No sé a dónde voy, pero voy con dolor de rodilla, ojeras y café.
He aprendido a estar sola porque era más fácil que admitir cuánto me dolía sentirme invisible incluso cuando estaba rodeada de personas.
Yo siendo amable: la gente se confunde y piensa que estoy ligando. Yo siendo borde, sarcastica y sudándomela todo porque estoy harta: a la gente, por alguna extraña razón, le gusta eso e intenta ligar contigo igualmente. Al final voy a ir repartiendo navajazos, a ver si así...
Si el mundo fuera justo, yo tendría un dragón y vosotros dos tiros en la rodilla.
Y recordad, queridos: amenazar a tu ex con suicidarte si no vuelve contigo también es manipulación y maltrato.
No sé hacerme la loca para no sentir, ni amar con locura sin ser una majara.
El pensamiento intrusivo de echarme un chorrito de Baileys al café cada mañana no me lo quita nadie. La línea entre el café mañanero para espabilarme y el alcoholismo es muy fina.
Buenos días y buenas melodías. El café hasta arriba y las ojeras hasta el suelo.
He visto más veces las tetas de ciertas desconocidas en Bluesky que las mías.
Por la maldición de un escritor que no acepta sus aciertos, pero acierta por error.
Porque así son las Redes Sociales, un eterno pozo de consumo donde ocultas todos tus fantasmas para no ser uno.
Pero si la vida es póker, destroza este comodín, que puedo vivir sin Joker pero no sin Harley Quinn.
¿Y si hacemos como que mañana es viernes y que el capitalismo se apañe?
Perdí el sentido del amor pero no del sarcasmo, así que te haré el humor hasta llegar al orgasmo.
De qué sirve ser Van Gogh y tener su pincelada si nunca apreciaste el sol tras una noche estrellada.
Aquí es más fácil cambiar a personas de corazón porque cambiar a las malas se llama revolución.
Y a estas alturas cómo no ser una lunática viendo al amor muriendo y viviendo como una romántica.