—Frunce el ceño. Por qué nadie iría con una oca agarrada del pescuezo... La única respuesta que se le ocurre es que fuese una ofrenda o simplemente una locura, esos animales son un dolor de cabeza.— Bien, mandaré buscar dicha oca. Dime ahora quién eres o qué haces aquí.
No, pero si he soltado una oca. En toda honestidad, se ha soltado ella porque la tenía agarrada del cuello cuando llegué y como ve [Muestra ambas manos] No hay oca.