Anarietta le miró con los ojos tristes de un cervatillo, desinflada como le hubieran sacado la vida de dentro, y luego se recompuso, como buena Duquesa. ¿No era aquello con lo que había soñado tanto tiempo? ¿Enfrentarse a él y vengarse un poco? Pero ahora que lo tenía delante, las ansias de +
« Solo... no quiero que pienses que lo nuestro fue falso.—