posibles alternativas que fueron frustradas, se abandonaron o quedaron cristalizadas en algún lugar que ahora visita y donde interactúa. Tampoco hace concesiones formales, podría afirmar que no hay un solo punto en todo el libro, y el recurso del monólogo interior parece innegociable aunque con algunas variantes. Una de ellas sería que el discurso resulta ahora más lineal, y por tanto de lectura más fácil. Hay menos meandros entre las realidades paralelas que crea el autor, una herramienta antes ampliamente utilizada y que le otorgaba un plus de interés al relato. En este segundo volumen se recurre sobre todo al salto temporal, el flash back que remonta hasta la infancia de Asle para presentar un par de escenas inquietantes. El Asle-niño decide, por su cuenta y en compañía de su hermana pequeña, explorar lugares que los padres expresamente les han prohibido: la playa, el muelle, la casa azul… Aparte de caracterizar muy bien al personaje, el paseo de los dos niños transmite en segundo plano un grado de tensión poderoso y creciente. Simultáneamente, el perfil adulto del pintor dibuja ahora solamente su entorno más próximo, con el extraño vecino que ya conocimos en la primera parte y al que observamos desde otra perspectiva: el vecino Asleik, al parecer el único medianamente próximo a nuestro protagonista en su hábitat remoto rodeado de montañas, fiordos y poblaciones dispersas y diminutas. El aislamiento, seguramente voluntario, es otro de los síntomas de la asfixia existencial que preside el relato, y que empuja a Asle a entrar y salir de otras vidas que fueron posibles y que todavía no siente que hayan quedado descartadas. De ahí la confusión que genera el juego de los nombres, que por lo que veo se reproduce también en otras obras de Fosse, que de alguna manera parecen ser también variantes de una misma historia. Asle, Asleik, Ales y algún otro que no recuerdo no solo bordean la homofonía sino que se desdoblan en personajes diferentes o en personalidades que pudieron ser o fueron, de la misma forma que otros personajes con nombres que comienzan por G (algunos también múltiples) parecen conformar otro grupo que vaya usted a saber por dónde, por qué o cuándo se terminan por definir, posiblemente nunca. Claves todas ellas de un juego algo diabólico pero sumamente atrayente, siempre conducido mediante esa prosa hipnótica y sin tregua que Fosse maneja con suma habilidad. Algo que parece construido para quienes disfrutan con lecturas no tan fáciles, que se salen del carril y son capaces de absorber al lector.  Advertencia: aunque, como decía antes, la lectura es más sencilla que la del primer volumen, es recomendable conocer un poco el inicio del relato para captar mejor su esencia. ¿Nos aventuraremos en los cinco volúmenes que aún faltan?Unos cuantos libros de Jon Fosse reseñados en ULAD: aquí

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Hoy en ULAD: Sara Mesa: Oposición

Sara Mesa: Oposición

 Idioma original: español Fecha de publicación: 2025 Valoración: Recomendable Sara Mesa es una escritora que no deja indiferente. Es un tema recurrente que en muchos medios, incluido este blog, cada nueva publicación de la escritora madrileña se convierta en el centro de enconados debates entre los que la consideran una de las más originales voces de la literatura española contemporánea y quienes la consideran un bluff, una escritora con un éxito sobredimensionado con respecto a la calidad de su obra. ¿Qué territorio piso yo? Pues me quedo un poco en tierra de nadie. Me gusta su forma de escribir y los dilemas morales que suelen encerrar la mayoría de sus novelas, pero considero que, en algunas ocasiones, no consigue cerrar bien el desarrollo de sus libros. Voy a mojarme y les diré que Cicatriz, me parece una excelente novela: original, atrevida y sugerentemente perversa. Después de esta, espero que consideren breve introducción, vamos con la novela que ocupa esta reseña. Debo advertirles previamente que si no tienen el menor interés en saber como se desarrolla la jornada laboral de un funcionario de administración general, este libro no es para ustedes. Porque eso es lo que nos presenta Sara Mesa en su última novela, el rutinario desarrollo de la jornada laboral de una funcionaria interina durante meses en un puesto de trabajo cuyas funciones y atribuciones no están nada claras. Alrededor de esta funcionaria, Sara, se despliega una entrañable galería de funcionarios (Beni, el Monago, Teresa, Echevarría, el enigmático jefe de negociado dos...) que intentarán transmitir a Sara su fe en la necesidad de la existencia de la administración: "Los trámites son como los ladrillos de una casa se colocan uno sobre otro con lentitud y con cuidado: visto desde fuera, puede resultar un trabajo mecánico y tedioso, pero es la única garantía de solidez". En este sentido, Oposición puede recordarles lejanamente a El castillo de Kafka. Si en aquella novela el agrimensor K se presentaba a un puesto de trabajo para el que nadie parecía haberle convocado y se veía envuelto en una  interminable serie de encuentros con funcionarios que ignoraban el objeto de su estancia en el lugar, en esta novela, Sara, nuestra protagonista, se pasa semanas enteras acudiendo a un puesto de trabajo sin que nadie sepa aclararle las funciones que debe realizar. No obstante lo anterior, aquí se acaban los parecidos, mientras la novela de Kafka destila un profundo e inquietante aroma de pesadilla, repleto de monólogos, diálogos y situaciones surrealistas de un alto nivel intelectual que la convierten en una obra maestra, Oposición no pretende llegar a tan intrincado nivel de análisis psicológico,  simplemente nos presenta la rutina diaria de un variopinto grupo de funcionarios que forman un complejo entramado laboral perfectamente reconocible que funciona según sus propias reglas. La escritora madrileña aprovecha su propia experiencia personal como funcionaria para describirnos un universo caótico y jerarquizado, donde si el trabajo no existe se inventa. Eso es lo que le ocurre a nuestra protagonista. Después de meses vagando por los pasillos se le encomienda que se haga cargo de tramitar las reclamaciones de los ciudadanos a través de una nueva aplicación que se llama Réplica. Sara acoge esta tarea con entusiasmo porque entiende que por fin va a realizar una tarea útil. El problema es que la herramienta es un fracaso, apenas se reciben reclamaciones,  y Sara se hunde en el más profundo desconsuelo: "Cuando empecé a abandonar mis funciones y a redactar los informes de cualquier modo, solo para acabar cuanto antes, sin prestar atención a la exactitud de los datos, ni a la precisión del lenguaje, ni a los formatos tipográficos, ni a las incongruencias, ni a nada, hice un descubrimiento terrible: nadie apreciaba las diferencias". Sara decide salir de esa situación de estancamiento y realizará un último intento subversivo de rebeldía, poniendo en circulación una serie de documentos a través de la  aplicación que gestiona, que pondrán a prueba la solidez del edificio burocrático que la rodea y su propia carrera laboral, puesto que Beni ha convencido a Sara para que se integre en la administración y prepare unas oposiciones.   Nuestra protagonista ha provocado un cataclismo funcionarial de enormes dimensiones, del que no sabe si se derivarán consecuencias disciplinarias, pero no le importa: "Tengo miedo a pasarme la vida atrapada en un edificio como ese. A que la monotonía se convierta en costumbre y después en necesidad". Precisamente, la incoación del expediente disciplinario y la comparecencia de nuestra protagonista ante el órgano instructor es uno de los momentos más divertidos de la novela. Y la novela acaba como comienza, con nuestra protagonista sumida en un mar de dudas y enfrentada al dilema de presentarse a una oposición para integrarse en un mundo al que no tiene claro si quiere pertenecer. Es esta una novela para leer con calma.  Sara Mesa intenta transmitirnos las inquietudes de nuestra protagonista narrando la historia con un ritmo lento y sosegado, haciendo que nos fijemos en los pequeños detalles de su vida laboral. Parece que no ocurre nada y es que , efectivamente, durante muchas jornadas no ocurre nada. Al menos nada relevante. Crea  una novela con un ambiente hasta cierto punto opresivo, claustrofóbico, que se desarrolla casi exclusivamente en la oficina, y nos presenta a nuestra protagonista como una luchadora contra la apatía de una organización que la sobrepasa. Quizás la descripción  del día a día funcionarial se acaba convirtiendo en una pequeña rémora para el desarrollo de la historia. La escritora madrileña apenas introduce giros en su desarrollo y, en algunos momentos, la historia nos puede resultar aburrida y hasta tediosa, pero quizás ese es el ambiente que nos quiere transmitir Sara Mesa, puesto que lo conoce de primera mano. Si es así, evidentemente, lo ha conseguido. Otras novelas de Sara Mesa en Ulad: Mala letra, Un incendio invisible, Cara de pan, Cuatro por cuatro, Cicatriz, Un amor

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Hoy en ULAD: Jordi Amat : Las batallas de Barcelona

Jordi Amat : Las batallas de Barcelona

Idioma original: catalán Año de publicación: 2025 Valoración: muy recomendable* Me la voy a jugar a que, en el momento en que esta reseña se publique, este libro haya sido traducido ya al español. Confieso no tener ni idea si eso se ha previsto ya o no, pero he de confiar en mi intuición lectora y especulo que, mucho me decepcionaría el universo editorial (dejo a vuestra elección delimitar su ámbito geográfico) si esta avasalladora colección de artículos, emparedada entre sendos sustanciosos prólogo y epílogo, queda restringida al lector en catalán. Amat lleva un tiempo siendo una referencia a seguir, y libro tras libro esto solo hace que confirmarse. Independientemente de lo que uno pueda alinearse con sus opiniones, éstas siempre son expuestas y razonadas de forma impecable y contundente. Y diría que a su edad (aún no alcanza la cincuentena) hablamos de un futuro esplendoroso,  al que dudo que seduzca ni la omnipresencia ni la hiperactividad que a tantos obsesiona y perjudica.  Claro que un libro como Les batalles de Barcelona es cualquier cosa menos precipitado e improvisado. Hablamos de casi trescientas páginas que incluyen un listado de referencias que incluye accesos a hemerotecas, discos, películas y, por supuesto, un montón de libros que es muy difícil de ignorar. A medida que engullía estos artículos he acudido a esas referencias, pues Amat incluye profusión de párrafos sobre ellas y, ante ese aluvión, los letraheridos solo tenemos la opción de la salivación compulsiva. O ya iréis viendo en mis siguientes reseñas. Tenemos aquí cincuenta años (de 1975 a 2025) de una ciudad inquieta y cosmopolita que presenciaba expectante la muerte de un dictador y se preparaba para recuperar el tiempo perdido, no solo resolviendo el atraso acumulado tras cuarenta años a espaldas de lo que sucedía más allá de los Pirineos, o del Mediterráneo, sino también acometiendo la necesidad de conjugar todas las fuerzas que bullían en su interior y aglutinarlas, de alguna manera, en una magnitud vectorial que aprovechara ese empuje reprimido. Por supuesto, con los problemas de la época, por supuesto, con la proverbial idiosincrasia catalana, siempre tan compleja y contradictoria en su disparidad de objetivos, pero, a través de la magistral narrativa de Amat, afrontándolos, no siempre de forma eficaz.  Demasiada información para comprimirla en una sinopsis. Amat, desbordante en menciones que abarcan todo tipo de campos culturales, apenas muestra alguna disculpable digresión cuando, en los capítulos referidos a la inflexón olímpica de 1992 acumula un exceso de menciones a políticos, mandatarios y técnicos de distintos  niveles de fama. Se muestra, como no, enormemente crítico con la evolución que nos ha llevado a la preocupante situación actual: una fascinante ciudad que se ha convertido en un parque temático para turistas y en un lugar en el que solamente clases adineradas, herederos y expatriados de otros países más ricos pueden vivir. Me gusta que lo haga sin apelación nostálgica, pero me asusta que no haga amago de posibilidad alguna de que ello se pueda revertir. Por supuesto, en medio de referencias locales y escenarios reconocibles, hay aspectos extrapolables a lo que son las problemáticas de las grandes urbes de Occidente, aquellas que han atravesado crisis, periodos de pujanza, aquellas que se han beneficiado del empuje de sus sociedades y sufrido con la imperturbabilidad de algunos estamentos, a pesar muchas veces de sus políticos, por lo que no solo si se es barcelonés este texto es prácticamente imprescindible. De Amat, reseñado en ULAD: aquí *Imprescindible y casi canónico para cualquier residente en Barcelona que tenga interés en lo que pasa a su alrededor

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Hoy en ULAD: Thornton Wilder: Los idus de Marzo

Thornton Wilder: Los idus de Marzo

Idioma original: inglésTítulo original: The Ides of MarchAño de publicación: 1948Traducción: María Martínez SierraValoración: bastante recomendable Queridos comentaristas ULADianos, siempre quedo agradecido a la hora de rebuscar en los comentarios (por más viejos que sean; saqué la mención de esta novela en una entrada de 2016), porque ciertos libros llaman mi atención y permiten que descubra obras como esta. La particularidad de esta novela es que está escrita de forma epistolar, pero hasta por ahí nomás, porque no cumple estrictamente con que las cartas sean de un personaje a otro; también hay documentos, listas de compras y provisiones (que casi siempre son ridículas y por eso mismo se adjuntan), reglamentos de rituales, edictos, panfletos, volantes y pintadas de grupos en contra del César. Más allá de la obvia distinción, también hay otra más estructural y técnica, y es que cada parte del libro cubre la mirada de un personaje hacia el César y ciertos eventos que se extienden a lo largo de la trama, sincronizándose eventualmente con los demás pasajes, que arrancan siempre meses atrás del último suceso de la anterior parte. Es decir, el último capítulo de la primera parte está cronológicamente más avanzado que el primero de la segunda parte, pero a la vez la segunda parte alcanza de forma prematura la cronología establecida, mostrando así un complejo retrato de la sociedad romana y, sobre todo, de la progresiva desconfianza y paranoia que se va instalando entre el César y su entorno.  Cada parte se centra en un tema y personaje en específico: por ejemplo, hay una donde las cartas remiten a los rituales de las vírgenes vestales (un ritual importantísimo en la trama y de la cual se desencadena el hecho clave a la hora de los Idus de marzo) y a la llegada de Cleopatra al mismo tiempo; en otra se comentan las fiestas de la nobleza, representada en la figura de Clodia, una señora que especula constantemente con rebajar (como mínimo) y asesinar a Julio César. Este último es un fantasma que recorre toda la novela y se solidifica en algunas cartas: Wilder lo muestra como alguien aquejado del rol de emperador y también como alguien extremadamente culto, que ha reflexionado sobre sus acciones y sacado algo en claro (en ese sentido, comparte la misma nostalgia y resignación que el Augusto de John Williams en El hijo del César). Por eso, los intentos de asesinatos no lo sorprenden, hasta le aburren; su tono está cargado de melancolía y de cierta ira, no tanto por los que lo rodean, sino consigo mismo por no tener la capacidad de cambiar la naturaleza humana. Al final, no importa si es una licencia poética, acepta su muerte con la dignidad que le resta, cubriéndose como puede de que el populacho no vea las heridas. Ahora bien, este cultismo de César se extiende a casi todos los personajes (salvo algunos personajes como Pompeya, la segunda esposa de César, que en la traducción la hacen despedir ocasionalmente con "achuchones", lo que me causó bastante gracia, ya que el tono general de su personaje es más frívolo respecto al común denominador), pero, por suerte, Wilder tiene la habilidad suficiente como para que ninguna carta se repita de tono y nos hace adivinar el personaje que las escribe con tan solo dos líneas. Es de admirar cómo consigue que se lea con la misma fruición que una novela histórica de alta calidad, similar a Yo, Claudio, con tan solo cartas y listas de compras. Por algo Borges admiraba esta novela. Mientras avanza la historia el tono empieza a volverse sombrío, conspiranoico; en las últimas dos partes se mencionan constantemente las reuniones para matar al César, las ya citadas pintadas, el descubrimiento de ellas, la formación de otras alianzas, etcétera, hasta que todo se desencamina en los Idus de marzo (por lo cual es difícil que haya una sensación de sorpresa, habida cuenta que la mayoría sabe lo que significa ese término). Es por eso que la novela no se sustenta tanto en la trama, sino en una prosa de altísimo nivel, personajes filosóficos, reflexiones hondas y un ritmo vertiginoso, en donde cada pieza encaja a la perfección y revela nuevas cosas acerca de las partes que veníamos leyendo anteriormente.

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Hoy en ULAD: Colaboración: Una muerte muy dulce, de Simone de Beauvoir

Colaboración: Una muerte muy dulce, de Simone de Beauvoir

Idioma original: Francés Título original: Une mort très douce Traducción: María Elena Santillán  Año de publicación: 1964 Valoración: Bastante recomendable Simone de Beauvoir, aparte de ser un icono feminista de mediados del siglo pasado, de ser la musa del filósofo existencialista Jean Paul Sartre, de ser una intelectual enorme que resquebrajó las estructuras psicosociales de identidad de género, y de ser una persona pública comprometida con causas políticas, aparte de todo eso, Simone de Beauvoir era un ser humano. Y en este libro, esa es la voz que narra.  Una muerte muy dulce es la cuarta novela autobiográfica que escribió la autora, y trata sobre la muerte de su madre. Es un libro corto y está escrito como si de un diario se tratara: comienza con el ingreso de la madre en el hospital y termina con su fallecimiento pocas semanas después. En ese tiempo, acompañamos a de Beauvoir en gestiones administrativas, conversaciones con médicos y enfermeras, acuerdos logísticos con su hermana y con su pareja, idas y venidas, noches de insomnio, reflexiones sobre la vida y la muerte; en fin, todas esas cosas, grandes y pequeñas, que conforman los días de la gente. Y es una experiencia profunda y enriquecedora, porque Simone de Beauvoir es muy inteligente y escribe con agudeza.  En las 150 páginas que tiene este libro, la autora aborda temas muy complejos: la responsabilidad de amar, las relaciones madre-hija, la religiosidad, la existencia humana. No se explaya con ninguno, pero es certera en sus razonamientos. De forma casi clínica, disecciona sus pensamientos sobre estas cuestiones y expone sus opiniones con claridad, sin sentimentalismo. Se agradece. La prosa destila lucidez y humanidad. Y luego está el tema de lo que significa ser mujer en el tiempo que le tocó vivir a de Beauvoir. Curiosamente – y digo curiosamente porque Simone no se solía andar con rodeos respecto a este asunto – en este libro no trata el tema de manera frontal, pero está siempre presente. Está presente cuando habla de su madre, de qué tipo de persona era, qué motivaciones tenía; habla de ella con respeto y cariño, pero también con distancia, desde cierta perspectiva crítica, quizás por sentirse lejana de esas motivaciones. Pero sobre todo el tema está presente en las escenas que transcurren en el hospital: la arrogancia de los médicos (todos hombres) hacia Simone, su madre y su hermana, la violencia con que despachan sus opiniones y peticiones, la superioridad que emanan, y la consiguiente sumisión y resignación por parte de ellas, todo esto describe de manera infalible cuál era la actitud que se esperaba (quiero pensar que mi uso del pretérito aquí es acertado) de las mujeres. Sin embargo, como dije, no hay nada subrayado de manera explícita. Y también esto se agradece. Porque si fuera de otro modo, el libro quizás resultara panfletario, y no sería justo, porque es – parece – un libro sincero. Bastante recomendable.Firmado: Yaiza P. Otras obras de Simone de Beauvoir reseñadas en ULAD: Los mandarines, La mujer rota

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Hoy en ULAD: Jakob Wassermann: Golowin

Jakob Wassermann: Golowin

Idioma original: alemán Título original: Golowin Traducción: Miriam Dauster en castellano para Navona Año de publicación: 1920 Valoración: entre recomendable y muy recomendable En ese inacabable (aunque placentero propósito) de ponerse al día con los clásicos, en esta ocasión le toca el turno a Jakob Wassermann, autor alemán de finales del siglo XIX, idealista comprometido con la idea de la justicia y al que en ocasiones se compara con Dostoyevski. En esta breve novela, el autor centra el relato en su protagonista principal, María von Krüdener, una dama de alta sociedad que, después de no tener noticias de su marido después de cinco meses de su partida, decide viajar desde Tula a Cáucaso con sus cuatro hijos y una sirvienta con el propósito de llegar a Kislawodks donde espera encontrar noticias de su marido Alexander que había huido a Persia tras estallar la Revolución Rusa; un personaje firme y noble, alguien que «cuando él alzaba un puñado de tierra sopesaba y examinaba todo su país bajo el cielo y con su gente encima (…) que cuando se disponía a hablar con sus campesinos para dictar justicia lo hacía desde la máxima responsabilidad, como si su sentencia fuera a quedar grabada para toda la eternidad». Resumido de esta manera el argumento de la novela, bastan unas pocas páginas para evidenciar en el estilo del autor los aires de la literatura clásica a través de su ritmo, el ambiente aristocrático en el que se desenvuelve la obra, la marcada diferencia de clases entre los personajes y la manera de dirigirse unos a otros; detalles que uno puede encontrar en otros grandes autores como Zweig o Schnitzler. Así, el entorno en el que se desarrolla la novela forma parte y constituye un personaje más, siendo un elemento crucial para entender comportamientos y reacciones sin ser en ningún caso forzado, superfluo o innecesario.  De esta manera, la novela narra las vicisitudes de María en su viaje al encuentro de su marido, una travesía que la lleva a albergarse de manera temporal en un hotel donde se encuentra y coincide con gente de diferentes clases sociales e intenciones (especuladores, ladrones, estafadores o burgueses) que se hospedan en esa morada al aguardo de acontecimientos y de un desenlace que les permita volver a su hogar en una larga e incómoda espera que viven de desigual manera: los hay temerosos, otros nerviosos, pero también los que matan el tiempo a base de fiestas y excesos. Una casa llena de «hombres y mujeres a los que se les había robado su patria» y que alberga el trajín de las idas y venidas de mensajeros, de soldados corriendo junto a las ventanas con los ecos de la guerra resonando, la incertidumbre, la soledad, pero a su vez la compañía de semejantes.  El estilo de Wassermann destaca por el aplomo de su prosa, su robustez, el aura de serenidad a la hora de exponer sus pensamientos, algo que se evidencia en el gran personaje que construye en María y las conversaciones que tiene con una princesa en torno a la vida, el amor, las debilidades y los sacrificios, así como con la aparición de Golowin, otro personaje singular y altamente cautivador que la enfrenta a dilemas y contradicciones. Así, sin dictar sentencia pero sin titubear, la contundencia con la que Wassermann exhibe sus creencias y valores es de lo más destacable de un libro que establece en esos principios los pilares sobre los que sustentar esta obra. Por ello, más que el argumento, pesa la calidez y la firmeza de los valores y la ubicua presencia de María que se torna en unos de esos personajes carismáticos que inundan todo el relato. Una figura omnipresente y primordial de la que se impregna no únicamente en el lector sino los propios personajes que se encuentran y conversan con ella, como cuando uno, dirigiéndose a ella, le dice «¿qué clase de fuerza alberga usted? ¿Y de dónde procede? (…) ¿qué clase de mujer es usted? ¿Qué es lo que la hace tan especial?». Esa misma sensación es la que llega al lector, una protagonista majestuosa e imponente, con una fuerza interior que la ensalza y la engrandece. En esta escala de valores que transmite Wassermann a través de sus personajes, el mensaje que deja la novela es contundente y una declaración de valores mantenidos por encima de todo, porque es «mejor sucumbir los dos juntos y de forma honesta, que una muerte lenta durante treinta años de malentendidos y heridas silenciadas». Así, con la sinceridad y la honestidad por encima de todo, esta novela se lee con gran interés por la fuerza de lo que emana, así como por el impecable retrato de sus personajes principales, cuya presencia permanece tiempo después de haber finalizado la lectura. También de Jakob Wassermann en ULAD: El caso Maurizius, Caspar Hauser

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Hoy en ULAD: Israel Yehoshua Singer: Yoshe Kalb, el pecador

Israel Yehoshua Singer: Yoshe Kalb, el pecador

Idioma original: Yiddish Título original: Yoshe Kalb Año de publicación: 1932 Traducción: Rhoda Henelde y Jacob Abecasis Valoración: Muy recomendable alto ¡Qué magnífica novela y qué desapercibida ha pasado, tanto para la crítica literaria profesional como para la amateur! Claro que el bueno de Israel, allá donde esté, debe estar ya acostumbrado a eso del ostracismo y a "vivir" a la sombra de su hermano Isaac Bashevis Singer, Nobel de Literatura, e incluso de su hermana Esther Kreitman Singer. Pero dejemos a un lado las odiosas comparaciones y hablemos del libro. Ambientada en las comunidades jasídicas de la Galitzia austrohúngara y la Polonia rusa de fines del XIX, y estructurada en tres libros, Yoshe Kalb, el pecador es una novela sobre el pecado y la culpa y sobre cómo la intolerancia y el fanatismo son capaces de destruir al individuo. Singer, nacido en 1893 en Bilgoraj (Polonia "austríaca"), y su familia pertenecían a una de esas comunidades. Por tanto, es evidente que el texto tiene algo de "ajuste de cuentas" con el pasado ya que este mundo aparece retratado como un mundo asfixiante e inclemente para con el diferente, un mundo en el que la contradicción entre teoría y praxis pone al descubierto las más bajas pasiones humanas. Por otro lado, pese a esa crítica evidente, se observa en la novela que Singer mantiene una actitud respetuosa hacia la cultura hebraica, las creencias, costumbres y ritos de la comunidad. Esto se puede comprobar la descripción de ritos, ambientes y tradiciones. Mención de honor en este sentido al estupendo inicio del capítulo 11, en el que se muestra en todo su esplendor un territorio multiétnico y multicultural. Otros aspectos dignos de mención en la novela, además de los ya citados, son: * La presentación de personajes, situaciones y relaciones de los primeros capítulos. Singer se toma su tiempo en construirlos, pero no deja cabos sueltos, tramas sin cerrar o personajes sin su papel en ellas. * La evolución del personaje de Najum / Yoshe Kalb, hombre santo o místico que verá cómo su vida cambia tras un matrimonio "arreglado" y un encuentro casual. * Su lectura política (ojo que la novela fue escrita en 1932, año en que los nazis ganaron las elecciones al Parlamento y en pleno estalinismo). Creo que son datos para nada casuales. * Su universalidad y vigencia. ¿Una novela sobre un comunidad jasídica en el ultimo rincón de Europa puede ser universal y estar vigente casi 100 años después? Obviamente. Aquello de pintar tu aldea para pintar el mundo, ¿no? En resumen, una novela realmente estupenda de un autor que en la actualidad forma parte del catálogo de Xordica y de Acantilado, dos editoriales a las que hay que agradecer la recuperación de todos estos autores en yiddish, testigos y narradores de un mundo y una Europa desaparecidos. 

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Hoy en ULAD: Marina Tena Tena: Una casa sobre tus huesos

Marina Tena Tena: Una casa sobre tus huesos

Idioma original: EspañolAño de publicación: 1870Valoración: Se deja leer < Está bien Una casa sobre tus huesos, de Marina Tena Tena, ganó el I Premio Lestat organizado por la editorial Dimensiones Ocultas. Es una novela corta de terror que, a la manera de Angela Carter, adapta el cuento gótico de Barbazul. La protagoniza una niña perversa que recuerda vagamente a la Merricat Blackwood de Shirley Jackson.  Si bien empieza fuerte y tiene intuiciones narrativas reivindicables (por ejemplo, su atmósfera o su leimotiv de las mentiras), se dilata en exceso, la adorna un toque poético no siempre bien integrado, entrega respuestas algo anticlimáticas y queda a la sombra de la literatura a la que homenajea.  Narra la historia de Marga, una huérfana de madre que vive aislada del mundo con su padre en una casa protegida por altos muros de piedra y rodeada por un frondoso bosque. Marga tiene dos cosas terminantemente prohibidas: traspasar los muros que envuelven su casa y entrar en la habitación roja. Ya he dicho que Una casa sobre tus huesos tiene varias virtudes: su inicio es muy potente, su atmósfera está bastante lograda y su prosa exhibe destellos líricos. A eso hay que añadir que tiene un par de escenas genuinamente impactantes. No obstante, creo que la novela desperdicia algunas de sus ideas, se antoja reiterativa a partir de su segunda mitad y se cierra sin mucha fuerza. Sea como fuere, pese a sus defectillos y limitaciones resulta, gracias a su brevedad y modestas pretensiones, una lectura entretenida. Yo personalmente le seguiré la pista a su autora, muy prolífica pese a su juventud, cuyas premisas suelen por lo general llamarme la atención.

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Hoy en ULAD: Philip Kerr: Trilogía berlinesa

Philip Kerr: Trilogía berlinesa

Idioma original: inglés Título original: Berlin Noir Años de publicación: Violetas de marzo, 1989; Pálido criminal, 1990; Réquiem alemán, 1991 Traducción: Isabel Merino Valoración: muy recomendable Hace ya unos cuántos años (cómo pasa el tiempo...) reseñé en este blog incomparable Praga mortal, una novela de la serie del detective alemán Bernie Gunther, escrita por el malogrado autor escocés Philip Kerr. No obstante, me quedó clavada la espinita de no haber empezado por reseñar la primera de la serie, y ni siquera alguna de las primeras, de la trilogía conocida como Berlín noir o Trilogía berlinesa  pero hete aquí que llegó a mis manos, de forma un tanto azarosa, un volumen que reúne estas tres primeras novelas de Gunther, escritas en las últimas décadas del siglo pasado  y me pareció una buena oportunidad para su relectura y reseña. Hay que explicar, de todos modos, que unos años después, en 2006, Kerr retomó la serie hasta completar el número de catorce novelas, ambientadas tanto en la época de dominio nazi como en la pre- y post-, es decir, entre los años 20 y finales de los 50 del siglo XX. No necesariamente en orden cronológico y tampoco se desarrollan todas en Berlín, sino que el bueno de Bernie -es un decir- se mueve también por otras ciudades del ámbito germánico, como Múnich, Viena o, ya lo he mencionado, Praga, como en territorios más lejanos: Grecia, Cuba o Argentina. En ese ambiente turbio, por no decir otra cosa, que caracteriza a la época del nazismo (ya sé que muchos lo echan de menos, hoy en día), se desenvuelve, pues, el duro Bernie Gunther, ex-policía berlinés que une al cinismo y desencanto típicos (y tópicos) de los detectives privados del hardboiled americano, el sarcasmo y la rapidez mental que se dicen propios de los nativos de la capital alemana. Claro que ya se sabe que ese cinismo sarcástico suele ser una coraza defensiva para proteger un corazoncito de lo más sentimental (otro tópico) y lo mismo ocurre en el caso de Gunther; puede que se trate de un tipo duro y que trabaje en ocasiones para los jerarcas nazis -lo que no significa que le gusten... más bien, todo lo contrario-, pero en el fondo no deja de ser un buen tío que, en ocasiones, se arriesga por hacer lo correcto o, al menos, no convertirse en un canalla... no del todo. Estas novelas, si bien se trata, ante todo, de narraciones propias del género negro, también resultan interesantes, sin duda, por su ambientación y cuidado detallismo histórico. Así, el título de la primera de las que componen esta trilogía, Violetas de marzo, hace referencia a los alemanes que se apuntaron al NSDP tras el triunfo de este partido, llamados así por los nazis "pata negra" (quiero decir, "para aria") que habían estado junto a Hitler desde el primer momento. La acción  tiene lugar en 1936, cuando el régimen aún está afianzándose en el poder, aunque ya está más que claro el rumbo criminal que va a tomar, pero trata de darle al mundo una imagen "presentable" por medio de los JJ.OO. de ese año. En ese ambiente aún algo ambiguo, Bernie Gunther, especializado en la búsqueda de personas, es contratado por el industrial del acero Hermann Six para investigar la desaparición y posible asesinato de su hija y su yerno, así como para localizar un collar de diamantes robado. En su pesquisa Günther se verá mezclado con ciertos asuntos de la oligarquía nazi y deberá moverse tanto entre esas espinosas compañías como en el ambiente del crimen organizado berlinés o el campo de concentración de Dachau. Como ocurre con otras novelas de la serie (al menos las que yo he leído), encontramos descripciones pormenorizadas tanto de escenas de carácter sexual como de momentos de violencia extrema, aunque, en buena medida, lo que prevalece en la narración, como digo, es la cuidada recreación de aquella época y lugar, tan determinantes en la Historia contemporánea de Europa y del mundo. En la segunda novela, Pálido criminal, ambientada dos años más tarde, Bernie Günther es requerido por el ínclito Reinhard Heydrich, jefe del SD -que ya aparece en la primera y, sobre todo, será un personaje central en Praga mortal- para descubrir a un asesino en serie que está matando mujeres en Berlín, puesto que Gunther ya resolvió un caso similar en sus tiempos de policía. Para ello, deberá reintegrarse en la Kripo o Policía criminal y trabajar con su  antiguo compañero y ahora bien situado en el escalafón nazi, Arthur Nebe (éste también es un personaje real). La idea, en principio y aunque parezca contradictoria, es tratar de evitar las represalias, inoportunas en ese momento, contra los judíos, a quienes se echa la culpa de los crímenes, pero la cosa se enredará cuando Gunther comience a encontrar la implicación de dirigentes de las SS, sección Cuarto Milenio... quiero decir los más aficionados al esoterismo -para lo que deberá incluso visitar el célebre castillo de Wewelsburg, donde se juntaban para sus francachelas ocultistas-; dicho de otra forma, se verá metido en medio de una lucha por el poder dentro de la elite del III Reich. La tercera de las novelas, Réquiem alemán, quizá la menos compacta narrativamente, a priori, de las tres, se sitúa en 1947, en plena y dura posguerra, primero en el Berlín ocupado por las cuatro potencias vencedoras, Un Bernie infelizmente casado se ve obligado a buscarse la vida tras pasar una temporada en un campo de prisioneros soviético, hasta que recibe el encargo, precisamente de un coronel soviético de MVD (anterior NKVD), de ayudar a exonerar a Emil Becker, antiguo compañero suyo en la policía, estraperlista y acusado de haber matado a un oficial estadounidense en Viena. Bernie se desplaza hasta la bella capital austríaca (sí, lo sé, la trama recuerda a cierta famosa película y subsiguiente novela, a la que, de hecho, hay una referencia en esta otra) para verse envuelto en una trama de espionaje, dentro de los primeros capítulos de la Guerra Fría y la caza de criminales de guerra como el jefe de la Gestapo Heinrich Müller. Es una novela, como he querido decir antes, menos absorbente que las otras dos, o quizás sería mejor decir menos atrayente, por más compleja o más inasible, dada la naturaleza de su argumento. Como sea, en conjunto estas novelas, así como las que escribió Kerr posteriormente, son una muestra excelente del noir contemporáneo más duro, que lo mismo pueden agradar a los y las lectoras de este género como del histórico. Además, se puede decir que han creado casi un subgénero o al menos escuela: el de las narraciones policíaco-detectivescas durante la II Guerra Mundial en las que el investigador pertenece al bando perdedor (perdedor... de momento, porque cualquier día nos reescriben la Historia desde el poder "nostálgico" que parece en alza en este siglo XXI), como es el caso de las escritas por la italiana Ben Pastor o el español Ignacio del Valle (y seguro que existen más ejemplos). Las de Kerr, en todo caso, están escritas con un rigor y buen oficio ejemplares, sin detenerse en florituras pero sin hacer tampoco concesiones facilonas al lector que busque un best-seller sin  más complicación. Cierto que las escenas de sexo le salían quizás un poco perretevertianas, pero, además de que tienen un aire algo socarrón, a Kerr -o a Gunther, ya que todas las novelas están contadas en primera persona- se lo perdonamos... Por lo demás, es imposible no tomarle afecto a este detective paradigmático que debe navegar siempre, entre las aguas más procelosas que imaginarse pueda. Quien las lea no dejará de disfrutar de sus a/desventuras y de la prosa de un escritor que merece no ser olvidado. Nota final: Por su "tochez", este libro podría haber entrado perfectamente en la última Tochoweek, pero al tratarse de un volumen compuesto por tres novelas independientes, por más que compartan el mismo protagonista, me pareció que incluirlo podría haber sido hacer un poco de "trampa". Quien quiera, que tome esta reseña de hoy como una especie de coda al al Tochoweek VI, pues... (o no, claro; eso, al gusto de cada cual). También del añorado Philip Kerr en Un Libro Al Día: Praga mortal

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Hoy en ULAD: Marvin Harris: Vacas, cerdos, guerras y brujas

Marvin Harris: Vacas, cerdos, guerras y brujas

Idioma original: inglés Título original: Cows, Pigs, Wars and Witches. The Riddles of Culture. Año de publicación: 1974 Traducción: Juan Oliver Sánchez Fernández Valoración: Recomendable No tengo del todo claro dónde está la frontera entre el antropólogo y el historiador, probablemente son disciplinas que se solapan sin que sea fácil distinguir el límite. El norteamericano Marvin Harris es un antropólogo que tuvo cierta relevancia en los años 70 y 80 del siglo pasado y que, por lo que se ve en este libro y probablemente en el resto de sus obras, circula libremente entre ambas disciplinas, con una perspectiva bastante peculiar que se ha denominado materialismo cultural. Aunque con el foco bastante distante del materialismo histórico propio del marxismo, la idea guarda un parentesco lejano aunque intuitivamente familiar, como queda enseguida de manifiesto en el libro. La vaca es sagrada en la India, y el cerdo un animal inmundo para judíos y musulmanes, aunque venerado en no sé tribus de Nueva Guinea. Estas ideas que, aunque conocidas, nos resultan bastante extrañas, tienen su origen en las necesidades materiales y las condiciones de vida de cada uno de los entornos. La vaca, aunque esté escuálida, mientras tiene vida proporciona leche y al menos en teoría es capaz de engendrar animales de tiro, vitales en explotaciones sin acceso a la tecnología. El cerdo es incapaz de regular correctamente su temperatura, y por eso se desenvuelve mal en el secarral del Medio Oriente. Por la razón contraria el problema no existe en Nueva Guinea, donde el cochino se reproduce en abundancia, es fuente inagotable de proteínas y es sabiamente utilizado para periodificar los usos de los bosques. Estos condicionantes, tan pegados a la realidad material, son de tal importancia para la supervivencia del grupo que los usos y costumbres los han sacralizado o convertido en tabúes a lo largo de milenios. Es la base de ese materialismo cultural que defiende Harris y observamos desde las primeras páginas: las ideas no surgen de la nada ni de visiones espirituales, sino que nacen en base a las necesidades del grupo, para irse revistiendo poco a poco con un aura mágica o religiosa dejando su origen perdido en el tiempo Esta proposición, tan nítida en los dos casos que acabo de comentar, se va desarrollando también en otras direcciones con características quizá algo menos evidentes: la célebre belicosidad de los yanomamo (alivio de la presión demográfica), la ceremonia del potlacht (necesidad de prestigio social), o las varias culturas que incorporan la expectativa de un advenimiento de riqueza material (lo que llama el cargo) o la llegada de un mesías liberador. Se diría que la idea básica del materialismo cultural va resultando más difícil de apreciar según se van analizando los casos, hasta resultar realmente confusa cuando se detiene en la persecución de la brujería en la Europa de la Edad Media. La verdad es que los postulados de Harris resultan más que razonables, y muy interesante el análisis, que recuerda a ratos a los famosos trabajos de Malinowski en las islas Trobriand sobre grupos étnicos especialmente aislados (aunque el trabajo de campo parece ser casi siempre ajeno). Pero se queda uno con la sensación de que falta algo. Seguramente es verdad que todas estas manifestaciones culturales han tenido un origen material remoto, pero resulta difícil, incluso quizá incómodo, excluir de forma tan radical aspectos tan humanos relacionados con la imaginación o la espiritualidad, como la ideología, la religión o la mitología. Convicciones y valores que modestamente creo que están en la esencia misma de las personas, seguramente también mediatizadas por el entorno, la supervivencia o las experiencias, pero que pienso que tienen una consistencia propia. Parece que Harris no lo ve así, y entonces aporta ese peculiar punto de vista, en mi opinión algo determinista y quizá también empobrecedor, que vertebra todo el texto, como decía antes en ocasiones de forma más nítida y en otras más velada. Desconozco el recorrido posterior que haya podido tener esta teoría, seguramente habrá tenido sus seguidores y detractores, con sus consiguientes polémicas doctrinales. Toda aportación novedosa en el mundo del conocimiento las ha tenido y casi todas han dejado cierta huella, aunque ninguna ha sido aceptada por entero y sin discusión. Y a lo mejor esto mismo contradice en alguna medida lo que defiende el autor.

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Hoy en ULAD: Amanda Petrusich: Pink Moon

Amanda Petrusich: Pink Moon

Idioma original: inglésAño de publicación: 2007Traducción: Patricia ValeroValoración: bastante recomendable Los grandes discos (incluso aquellos ignorados largamente en el momento de su publicación) suelen tener grandes historias detrás. Grandes, por eso, no significa que estas historias deban gustarnos. Pink Moon, disco del que Amanda Petrusich nos habla aquí, es una colección de canciones que apenas llegaba a la media hora, publicadas sin arreglo alguno tras su grabación, solo unas escasas notas de piano acompañaban la voz de Nick Drake y su guitarra interpretada a su particular manera. Su nula repercusión (como la de los dos elepés que le precedieron) agudizó los problemas mentales de su autor, que puso fin a su existencia y se incorporó al (por entonces) incipiente club de los veintiséis.Con lo cual este libro no es un disco que profundice excesivamente en los mecanismos creativos que acabaron entregándonos esta parca colección de canciones folk cortas y casi esquemáticas. Si acaso, habla de la situación particular del músico, aislado voluntariamente, con una comunicación casi nula con su entorno, viviendo en casa de sus padres y consumiendo drogas, manteniendo una pose introvertida, no tímida ni arisca, simplemente alienado y profundamente deprimido ante su fracaso artístico, algo que en muchos casos lleva a otras situaciones (dejar la música, por ejemplo, como más de un triunfador debería haber hecho) pero que para Drake constituyó un obstáculo insuperable. Entonces este libro no se limita a ese ejercicio de investigación e indagación, es más bien un testimonio, completado con muchos otros, póstumos a la fuerza, que hablan de su influencia, de su descubrimiento tardío, de cómo de injusta es la industria, que convierte en la promoción, en el ruido que se sea capaz de hacer alrededor de un disco, en un elemento capital para que éste sea apreciado.El libro dedica un extenso capítulo al hecho que catapultó el posterior ensalzamiento del músico inglés, cuando un equipo de creativos eligió la canción que le da título para protagonizar un anuncio de VolksWagen, cuestión que fiue autorizada por la hermana de Drake y que comportó cierta polémica. Aunque no solo en la música, también en la literatura (que se lo pregunten a Kennedy Toole) y, seguramente ahora más que nunca por los efectos de la globalización, se producen estos fenómenos, a los que siempre llegamos demasiado tarde.Al margen de conocer el disco o el músico, un excelente texto que nos hace reflexionar sobre nuestra sociedad y los problemas de salud mental, uno más de los males de nuestro tiempo.

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Hoy en ULAD: Robert Perisic: El último artefacto socialista

Robert Perisic: El último artefacto socialista

 Idioma original: croata Traducción: Luisa Fernanda Garrido y Tibomir Pistelec Año de publicación: 2025 Valoración: recomendable Resulta muy difícil llegar a comprender la realidad social que emergió de la antigua Yugoslavia después del colapso del comunismo y de la devastadora guerra que la asoló en la década de los 90 del siglo pasado. En ese mundo derruido, donde sus habitantes luchan por sobrevivir y mantener la dignidad que una vez tuvieron, sitúa Perisic esta novela social que pretende constituirse en una radiografía de una sociedad que lucha por resurgir de sus cenizas. Oleg y Nikola, dos buscavidas como tantos otros que pululan por ese mundo en ruinas intentando sacar rédito de las desgracias ajenas, llegan a un pueblo del interior de Croacia con el proyecto de volver a poner en marcha una antigua factoría abandonada para fabricar unas turbinas obsoletas para las que tienen comprador: un dictador norteafricano apodado el coronel, presumiblemente Gadaffi, que les ha hecho una oferta millonaria. Los habitantes de la población, acostumbrados a una economía de supervivencia y arrumbados por una sociedad y un régimen que les ignora, ven en la reapertura de la fábrica una oportunidad de recuperar la dignidad pérdida y de volver a poner en valor sus obsoletas habilidades laborales. Los dos socios capitalistas intentan capitalizar la nueva empresa proponiendo a los lugareños un modelo de autogestión, inspirado en el pasado socialista del país, que los trabajadores conocen bien porque era el modelo al que estaban acostumbrados antes del derrumbe del socialismo: "Teníamos mercado mientras no había mercado...Ya saben en el socialismo. Luego, cuando llegó el mercado, nosotros dejamos de tener mercado". Capitaneados por el ingeniero Sobotka e ilusionados por la tarea que les proponen ponen manos a la obra y fabrican este último artefacto socialista, las turbinas, aunque están curtidos en el desengaño y desconfían de las intenciones reales de Oleg y Nikola. En este proceso de puesta en marcha de la antigua fábrica, Perisic aprovecha para presentarnos a una extensa galería de personajes que forman parte del proyecto. Todos son supervivientes de un tiempo y de un país que ya no existe cuya personificación es el bar donde se reúnen, El lago azul, donde todavía siguen pinchando música de los 80, quizás para intentar mantener la ilusión de un tiempo pasado en que fueron felices. En este universo cerrado, el escritor croata contrasta los dos modelos, el socialista y el capitalista, y deja claro que los habitantes de N., el pueblo croata donde transcurre la novela, quedaron atrapados en tierra de nadie. Las familias se rompieron, las casas se derrumbaron, las ilusiones se desvanecieron y el futuro es una entelequia: "El hombre viviría de forma muy distinta si conociera el futuro. Sobre todo si supiera que no hay futuro". Las ilusiones iniciales empiezan a ceder ante los múltiples problemas que van surgiendo: las viejas máquinas no funcionan, los recambios no llegan, los salarios no se pagan, los conflictos laborales arrecian y los plazos de entrega no se cumplen. El proyecto empieza a descontrolarse y la llegada de la nueva prosperidad capitalista reabre viejas rencillas y provoca enconados y sangrientos enfrentamientos. Afortunadamente, un inesperado final abrirá una puerta a la esperanza para los habitantes de N. Perisic realiza un afilado análisis social desde una perspectiva cercana al reportaje periodístico. Retrata un modo de vida obsoleto, pero sobre todo hace un canto a la dignidad humana y al deseo que tiene todo ser humano de que su vida tenga un sentido. Ese es el diagnóstico final de uno de los ingenieros: "No sé si es pasión. Más bien diría que es el deseo de que no todo sea un absurdo. Todo lo sucedido. Si hubiéramos parado el trabajo, habríamos experimentado un sentimiento de inconclusión: hasta el absurdo cobra sentido si está acabado, cuando se ha concluido conscientemente. Hemos vuelto a ser conscientes de nosotros mismos. Y por eso quisimos teminar la turbina".

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Hoy en ULAD: Martín Caparrós: Horror de Buenos Aires

Martín Caparrós: Horror de Buenos Aires

Idioma original: español Año de publicación: 2024Valoración: entre recomendable y está bien Recién me enteré de su carácter de libro que forma parte de una serie con el mismo personaje cuando lo terminé. Es decir, esta novela es la segunda de Los tanguitos de Rivarola y, por lo visto, todas comparten la misma premisa: partir de lo policial para que el protagonista, Andrés Rivarola, un porteño cachivache que constantemente piensa en versos de tango (está ambientada en 1934) y a al vez analiza al mundo desde un costado muy exagerado, dramático (como todo tango) y que resuelve las investigaciones mediante una considerable dosis de suerte, lamentos, casualidades, relaciones surrealistas con los demás personajes, amores que son un sí pero a la vez no, ascensos en el diario donde trabajo según cómo sepa interpretar los pedidos y lecciones de su jefe, entre otras cosas. Por suerte no hace falta haber leído el primero para entender la trama de este. Se mencionan particularidades anteriores (supongo que la relación intermitente que tiene con Raquel, de la que ni él cree ser merecedor de ese beneficio, viene del primer libro, lo mismo que la entrada al diario y la relación entre pipiolo/subordinado/chico para todo que tiene con su jefe Galuzzi, un tipo bastante práctico, que no tiene drama en desmontar cualquier idea berreta de su discípulo y al mismo tiempo de alentarla si considera que será un golpe de efecto para el diario) y algo del caso anterior, pero nada que nos imposibilite seguir esta historia. Y esta es la de una prostituta (Dorita, de profesión, y polaquita de apodo) que un buen día deja de ir a trabajar al prostíbulo y nadie sabe por qué. Rivarola, en los primeros capítulos, la llega a conocer para una entrevista, pero no logra sacarle nada en claro debido a su reticencia, y por esa falta de datos se quedará obsesionado con el caso, más aún cuando se percata de que a nadie le importa la suerte de una prostituta. A partir de ahí emprende una travesía entrevistando a: 1) Proxenetas (entre mafiosos que al menos no pretenden ser otra cosa y mafiosos que se hacen pasar por nenes mimados); 2) amigos de Dorita (prostitutas, empleados de hoteles); 3) comisarios retirados, pero con hambre de gloria, que un día tratan bien a Rivarola y al otro lo desconocen. En cada una de las interacciones Rivarola demuestra una sorprendente inocencia a la hora de hacer las preguntas, más en un ambiente peligroso, y el lector constantemente se pregunta por qué un tipo así está de periodista y sobrevive en todas las ocasiones. Se le puede achacar a la suerte enorme, pero pienso que es tal lo inofensivo de su persona, lo volado en sus expresiones y sus preguntas sin filtros, que los demás personajes lo toman a la chacota y lo dejan ir con una palmadita. Por supuesto que varios de sus conocidos le dicen que se ponga las pilas, pero de ahí a hacerlo hay una Muralla China de distancia...Si no, esta historia no sería sobre un tanguero en permanente crisis existencia. En fin, que Caparrós trabaja sobre ese tono entre bien argentino y lo clásico de cualquier novela policial. El problema es que a veces se pasa de mambo y utiliza demasiadas expresiones que terminan por restarle algo de dramatismo a la ocasión, como una película donde empiezan a putearse al mismo tiempo y están dos o tres minutos así sin que lleve a nada. Da la sensación de que midió mal su intento de lograr esa melancolía tanguera, y en algunos puntos la novela amenaza en convertirse chabacana. Supongo que la inocencia (en realidad es ingenuidad) irá redefiniéndose a medida que pasan los libros; en esta ocasión, se hace muy fuerte el contraste entre Rivarola y los bajos fondos, con resultados no muy verosímiles. Y la conclusión del caso, si bien es un giro algo original, no termina de justificarse porque no hubo una construcción previa, y me refiero más a la crítica o enfoque que realiza Caparrós sobre la comprensión de la sociedad sobre las prostitutas que a la identidad del asesino, que bien podría haber sido cualquiera. Pero es una novela que se lee rápido, que te hace sonreír unas cuantas veces y exasperarte con otras y en la que uno puede notar ese aire de Buenos Aires señorial e hipócrita al mismo tiempo. Muchas reseñas de Caparrós acá

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Hoy en ULAD: Colaboración: La balada de Iza, de Magda Szabó

Colaboración: La balada de Iza, de Magda Szabó

Idioma original: Húngaro  Título original: Pilátus Traducción: Mária Szijj y José Miguel González Trevejo Año de publicación: 1963  Valoración: Recomendable Hay que reconocer que Magda Szabó es muy buena escritora. Leí hace años La puerta, y desde entonces he recordado su nombre. De modo que cuando encontré La Balada de Iza en la tienda de segunda mano de mi biblioteca local, no lo dudé y me hice con ella. Y de nuevo una escritura limpia, elegante pero sin florituras, sin una palabra de más. Pero esta vez más incisiva, lacerante. Y es que La Balada de Iza es una historia cruel. Iza es una mujer joven, guapa, respetada en su profesión de médico. Vive sola desde que, ante la sorpresa de todos, su marido la dejó. Cuando su padre muere, decide traerse a su madre a vivir con ella, y como es de esperar, la convivencia de estas dos mujeres, de generaciones y entornos muy distintos, es difícil.  Como difícil es la novela que nos ocupa: difícil y durísima. Los temas que trata, los trata de frente. Con la bella prosa propia de la autora, sí, pero sin delicadeza. ¡Es increíble lo que consigue Szabó! El tema del conflicto madre-hija es central, pero solo en la primera mitad del libro. La novela habla también de la vejez, con su soledad, la pérdida de independencia, y la dificultad de adaptarse a un mundo de cambios vertiginosos. Y también, aunque en menor medida, habla de las relaciones de pareja – a mí me parece que la autora podría haber profundizado más en este aspecto para que el retrato de sus personajes fuera más completo.  De estos personajes vamos descubriendo sus motivaciones, sus defectos; los vemos sufrir y hacerse daño sin querer, y les entendemos… pero también nos espantan sus acciones.  De todos ellos, el que es tratado con mayor dureza es el que da título a la novela – esto es, título en español, porque el título original es un lacónico “Pilatos” (ante lo cual he de decir que nunca deja de asombrarme la libertad creativa de algunos traductores). Todo lo que hace Iza es analizado sin compasión – casi diría que sin clemencia. Y si bien es cierto que el personaje resulta un poco antipático en su aparente perfección, creo que la autora se ensaña con ella, poniéndola en situaciones terribles. Quizás por eso hay quien considera que el libro es una crítica al feminismo que despuntaba cuando fue publicado, en los años 60: no hay que olvidar que Iza es una mujer independiente y moderna. Aunque quizás es todo lo contrario… Porque a medida que uno avanza en la lectura, surge la duda de si el “Pilatos” hace referencia a la propia Iza, que se lava las manos ante las situaciones que origina, o a las personas de su entorno, que no son sinceros con ella y no hacen nada para ayudarla. La novela le deja a uno con una desazón incómoda. Yo la leí de forma compulsiva, pero no sé si sería cierto decir que la disfruté, más allá de lo puramente estilístico. Con todo, no puedo dejar de recomendar un libro que me hizo sentir tantas cosas tan diferentes.Firmado: Yaiza P.

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Hoy en ULAD: Contrarreseña: En busca del tiempo perdido VI. La fugitiva, de Marcel Proust

Contrarreseña: En busca del tiempo perdido VI. La fugitiva, de Marcel Proust

Idioma original: Francés Título original: Albertine disparue Traducción: Consuelo Bergés Año de publicación: 1927 Valoración: Se deja leer Hacía mucho que no leía un libro con un protagonista tan despreciable. Venía de leer los libros anteriores de la "saga" y, aunque tienen sus altibajos, concuerdo con las reseñas anteriores en que son obras maestras. Sin embargo, este libro lo sufrí. Pero, pues, ya que después de este solo queda uno más, no pensaba quedarme a medias. Me ahorraré el argumento porque está muy bien presentado en la reseña original, la cual pueden leer aquí y luego regresar a terminar de leer esta. Si ya de por sí sabemos que el protagonista de este culebrón tiene la madurez emocional de un niño de diez años, al presentársele una verdadera crisis (y no que su mamá no le vaya a dar el beso de buenas noches), presenciamos cómo afloran el narcisismo y la cobardía de este niño de papi. Primero, el protagonista, a quien de ahora en adelante me referiré como Marcelito, nos platica lo mucho que sufre por el abandono de su concubina, la tal Albeghtín, a quien rechazaba, menospreciaba y pensaba abandonar. Pero, como se le adelantaron y lo dejaron primero, sufre a más no poder. Segundo, Albertine muere (el único castigo que se merecía por dejar a nuestro héroe) en un accidente absurdo. Y Marcelito, en lugar de tener alguna revelación que impacte su carácter, nos suelta frases increíbles tales como: «Si Albertine no me hubiera conocido, tal vez aún seguiría viva y yo no estaría sufriendo tanto». Lo único que le importa a Marcelito de la muerte de Albertine es cuánto le afecta a él y que ya no será posible confirmar sus sospechas sobre las relaciones lésbicas de ella, lo que nos lleva al tercer punto. Marcelito, el homosexual reprimido, nos narra lo mucho que desprecia las aberrantes relaciones que su Albertine pudo o no haber mantenido con otras damas de su círculo. Sin embargo, debido a que, ¡ups!, está muerta, no podrá confrontarla al respecto y tendrá que ir de rastrero a cuestionar a cualquiera que pueda saber algo sobre las aventuras sáficas de su examante, con el único objetivo de aliviar sus celos. Por otro lado, a pesar de rechazar sin concesiones las relaciones lésbicas de las damas comme il faut, Marcelito no tuvo reparos en contarnos con lujo de detalle las relaciones homosexuales que un tal Monsieur de Charlus mantiene con jovencitos, asunto al que le dedica cientos de pa... ginas. En conclusión, La fugitiva me resultó exasperante. Nos vemos obligados a quedarnos encerrados durante cientos de páginas en la cabeza de alguien mezquino, celoso, hipócrita y profundamente incapaz de amar sin poseer. Proust retrata con una precisión casi insoportable esa forma de duelo que nace nada más y nada menos que del orgullo herido. Fuera de lo anterior, el libro está escrito por Marcel Proust: impecable.

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Hoy en ULAD: Xavier Mas Craviotto: La llum subterrània

Xavier Mas Craviotto: La llum subterrània

Idioma original: catalán Título original: La llum subterrània Traducción: sin traducción al castellano en el momento de publicar esta reseña Año de publicación: 2023 Valoración: entre recomendable y muy recomendable No es algo que creo que sorprenda al lector habitual de este blog si afirmo con rotundidad que, a mi parecer, Xavier Mas Cravitto es uno de los valores más prometedores que hay en la actual literatura catalana. Poseedor de una versatilidad creativa que le permite moverse perfectamente en diferentes formatos (poesía, novela o cuentos) su juventud le despoja de cualquier anquilosamiento y convierte cada libro en una oportunidad para llegar más lejos y mejor. En este breve libro de poemas que le valió el premio de poesía Ausias March de Gandia en el año 2022, el autor trata sobre lo que vendría a ser el principal tema de su obra: las relaciones. Unas relaciones en sentido amplio: la relación entre personas, con el entorno o con uno mismo. Así podríamos, por extensión, hablar del encaje en la vida, en su más vasto sentido; un acoplamiento que (y como acostumbra a dejar entrever el autor) no parece fácil ni tampoco siempre placentero; por el contrario, uno lo vislumbra rocoso, astilloso, hasta incluso a veces árido y reseco; a veces esperanzador, también, pero en pocas ocasiones. Porque Mas Craviotto es muy hábil en explorar esos recovecos por donde la calma se escurre, esas grietas que filtran la paz interior y la vacían casi sin hacer ruido ni notarse su presencia o su ausencia, como cuando nos habla del silencio, que «llegó muy quieto, como cuando el cielo se nos vuelve blanco antes de la nevada y se nos confunde con el paisaje». Así, poco a poco, esa sensación de que falta algo, de que siempre falta algo va calando, de manera suave, con tono sedoso pero consistente, tejiendo como una especie de manto que nos envuelve y nos limita el movimiento. Por ello, en este poemario, el autor incide en los temas habituales: la no pertenencia, la eterna e infructuosa búsqueda de un lugar donde reposar los sentimientos, un sitio que pueda considerarse hogar, con la dificultad que eso conlleva pues habita en sus poemas una sensación de soledad y de cierto desánimo, aunque sin llegar a un abandono; hay indicios de tenue esperanza, tal vez aunque sea únicamente porque ya no queda nada más, quizá como ese último aliento, un último empeño para conseguir ver algo de luz en la oscuridad. Hay búsqueda, tal y como expone en uno de los poemas donde un personaje pide y reitera que «me gustaría tener un lugar donde volver». Esa es la idea que emana su texto, no solo la búsqueda de un lugar donde ir sino también de un lugar donde volver, expresando así una doble pérdida: la del pasado y la del futuro a la vez, un doble vacío que nos deja en la estrecha cornisa de un presente incierto. Por todo ello, y siendo conocedor de la obra de Mas Craviotto, uno puede divisar y anticipar en este libro lo que vendría después en alguno de sus futuros textos, como cuando nos habla de «el cráneo inexpresivo de este mundo nuestro con los ojos llenos de no-mirar». Son esas caras inexpresivas que tan bien sabría transmitir después en su gran libro de relatos «Animals inexpressius», esos rostros casi inertes, de mirada vacía e indescifrable. O, también, cuando habla de relaciones y el sentimiento de soledad, de abandono, al afirmar que «como todo era tan lejano, no había distancias. Pero estábamos tú y yo, el barro en las uñas y en las manos, el batido que no para: y debajo, el mundo que callaba, el mundo que callaba y no sabíamos si aquel silencio era el silencio protector que hacen las madres o el mutismo sigiloso y traicionero que precede un disparo de bala», o cuando en una despedida triste y desolada, cuando ya no queda nada que decir, uno le dice al otro «márchate: las palabras renacerán cuando estés lejos». O también, cuando afirma con pesar y desespero, «que no es una cama, que es una fosa; que no es ciudad, que es cementerio; que no es un cubil, que es una gruta por debajo de los pies causándonos dolencia; que no es semilla, que es una larva anidándonos dentro con rabia muda (…) que es el ataúd, noche tras noche, haciéndonos de lecho». También diré, y es algo que los que no estamos acostumbrados a leer poesía podemos agradecer, que en este libro el formato poético es libre, sin las constricciones típicas de las métricas; incluso en ocasiones se trata de prosa poética (o poesía novelada) por lo que, aunque sí encontramos las características de la poesía (sonoridad, exquisitez verbal, cuidada elección de las palabras, etc.) no nos topamos con el encorsetamiento ni las formalidades típicas de la poesía clásica. Aquí el estilo es más próximo a la poesía moderna, más libre, hasta el punto que incluso hay partes del texto en prosa y eso es algo que va en consonancia con lo que ha dicho el autor en alguna ocasión: que él parte de una idea en mente y es la idea la que elige la forma que debe tomar el texto (ya sea poesía, narrativa o cuento) porque, de algún modo, a pesar de que su obra está relacionada a nivel temático, emocional y estilístico, el cuerpo bajo la cual se nos aparece no siempre es el mismo, se adapta a lo que el texto demanda. Dice Mas Cravitto en un fragmento de este libro que «de día ahuyentábamos los monstruos con rayos finos de tinta». Quizás en el fondo se trate de esto, de conseguir que las palabras expresen lo que llevamos dentro y expurguen los sedimentos del dolor como si fuera un exorcismo, para evitar que estratifiquen y nos aten a un fondo donde todo parece oscuro, inhóspito y solitario. También de Xavier Mas Craviotto en ULAD: La mort lenta, La gran nàusea, Animals inexpressius, La pell del món

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Hoy en ULAD: Reseña + Entrevista: Entre las hojas escondido de David Muñoz Mateos

Reseña + Entrevista: Entre las hojas escondido de David Muñoz Mateos

Idioma original: Español  Año de publicación: 2026 Valoración: Está muy bien Hoy nos acercamos a la España vaciada. Y lo hacemos de la mano de David Muñoz Mateos, quien nos lleva a su Zamora natal (más concretamente a la Sierra de la Culebra, ya en la frontera con Portugal) para contarnos la biografía de Samuel, niño feral* convertido en lobo solitario que contempla desde lejos, y casi con recelo, a la manada.   Esta vendría a ser la sinopsis de la novela, pero toda sinopsis tiende a ser reduccionista y el caso de Entre las hojas escondido no es ninguna excepción. De hecho, creo que la novela de Muñoz Mateos es una historia de marginación y abandono, sí, pero también una historia de utopías abandonadas,  un acercamiento al misterio de lo desconocido o un intento de entender las contradicciones propias y ajenas. Rescato de los anteriores párrafos "propias y ajenas" y "frontera": * "Propias y ajenas" porque en este texto está Samuel Carvalho, protagonista absoluto, pero también un narrador que tiene mucho del propio autor y que se acerca, pasados los años, a un Samuel que despierta en él fascinación, compasión, envidia e incomprensión. Ese acercamiento permitirá al narrador descubrirse a sí mismo y efectuar una interesante (re)lectura del pasado. * "Frontera" porque Samuel y el narrador juegan en un terreno entre la civilización y la barbarie, "frontera" porque Muñoz Mateos se mueve entre la biografía, la novela, el ensayo o el reportaje periodístico y "frontera" porque la narración oscila entre un pasado y un presente no del todo claros. Ahora me explico. Dicho esto, creo que las principales virtudes del texto radican en: * El trabajo con el personaje de Samuel y, en especial, con su lenguaje. Partiendo de la base de que me parece acertado dar voz a este tipo de personajes, se corre el riesgo de que esa voz no sea "creíble" o que sea demasiado similar a la de cualquier otro personaje. En este caso, Samuel tiene un importante desorden sintáctico, una gramática nerviosa y torrencial y ausencia total de orden cronológico (o digamos que vive en un eterno presente). Estos tres elementos hacen de él un personaje confuso y contradictorio, un ser que se mueve en el tiempo y el espacio como si las leyes (las espaciotemporales y las restantes) no fuesen con él. * La hibridación genérica. Entre las hojas escondido es una novela, indudablemente. Pero tiene una vertiente ensayística que va desde lo histórico (breve recorrido por la historia de los niños ferales) hasta lo pedagógico que engarza perfectamente con la ficción, al tiempo que la oxigena. * La utilización de diversas dualidades para articular la novela (campo / ciudad, Samuel / narrador,  padres del narrador o Aurora y Julián / cazadores) y de ciertas simbologías para ahondar en esas dualidades. * Su lado sensorial. La acción transcurre, fundamentalmente, en la Sierra y eso se hace notar. Sirva un ejemplo: "...primero entre arbustos de apariencia geológica a la luz de la luna y, poco después, casi a tientas, sobre el manto de acículas que alfombraba un pinar tupido, aspirando en el aire helado el olor de la resina y de la tierra húmeda". El único "pero" que le puedo poner a la novela es una subtrama que parece abrirse al comienzo de la misma (el origen de(l abandono de) Samuel) y que parece quedar en nada. Creo intuir los motivos de su inclusión y su abierto final, pero no sé su inserción en el conjunto de la novela está plenamente justificada. Poca cosa en comparación con todas las virtudes que tiene un texto que podríamos ubicar entre el Walden de Thoreau y Las leyes de la caza de Pilar Fraile. Aunque, pasados los días, me parece ver en la novela ecos de Delibes. Ya sabéis, aquello de lo humano en el paisaje (de Castilla, además), los personajes, mirada... No sé, igual mejor que lo leáis y nos contéis, ¿no?   Eso sí, escuchad antes lo que nos cuenta David sobre la novela.   * Niño feral o "niño salvaje" hace referencia a niños que han vivido fuera de la sociedad durante un largo período de su infancia. Se incluyen en esta desde personas que no hayan tenido el más mínimo contacto humano durante años a niños que hayan sido confinados.

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Hoy en ULAD: Rita Halász: La honda respiración

Rita Halász: La honda respiración

Idioma original: HúngaroTítulo original: Mély LevegőAño de publicación: 2021Traducción: Teresa Ruiz RosasValoración: Recomendable Después de que su marido Péter la estrangule tras una discusión, Veronika coje a sus dos hijas y se va a casa de su padre, a las afueras de Budapest. Ahora debe dilucidar si su relación era abusiva y decidir si quiere divorciarse; asimismo, aprovecha la ocasión para resucitar su pasión por el dibujo y liarse con un par de antiguos conocidos. Este es el resumen de La honda respiración, novela de la húngara Rita Halász. De este debut literario destacaría su vigor narrativo, su acabado impresionista (que mezcla acción y diálogo, presente y pasado, recuerdos e imaginación) y su manejo temático (empático con la protagonista sin por ello idealizarla o simplificar conceptos como la negación, la culpa, el miedo al cambio, la insatisfacción vital y la maternidad).  Los personajes de La honda respiración también me parecen dignos de señalar, ya que, aunque no son particularmente complejos ni memorables, se sienten muy humanos y vivos. Asimismo, me ha gustado cómo la novela aprovecha los cuentos que Veronika explica a sus hijas para que entiendan la situación entre ella y Péter. La única pega que le pondría a La honda respiración es que la conversación que Veronika y su amiga Andi mantienen en el capítulo IX se antoja poco natural, incluso impostada.  Sea como fuere, La honda respiración es un meritorio debut literario. Si bien no narra algo particularmente original, lo aborda desde una perspectiva honesta y con una técnica tan interesante como solvente.

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Hoy en ULAD: Andrea Genovart: Consumir preferentemente

Andrea Genovart: Consumir preferentemente

Idioma original: catalán Título original: Consum preferent Año de publicación: 2023 Valoración: muy recomendable Alba Giraldo Doménech (la combinación de apellidos de origen castellano y catalán no es nada gratuito, me parece, para empezar), protagonista absoluta de la novela, vomitando pedazos de salmón ahumado, que ha  engullido de forma compulsiva, y que su cuerpo no ha tolerado, como una especie de metáfora de la falta de adaptación a un teórico pequeño lujo que se ha permitido para cenar. Una imagen potente, conforme esa modesta inversión (8,75 €) se va a ir por el inodoro tras dejar un poso agrio, de placer efímero que revierte en arrepentimiento, en culpabilidad, en sensación de desamparo, una metáfora de desencanto de generación Z que puede, a primeras, resultar algo familiar para el lector de hoy. Uy; ya tenemos otro testimonio en persona interpuesta, otra también agria queja que acabará haciendo aflorar las consabidas reivindicaciones generacionales sobre la falta de oportunidades, lo precario de todo, lo caro de todo, lo injusto de todo, lo desigual de todo, la presión de la gran ciudad como puzzle en el que no encajas, ay qué digo, como Tetris en el que los bloques caen pero no para alinearse sino para aplastarte, no, como árido paisaje en el que las multitudes - en las calles, en el transporte público, en pisos de pequeña superficie con espacios compartidos - solo hacen que exacerbar esa angustia, esa soledad, esa percepción de ser únicos entre un océano de borregos que acuden (con suerte) a un puesto de trabajo alimenticio por el que hay que dar las gracias varias veces al día. Mientras se observa como otros (con más suerte) te adelantan por los dos flancos, casi seguro de que si cambias de carril para ir más rápido ése pasará a ser el carril más lento. Por no hablar (2023) de la IA, esa que (2026) ya pronto generará sus prompts en función de tus consultas anteriores y arrinconará a tu cerebro con sus predicciones y sabrá qué te apetecerá consumir y cómo te sentará y (last but not least) si puedes permitírtelo. Pues no. Genovart (que trabaja para algunas editoriales, pero publica su primera novela en Anagrama) dinamita esas preconcepciones con una novela muy bien planificada y con ciertos hallazgos estilísticos que le aportan una cierta musicalidad, como un mantra que (he leído su original en catalán) ha traído algun quebradero de cabeza en su traducción al castellano. Texto en catalán, contrapuntos extraidos del rico refranero castellano, seguramente herencia de los orígenes del personaje, seguramente testigo subliminal de la absoluta impureza del menguante catalán callejero de Barcelona, aquel que interactúa con la inmigración, con los ascendentes de procedencias peninsulares, con los expat, con los Erasmus, con los compañeros de piso, de trabajo, de borrachera asequible con latas de cerveza del paki, y que, desde los primeros párrafos, intercala esos refranes con total naturalidad y desparpajo, con una sensación desinhibida de que el bilingüismo es un hecho que hay que asumir, incluso porque los pasajes (menos) en inglés siempre surgen de referentes universales como letras de clásicos pop.  Y lo que le acontece a Alba sí que podemos encajarlo en cierto estereotipo: trabajos precarios insuficientes para acometer un proyecto vital ajustado a ciertos patrones - ahorro, apareamiento, estabilidad, rutina que no por ser rutina deja de ser anhelada, un techo en el que refugiarse a dormitar o follar o ver una serie o leer algo, esas cosas tan nimias para muy poca gente, tan difícil para la mayoría a pesar de la formación, a pesar de la firmeza de una voluntad que se resiste a esperar la benevolencia de la fortuna, que alarga la mano para asir algo que ineludiblemente se aleja. Detrás de eso, el monólogo que se extiende por las ciento ochenta páginas, salpicado muy ocasionalmente de diálogos siempre esquemáticos, siempre revestidos de cierto aire casual que explica cómo todo va por dentro, cómo Alba anhela una situación en que pueda resolver ese montón de inseguridades - trabajos que no cuajan, pseudonoviazgos que no se consolidan, amistades siempre al borde de la ruptura por nimiedades, una peca o mancha en su rostro que acapara puntualmente la atención, sobre todo en sus chispeantes conversaciones con su madre. Una escapada veraniega al pueblo, falso punto y aparte en que tiene que ordenar sus ideas y desurbanizarse. A Genovart habrá que seguirla de cerca: aventuro que futuras obras representen cambios de registro y que sabrá esquivar con eficacia cualquier cosa parecida a convertirse en cronista de la generación Z. También que su trayectoria vital y artística se capilarizará en sus textos sin acapararlos y monopolizarlos. Impresión o hipótesis a la que llego a la vista de la habilidad con que ha convertido Consumir preferentemente en un sutil alegato que piensa localmente y actúa globalmente. Frase de la que ya me arrepiento, pero con algo hay que cerrar la reseña.

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Hoy en ULAD: Sophie Demange: Las carniceras

Sophie Demange: Las carniceras

Idioma original: francés Título original: Les bouchères Año de publicación: 2025 Traducción: Susana Prieto Mori Valoración: se deja leer Dos apuntes o avisos antes de comenzar la reseña en sí, para dejar las cosas claras: 1°- Voy a tratar de evitar todo espoiler sobre la trama de esta novela, pero me temo que va a ser difícil que algún lector o lectora avispado/a no adivine por donde va. No pasa nada, se puede leer el libro aún intuyendo o incluso sabiendo esta información, aunque, claro está , no es lo más idóneo. (*). 2°- ¿Me he decidido a leer esta novela atraído por su molona cubierta? Pues sí, no lo niego; ya sabéis de mi superficialidad al respecto. Aunque como dijo, no sé si Gide: "Lo más profundo de los hombres es su superficie"... Pues a veces con los libros pasa igual. Dicho lo cual, vamos al lío... Las carniceras trata, cómo no, de unas carniceras; en concreto, Anne, que decide hacerse cargo del negocio familiar en la normanda ciudad de Ruán y para ello recluta, primero, a su compañera de formación Stacey y luego, como ayudadante, a la guineana Michèle, conformando todas ellas un trío de profesionales del despiece cárnico especialmente seductor, dentro de una profesión en general detentada por hombres (al menos en Francia, al parecer). Además, redecoran y actualizan la carnicería heredada del padre de Ann para convertirla en un local encantador, por no decir cuqui e incluso trendy, hipster o como se denomine ahora el pijerío Bobo (Bourgeois-bohème, no hablo de ningún ex-presidente del Gobierno español). La iniciativa parece ir sobre ruedas... excepto que ambas tres han sido o son víctimas de algún tipo de abuso, violencia o discriminación por parte de los hombres y esa circunstancia acaba revertiendo a sus vidas. Claro que dichos hombres no cuentan con sus destrezas en el manejo de la cuchillería utilizada en su oficio y hasta ahí puedo leer...digo, contar. ¿Qué me ha parecido Las carniceras? Pues permitidme desarrollar mis puntos de vista usando el que podríamos denominas "Método Patentado Oriol de Elaboración de Reseñas". Es deir, por una parte, veamos los aspectos positivos o que me han gustado de esta novela: * la inevitable simpatía que , desde un principio, suscitan las protagonistas. Simpatía que se siente hacia ellaas a pesar de que ciertos comportamientos que llevan a cabo no son los más correctos desde diferentes puntos de vista... desde el puramente legal al ético, pasando por la seguridad alimentaria. * Una recreación de la vida  diaria de un barrio tradicional francés tirando a gentrificado bastante amena y hasta divertida (por continuar con las referencias francófilas, aunque sean cinematográficas, recuerda a algunos pasajes de las películas de Jean-Pierre Jeunet y Marc Caro, Amélie e incluso Delicatessen). * Ciertos pasajes del libro, sobre todo cuando se trata de descripciones de paisajes o de las actividades propias del oficio de las protagonistas, que destacan literariamente sobre un estilo general más tendente a la eficacia narrativa que a la floritura y no digamos ya, la brillantez. Lo que no me ha gustado (o mucho menos) de esta novela: * Que el estilo, precisamente, tienda más hacia la eficacia que a buscar una mayor calidad literaria -pese a que, ya digo que de vez en cuando esa posibilidad se vislumbra y resulta una verdadera pena que su autora no ahonde en ese sentido (cierto es que ésta es su primera novela, así que démosle algo más de tiempo para desarrollarse como escritora). * Las oportunas elipsis que hace de determinados episodios de violencia. Es decir, ciertos episodios, según quienes sean la víctima y el agresor y la naturaleza de esa agresión nos las cuenta con más detenimientos que otros momentos, más sangrientos, por los que pasa con discrección y hasta asepsia. * En general, el maniqueísmo que denota toda la obra y que la convierte, en cierto modo, en una "novela de tesis". Entiénd aseme: nadie (y yo tampoco, claro) siente simpatía por los acosadores sexuales, los violadores y los agresores de ningún tipo. Y el trasfondo general de la novela me parecede perlas: unas mujeres que se empoderan a través del ejercicio de un oficio tradicionalmente masculino y se enfrentan a los hombres que las causan algún mal -aunque not all men, como se encarga la propia novela de dejarnos clarinete- ; pero claro, eso es una cosa y otra es converetir a las protagonistas en adalides del empoderamiento femenino, sin tener en cuenta según qué comportamientos... Tampoco consideramos a Ed Gein o Jeffrey Dahmer (o Hannibal Lecter, por no salirnos del terreno de la ficción) como modelos de una actitud adecuada para sobreponerse a los problemas de salud mental... y, de nuevo, hasta aquí puedo contar.  Sí, ya sé que habrá quien, dada mi condición de señoro heteropatriarcal (y cada vez más viejuno, me temo), cuestione mi opinión sobre este tema o incluso que yo tenga derecho a tener alguna. Pues bien, he de decir que, a pesar de mi condición de señoro, etc. no sólo no tengo ningún problema con las reivindicaciones feministas, multirraciales y LGTBIQA+ friendly de que hace gala esta novela (casi un festival de esa palabra que empieza por W- y que tanto pone de los nervios a nuestros queridos Albertolmos, Sotivars y a buena parte de los influencers huidos a Andorra para pagar menos impuestos), sino que me parece incluso de perlas para contrarrestar un poco la sobredosis de facherío a la que estamos sometidos, en los últimos tiempos. Ahora bien, si se hace, que se haga con un poco de rigor y criterio, y no montando una peli, no ya de buenos y malos, sino de que el fin justifica todos los medios. Porque, mes chérs amis, yo tampoco es que sea muy remilgado -de hecho, ya digo que me hubiera gustado más detallismo en determinadas escenas que podemos denominar, sin duda alguna, como escabrosas-, pero lo que no se puede hacer, insisto, es ocultar ciertos hechos mientras se resaltan otros. El maniqueísmo, insisto de nuevo, no funciona como fórmula narrativa. A no ser que se trate de El Señor de los Anillos, obviamente, que no es el caso. (*) No sé hasta qué punto he superado este escollo o en la reseña se deja entrever, quizá demasiado, por dónde van los tiros en esta novela (metafóricos, se entiende, que aquí tiros no hay... Sólo faltaba eso). Mis disculpas si es así.

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Hoy en ULAD: Yasunari Kawabata: Dientes de león

Yasunari Kawabata: Dientes de león

Idioma original: japonés Título original: たんぽぽ (Tanpopo) Año de publicación: 1972 Traducción: Tana Oshima Valoración: Recomendable Tengo que confesar que he tenido que leer reseñas anteriores del señor Kawabata para, una vez terminado el libro, intentar situarlo un poco, hasta ahí ha llegado mi perplejidad ante esta obra póstuma e inacabada del primer Nobel japonés. Y ni aún así ha terminado de quedarme demasiado claro. Leo una y otra vez que Kawabata es algo así como el paradigma de lo que entendemos por escritor japonés, exquisito en los detalles, creador de atmósferas sutiles, etc. y hay algo o bastante de todo esto, es verdad. También veo que es un autor versátil, que cuenta historias con estilo y temáticas diferentes. Entonces me sorprende algo menos que, ya nonagenario, hubiese acometido un relato que tiene menos de novela que de narración dialogada. Empezamos en ese tiempo que de forma algo pedante llamamos in media res, es decir, con la historia ya a medio desarrollar, en la que la joven Ineko acaba de ser ingresada en un hospital psiquiátrico. La madre, junto con Kuno, el novio de la chica, le han internado allí porque padece una especie de prosopagnosia que se define como ceguera de cuerpo, una rara afección por la que Ineko, en momentos especiales, deja de ver determinados objetos, y muy en concreto pierde de vista el cuerpo de la persona amada. Madre y novio se van alejando del hospital hablando largamente sobre la enferma y, como se ha hecho tarde, terminan pasando la noche en un hostal cutre con la dudosa perspectiva de volver al día siguiente a visitar a Ineko. El libro entero es el diálogo entre los dos personajes, siempre pivotando en torno a la joven. La madre tiene asumido que hay un problema real de salud mental, mientras Kuno está convencido de que es algo psicológico que él sería capaz de ayudarle a superar, seguro de que el poder del amor es capaz de revertir el trastorno. Pero tampoco está claro dónde está la frontera de la locura, porque en ocasiones irrumpen en el relato pequeñas pero llamativas imágenes que ponen en cuestión los límites de la realidad y las posibles distorsiones en su percepción. Quizá lo mental interactúa con lo físico en una medida en que tanto al lector como a los personajes les resulta inalcanzable. La sutileza que se le supone a Kawabata efectivamente se manifiesta al sembrar la narración con elementos inciertos o de interpretación ambigua, entre otros las misteriosas campanadas que lo mismo evocan a Ineko en su reclusión que rememoran las miles de campanas que se requisaron para contribuir a la fabricación de armas en la II Guerra mundial. Época que también tiene su protagonismo al incorporar el recuerdo del padre de la enferma, derrotado, perdido en las montañas, entusiasmado con su hija y protagonista de una tragedia que ha dejado una huella cuya profundidad se desconoce. El amor, la locura y la tragedia llenan el largo diálogo entre la madre y el novio, donde se cuelan recuerdos dudosos y no revelados, porque la decisión de ingresar a Ineko hace inevitable profundizar en el pasado, en los detalles y en la naturaleza real de los sentimientos.  El relato adquiere un tono oscuro, como la noche que cae poco a poco sobre los personajes, repleto de elementos visuales que completan una escenografía inquietante, los dientes de león que florecen en una época que no corresponde a su naturaleza, el mar que se confunde con el horizonte, los comentarios incómodos sobre la intimidad de la pareja, la tensión en el hostal desvencijado, todo ello impregnado de la extraña contención que seguramente tiene que ver con la tradición y los valores culturales que Kawabata expresa con intensidad y delicadeza, que pueden resultar desconcertantes, pero, qué duda cabe, también atrayentes.Otras obras de Yasunari Kawabata reseñadas en ULAD: La casa de las bellas durmientes, Lo bello y lo triste, La bailarina de Izu, Shinyu

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Hoy en ULAD: Antonio Monegal: La sombra del padre

Antonio Monegal: La sombra del padre

 Idioma original: español Año de publicación: 2026 Valoración: recomendable La premisa de este libro es el hallazgo por parte del autor de una caja de madera perteneciente a su padre en la que encuentra fotografías, cartas, postales, poemas y recortes antiguos. Dado que el padre falleció cuando Antonio Monegal tenía ocho años los recuerdos que atesora de su progenitor son muy vagos e imprecisos y, por ello, emprende una reconstrucción casi detectivesca de la vida de su padre a través de los indicios que encuentra en la caja. Monegal es consciente de que la historia que le puedan contar los documentos encontrados es fragmentaria e incompleta, porque también desconoce porque su padre decidió guardar esos objetos y no otros, pero aún así decide emprender la tarea de reelaborar su historia: "La caja me da pistas. Intento reconstruir una secuencia. No todos los datos son relevantes. De hecho la irrelevancia domina en lo que desentierro, si por relevancia entendemos aquello que da sentido al recorrido de una vida. La mayor parte de la existencia de la gente corriente está hecha de fragmentos deslavazados y, con suerte, algunos destellos de plenitud".  Para intentar completar el sentido de los fragmentos que va encontrando, Monegal tendrá que recurrir a archivos y registros oficiales, puesto que, como reconoce, hasta ahora no había sentido la necesidad de reescribir la historia de su padre, ya que convivió muy poco con él, y ahora es demasiado tarde para preguntar a los que le conocieron en algún momento de su vida, porque la mayoría han muerto. La vida del padre de Monegal dista mucho de ser la historia de un hombre corriente. A pesar de las innumerables lagunas que encuentra en su investigación sabemos que fue recluta en Marruecos, que escribió poemas y conoció a Lorca al inicio de la guerra civil, que durante la guerra  fue monitor de gimnasia y natación en Portugal y que posteriormente emigró a Canarias y se dedicó a exportar plátanos. Finalmente recala en Barcelona donde contrae matrimonio y decide sentar la cabeza. A pesar de los huecos que va encontrando, el autor va dibujando un retrato de su padre, aunque como reconoce no sale muy favorecido y quizás algunos detalles merecerían quedar en la oscuridad. El escritor catalán sintió, en algún momento, la tentación de ficcionalizar la vida de su padre y convertirla en un relato más novelesco, pero pensaba que estaría pisando terreno resbaladizo y todo sonaría demasiado falso. Al fin y al cabo, como reconoce más adelante: "El no fue nadie. No se distinguió en ninguna gesta memorable. No ha pasado a anales ni leyendas. Su historia es la de la gente corriente, los destinados al olvido".  Monegal, ensayista y catedrático de Literatura, compone un relato contenido, pausado y sincero. Efectivamente, este relato no es ni una crónica histórica, ni una biografía. El autor construye una especie de ensayo novelado sobre el tiempo y las relaciones familiares, sobre el recuerdo y la nostalgia, sobre la paternidad como forma de conocerse y completarse: "No quiero irme de mi tiempo sin explorar aquellos detalles olvidados, lo que dejé que se esfumara, lo que esquivé y desatendí por culpa del agobio de vivir". No intenta convertir a su padre en un ser modélico, ni en un memorable personaje de ficción. A lo sumo pretende, ya que no tuvo una figura paterna como referente que sus hijos le conozcan mejor que él a su padre "y no tengan la misma tentación que yo de fisgar en el pasado de su progenitor".

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Hoy en ULAD: Benjamin Markovits: Días de juego

Benjamin Markovits: Días de juego

Idioma original: inglésTítulo original: Playing DaysAño de publicación: 2010Traducción: Juan NadaliniValoración: entre recomendable y bastante recomendable En la reseña de El resto de nuestras vidas, mi compañero Koldo mencionaba "la alargada sombra de Stoner. Hay algo de eso también en este segundo libro que leo de Markovits (eso sí, no tiene la profusión de los personajes universitarios, por lo que la carga/pretenciosidad intelectual se reduce al mínimo). Esta es una novela prácticamente autobiográfica. Por lo que sé, el autor jugó básquet en la segunda división de Alemania con un talento que luego explotaría en la NBA (no lo menciona por su nombre, pero si uno rastrea sus descripciones es fácil de llegar a él), con la idea de ascender al equipo a la primera división. Aparte del talento, que se llama Karl, se encuentra con un grupo conformado de universitarios que ven al deporte como un hobby, de veinteañeros tardíos que se han dado cuenta que ser el mejor en su infancia no significaba nada a la hora de la verdad y de  un treintañero desesperado por tener otra oportunidad en las grandes ligas; todo esto aderezado por un entrenador dispuesto a explotar el talento de Karl para conseguir un puesto de trabajo mucho mejor (un personaje que va de más a menos; al principio tiene presencia y luego funciona más como una comparsa del equipo, aunque quizás esa era la intención de Markovits, el desligamiento de la figura paternal a lo largo del libro y de la madurez del narrador a la hora de asumir los golpes de la vida). Cuando no está jugando al básquet (de las pocas veces que el relato de un partido de básquet, y acá se incluyen varios, se hace apasionante. Se nota que el autor sabe de lo que habla y ha reflexionado mucho sobre el deporte), el narrador, que se llama Ben (y que no tiene ningún problema en incluir el apellido real), pasea por Landshut, el pueblito, interactuando de vez en cuando con sus compañeros de equipo, recorriendo la naturaleza de los campos alemanes y espiando por la ventana a su vecina del complejo de departamentos. También discurre en ciertas reflexiones sobre la identidad del judío (pero no es un tema central, solo un poco de color sobre el personaje) y, lo más importante, la definición del talento, o lo que se considera talento según la zona en la que se encuentra uno. ¿Es lo mismo un talento local de una ciudad de cincuenta mil a un talento que se ha probado contra todos los equipos de un país de trescientos millones? ¿Cómo la psicología del que se cree talentoso se ve afectada cuando se da cuenta que siempre hay otro mejor? En esta novela el paisaje y la relación con los alemanes cobra un poco más de protagonismo, no tanto como para intentar un retrato de ese pueblo, pero sí entreviendo, mientras el narrador establece una dinámica azarosa o conveniente con los demás (en un momento se queja de que es el único que pregunta y de que nadie se interesa por él), que el tormento o el conflicto pasa por el interior de Ben. Acá es donde se puede notar la sombra de Stoner, en el sentido de cierta resignación hacia lo que sucede, o un dejarse llevar por los hechos, como si no pudiera controlarlos y se comportara de forma apacible por ello. Hay, por supuesto, celos hacia el otro, no solo en cuanto a lo deportivo, sino también sexual (una de las tramas, que resulta algo floja por su indecisión de resolver la historia, es la del narrador siendo una especie de novio con la vecina del departamento, que resulta ser la ex del segundo mejor jugador del equipo y con una hija de tres años). Uno de los posibles títulos del libro podría ser Una felicidad menor, en cuanto que las pequeñas victorias no cambian nada, y los golpes de realidad son piñas esperables, que no terminan destruyendo expectativas infundadas. Mientras leía la novela revisé varias veces la foto de solapa del autor. No es algo que suela hacer, pero la mirada afable e incluso tierna corresponde totalmente a mi imaginación sobre el narrador, alguien que aprendió rápido lo que ocurría en ese ámbito deportivo, la asimilación de sus limitaciones respecto a Karl (además de que otros le repiten constantemente que puede funcionar para segunda división y no mucho más) y el efectivo análisis de su talento a la luz de ojos ajenos. Es por ello que, sacando alguna trama como la mencionada, en la que parece más un intento de forzar algún tipo de conflicto emocional, y ciertas reflexiones que no corresponden a la unidad de la novela, deja una sensación de nostalgia y tristeza por lo perdido y encontrado, un espejo en donde uno se identifica con su niñez, con las ilusiones y sueños, y comprueba qué tan lejos ha podido (o querido) llegar respecto a la voluntad de ese anhelo personal e inimitable. Más de Benjamin Markovits: El resto de nuestras vidas

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Hoy en ULAD: Jon Fosse: Soy el viento

Jon Fosse: Soy el viento

Idioma original: nynorsk (neonoruego) Título original: eg er vinden Traducción: Carolina Moreno Tena en catalán para Comanegra y Cristina Gómez Baggethun en castellano para De Conatus Año de publicación: 2008 Valoración: recomendable A pesar de ser un gran aficionado a la literatura nórdica, me sigue sorprendiendo que aún haya autores de gran calidad que pasen desapercibidos en nuestros lares. Por eso el otorgamiento del Nobel a Jon Fosse me brindó la oportunidad perfecta para descubrir este autor de gran talla artística que muestra una gran habilidad para tratar, con pocos personajes, el comportamiento humano y, especialmente, sus debilidades, carencias emocionales y temores vitales. En esta pieza teatral de corta extensión, el autor sitúa a dos únicos personajes y lo hace sin detallar su nombre, ampliando así una indefinición que le permite extender el tema tratado a cualquier persona; así, en este texto, Fosse versa sobre la individualidad, el aislamiento y el sentido de la vida y lo hace a través de cortos diálogos entre ambas personas (que podríamos también interpretar como una sola con dos voces internas, algo muy característico del autor) donde una de las cuales admite que no puede estar sola porque «si estoy solo sólo me veo a mí, sólo me oigo a mí, y no me gusta ni verme ni oírme». Tal es así que, de manera simbólica, el personaje que carga con el peso de la acción afirma que cuando está solo se convierte en una piedra que va cayendo, mar adentro hasta el fondo; un peso, inmóvil en silencio, sin nada más. De esta manera, en una especie de alegoría entre el mar y la soledad de un viaje en barca, el autor busca hacer un retrato del viaje con la vida y la búsqueda de un lugar donde descansar y encontrarse a sí mismo, lejos de la multitud del ruido, la muchedumbre y el gentío. Así en la búsqueda de la paz interior, el autor indaga sobre la soledad, la pausa y el momento vital buscando un lugar donde encontrar reposo. A nivel estilístico, el autor emplea frases muy cortas en las que intercala muchos silencios, dejando espacio así a la reflexión y a la pausa y juega un poco con la confusión, al despiste, al equívoco propio de la ambigüedad planteada y que plasma al aseverar de manera clara y rotunda que «de alguna manera todo debe ser imaginado (…) aunque ocurra realmente es como si fuera imaginado, como si existiera también en otro lugar, como si todo pasara en las palabras». Este componente onírico, a caballo entre realidad e imaginación es un rasgo muy propio del autor que utiliza este recurso para extender diálogos y situaciones más allá de la cabeza de los propios personajes, ampliando así sus dudas, temores e inseguridades. De la misma manera que sucede con sus novelas, en esta obra teatral se puede constatar que, para Fosse, los personajes y lo que les sucede en su interior son la pieza angular sobre la que se sostiene cualquier narración; unos personajes reflexivos, alicaídos y desolados, donde la fatalidad parece ya escrita e es inexorable, donde el destino está ya marcado y fijado, donde, a pesar de las pequeñas variaciones o alteraciones que se puedan producir en el camino ya trazado estas no les apartan, sino que simplemente son pequeños recodos en los cuales tomar un poco de aire y constatar que, a pesar de que siempre parece haber una salida, esta no deja de ser sino una pausa, un breve respiro en el que tomar el aliento necesario para constatar, nuevamente, que no hay vuelta atrás posible, que, a pesar de los intentos de eludir el futuro, a pesar de los intentos de comprender su existencia, siguen sin ser conscientes de que es ella misma la que guía y marca cada uno de sus pasos hasta dirigirlos ineudiblemente hacia el negro abismo. También de Jon Fosse en ULAD: El otro nombre (Septología I), Ales junto a la hoguera, Mañana y tarde, Vaim, Hermana, Blancura

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Hoy en ULAD: ULAD en el FLAZ (Festival Literario de Allariz)

ULAD en el FLAZ (Festival Literario de Allariz)

La entrada de hoy no es la reseña de ningún libro. La ocasión lo merece. Y es que hemos tenido el honor de participar, los días 3 y 4 de julio, en el V Festival Literario de Allariz (Ourense), organizado por la editorial Aira y por la librería Aira das Letras. Además, hemos compartido cartel, ni más ni menos, que con Lucía Solla Sobral (sí, la autora de Comerás flores), Juan Gómez Bárcena, José Ignacio Carnero, Antía Yáñez y Tensi Gesteira (por favor, seguid su cuenta de IG: https://www.instagram.com/lecturafilia). ¡Cómo para no contarlo, no! El caso es que allí nos presentamos el viernes 3 de julio, con tanto miedo como vergüenza, para una primera “toma de contacto” con el resto de invitadas al Festival. Ese previo resultó todo un acierto por parte de la organización pues las charlas informales alrededor de una mesa permiten romper el hielo y, de una forma u otra, orientar las conversaciones que tendrán lugar durante el fin de semana ya sobre el escenario de la Casa de Cultura de Allariz. Abrió el Festival, la misma tarde del viernes, la conversación entre Juan Gómez Bárcena y José Ignacio Carnero. Bajo el título “El peso de la verdad en la ficción (y viceversa)”, los autores charlaron sobre ficción y realidad, responsabilidad del autor para con la verdad, autoficción, pudor, etc. Cada uno con su estilo, más académico el de Juan y más “campechano” el de Jose, también dejaron interesantes pistas sobre sus procesos de escritura y el trabajo previo de documentación. Ya en la mañana del sábado tuvo lugar la más concurrida de las charlas, que llevaba por título “Nuevas perspectivas, inquietudes y temas en la literatura actual” y en la que Lucía Solla Sobral y Antía Yáñez hablaron de la necesidad de tratar temas arrinconados (o directamente ninguneados) en el canon literario, de la responsabilidad del autor para con el lector, del mensaje que debe o no contener el texto, de la recepción que esas nuevas miradas y/o nuevos temas tienen a nivel de crítica y público, etc. De verdad, charla necesaria y estimulante. El sábado por la tarde llegó nuestro turno. Intentando dejar a un lado el miedo escénico y tratando de superar el síndrome del impostor, charlamos con Tensi Gesteira acerca de “La difusión de la literatura en redes: Nuevos lenguajes y nuevos objetivos”, expusimos brevemente el origen y funcionamiento de nuestro blog y debatimos sobre la función que ha de tener la crítica “amateur” frente a la profesional, sobre la necesaria independencia y libertad que han de mantener los blogs / webs / cuentas de reseñas literarias, sobre la posibilidades, ventajas e inconvenientes, aciertos y errores de los nuevos métodos de prescripción y difusión de la literatura y también, ¿por qué no?, aprovechamos para criticar un poquito a influencers profesionales. Algo de carnaza había que ofrecer. Cerró el festival una mesa redonda en la que los seis invitados departimos acerca de “Escribir para uno, escribir para los demás”. Escribir, ese oficio solitario e interminable que, paradójicamente, siempre se dirige a un destinatario, sea este quien sea. Charla a seis (siete con César, moderador / conductor de todas las charlas) que se desvió hacia otros territorios como la pulsión de la escritura, la habitual precariedad del autor, la necesidad de reconocimiento (y no solo económico, pero también económico) de los creadores, el papel de la administración en ese reconocimiento, etc. Para gente como nosotros, que solo toca estos temas de forma tangencial y que, salvo honrosas excepciones, no tenemos formación específica en la materia, resulta un placer poder escuchar a gente tan preparada y resulta casi sorprendente haber podido estar ahí. Y así, hemos de agradecer a Carlos Airas y César Lorenzo (“jefazo” y editor de Aira, respectivamente) la invitación al FLAZ 2026, su amabilidad, su empatía y el trabajo que hacen en favor de la lengua y literatura en galego. En tiempos de IA, globalización y uniformidad, es esperanzador comprobar que aún existen espacios que buscan defender lo local y crear comunidad. Ya lo decía aquel: aquello de hablar de tu aldea para hablar del mundo, ¿no? No quiero cerrar esta entrada sin agradecer las charlas y la compañía del resto de invitados: Tensi (sigamos haciendo cosas “inútiles e improductivas”), Lucía (santa paciencia la tuya), Antía (creo que quedo algún pimiento de Padrón por ahí), Juan (¡no, si todavía gana España el Mundial!) y Jose (te fuiste sin cantar nada de Juan Pardo. Si un día grabamos algo para el canal de Youtube, te tocará cantar). Ha sido un fin de semana genial, de verdad.  P.S.: Si no conocéis Allariz, acercaos por allí. El pueblo y su gente merecen mucho la pena.

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Hoy en ULAD: Cristina Fernández Cubas: Lo que no se ve

Cristina Fernández Cubas: Lo que no se ve

Idioma original: Español  Año de publicación: 2025Valoración: Está bien   Lo que no se ve agrupa seis relatos de Cristina Fernández Cubas, escritora española que suele bordear el género fantástico y es conocida por sus ficciones sutilmente inquietantes.  Aunque, a mi juicio, ninguna de las piezas de esta colección está a la altura de las obras maestras de la autora, todas son cuanto menos solventes, e incluso algunas ostentan una chispa. Las hermana su querencia por lo desasosegante, y, exceptuando a "¿De qué se habla en las fiestas?" y "La hermana china", la insinuación de que algo sobrenatural puede estar sucediendo. Analicemos uno a uno los relatos de Lo que no se ve: En "Tú Joan, yo Bette", dos hermanas ya ancianas juegan a representar su película favorita de juventud, atrayendo en el proceso a una presencia ominosa. Historia que tiene una escena espeluznante y un desenlace perturbador. A mi juicio, de lo mejor del conjunto. En "¿De qué se habla en las fiestas?", una chica descubre su propia crueldad al analizar su relación con su compañera del instituto. Historia funcional, aunque demasiado simple. En "Momonio", una mujer que evoca sus años universitarios recuerda cómo su grupo de amigos se desmanteló cuando intentaron invocar al Otro durante una borrachera. Quizá la historia que más me ha decepcionado del volumen, aunque admito que es porque pensaba que iba en una dirección y al final se acaba decantando por otra igual de válida pero que se antoja menos cruda y más formulaica. En "La hermana china", dos hermanas con nombres de plantas ejercen la una sobre la otra un efecto harto curioso. Historia funcional, aunque demasiado simple. En "Il Buco", un hombre maduro que ha viajado a una ciudad italiana para acompañar a su joven pareja accede a la zona en obras de una catedral, donde recibirá un mandato con consecuencias imprevistas. Historia que tiene una imaginería sugerente y unas implicaciones interesantes para el protagonista. A mi juicio, de lo mejor del conjunto. En "Candela Viva", una mujer descubre, tras estar a punto de ser atropellada, que en su barrio hay un establecimiento muy singular. Efectivo, sobre todo en la creación de su atmósfera, aunque demasiado simple y lineal para mi gusto. Resumiendo: los seis relatos de Lo que no se ve están bien. Sin embargo, palidecen al enfrentarlos a otros de Fernández Cubas, y sólo dos de ellos me parecen verdaderamente destacables. También de Cristina Fernández Cubas en ULAD: Aquí

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Hoy en ULAD: Jose Serralvo: La sombra de los perros románticos

Jose Serralvo: La sombra de los perros románticos

Idioma original: español Año de publicación: 2026 Valoración: casi imprescindible Veintitrés años sin Bolaño, y, quizás por incomparecencia de mejores candidatos alternativos, el mito en torno a su persona se mantiene y ejerce un magnetismo pulsátil, recurrente, de hecho su influencia sobre una generación de autores en cualquier idioma constituye una sombra (que tanto puede proteger como amenazar) que condiciona, igual a partes iguales, tanto a la crítica como a la producción literaria, afanadas en acercarse al nivel de sus obras magnas. Esquilmados sus cajones, sus discos duros, indagada su correspondencia, sus entrevistas, su siempre percibido como escaso material audiovisual, sometida su obra a sesudos análisis que exaltan la telaraña urdida en sus tramas, puesta en contexto y pergeñadas todas las teorías sobre su condición literaria, resulta que uno podría decir que estaba casi todo, pero Jose Serralvo marca un hito aquí. Obviamente, desde una admiración rendida y con las dosis (advertidas y necesarias) de especulación, de aderezo narrativo para aportarle continuidad y cierto grado de suspense, una biografía de Bolaño podría componerse picoteando aquí y allá, porque a poco que uno se haya interesado, conoce los grandes hitos: la estancia en México, una corta y osada aventura en el Chile de Pinochet, la llegada a Barcelona, los trabajos precarios, el descubrimiento, su temprana muerte. Serralvo se ha alejado de esa estructura wikipédica y ha aportado oficio. El oficio de un escritor que está, por supuesto, contaminado por el talante irónico y gamberro del chileno que nunca llevaba la contraria, pero que carga con la responsabilidad con todo el gusto, y aporta estilo propio, notas a pie de página que aportan (y ya puestos, que recuerdan a otro genio desaparecido), ciertas subtramas, fruto de conjeturas, y ciertas, no, acerca de su familia, sus orígenes, amigos - algunos -, enemigos - no tantos - parejas - bastantes - y, sobre todo, de ese colectivo literario que pululó a su alrededor, del cual era miembro, gurú, ideólogo y abeja reina. Porque, por encima de todo y arrinconando con contundencia y habilidad los bulos - lo de la heroína, sobre todo - leer una biografía como esta de Bolaño - supongo que habrá otras - activa el gatillo no solo de leer su obra íntegra y analizar su progresión, también el de acudir a sus influencias a ver de cómo funciona lo de causa y consecuencia, a ver si su espíritu bromista incluía cierta exageración en el ensalzamiento de sus dioses literarios, si estuvo al día hasta el último momento. Paro. Parafrasearía algunas de sus expresiones, incluso alguna de la que, a base de atiborrarme de todo lo relacionado con él, ya he perdido el rastro del origen. Aquí las hipérboles están justificadas. Al margen del interés que puedas tener sobre Roberto Bolaño, aquí se ha conseguido, y no solo por un lógico mimetismo, desarrollar un artefacto literario con voz y personalidad propia. Muchísimas reseñas de Bolaño en ULAD: aquí

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