——Los niños de mi barrio solían ir a las apuestas callejeras en esos sitios, nunca pude ir, aunque hubiese perdido lo poco que tenía——. Bromea con una divertida sonrisa dando otra calada mientras escucha la pregunta. ——¿Cuándo se puede ir? ¿Cuándo puedes ir?——.
Hm? —Eleva la vista hacia el otro al decir aquel comentario, mano diestra acariciaba su brazo y apretaba ligeramente con sus yemas ese músculo marcado.— Por cierto ¿Cuándo te apetece ir?